Jugando a los vicios de papá y mamá


Publicado el 11/Septiembre/2005 | 00:00

Sí es un juego, pero peligroso. El niño escoge dos muñecos, uno para que le represente a él y el otro, a su amigo que va de visita a su casa para ver una película y comer algo.
Entra en escena el investigador, pero a jugar: él interpreta el papel de este "superpana" y le pide al pequeño que compre algo en la tienda. Acuérdese que en el juego, ellos manejan dos muñecos. Acuden al supermercado donde pueden comprar todo lo que quieran hasta llenar el coche.
Y el juego sigue... pero en realidad se trata de una investigación de un grupo de expertos del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la U. de Dartmouth (New Hampshire, EEUU), que decidió "jugar" con niños de entre 2 y 6 años.
Eso de ir de compras, para los de 2 años fue más simple, porque solo se les pidió que escogieran un muñeco. Los de 6 llegaron con dos "compradores". La tienda de "mentiritas", además de fruta, cereales, postres, caramelos o medicinas, ofrecía seis paquetes de cigarrillos y nueve bebidas alcohólicas. Ellos compraron, como media, 17 de los 73 productos. El 28,3% (34 niños) adquirió cigarrillos, el 61,7%, alcohol y el 24,1%, las dos cosas.
La investigación sigue teniendo razón: "Los juegos infantiles son los actos más serios de los niños; con ellos disfrutan a la vez que aprenden, crecen y se dan a conocer". El nuevo estudio, sin duda, revela la gran influencia que tiene sobre los más chiquitos de la casa el consumo paterno de tabaco o alcohol o ver películas de adultos.
Otra cosa: la investigación de la población infantil de estas edades plantea una serie de problemas ya que, como norma general, los "peques" no saben leer ni escribir y tienen pocas habilidades lingüísticas. Por este motivo, los especialistas estadounidenses desarrollaron un modelo de análisis basado en un juego infantil y en una serie de entrevistas realizadas a los padres.

¿Qué pasa si ellos fuman, toman y veo las películas solo para grandes?

Estos datos, que están publicados en los Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, muestran que los pequeños son los más propensos a comprar tabaco o alcohol si sus padres fuman o beben (al menos una vez al mes), respectivamente. Haber visto películas de adultos o de mayores de 13 años también resulta determinante a la hora de añadir cerveza o vino al carro de la compra.
"Las expectativas positivas, desarrolladas en los primeros años de vida, unidas al uso de tabaco y alcohol con los acontecimientos sociales, podrían promover individuos fumadores o bebedores cuando sean mayores", subrayan los especialistas.
Los expertos finalizan su argumentación destacando la necesidad de programas preventivos dirigidos a los más pequeños y a sus progenitores. (LM-Internet)


TABAQUISMO PASIVO

"Aspiran el humo"

La conclusión es: "Los chicos están expuestos al humo desde muy chiquitos". Según una encuesta que se realizó en los EEUU, más de la mitad de los padres permite que se fume en casa y no hacen esfuerzos para que sus hijos no respiren el humo del cigarrillo en los lugares públicos.
Asma, bronquitis, infecciones de oído y ciertos tumores en la edad adulta... son los males que se han registrado entre los menores expuestos al tabaco.
Alrededor de 1 700 padres y cuidadores neoyorquinos respondieron al cuestionario acerca de los hábitos "fumadores" de la familia y de las normas impuestas en el hogar.
Los resultados, publicados en la revista Families, Systems & Health, son tristes: el 40% de los papás, en los hogares y más del 50%, en los carros, exponen a los niños al humo ambiental, cancerígeno de clase A (sustancia que se relaciona con ciertos tumores).
Son pocos los hogares en los que se prohibe fumar. Los progenitores con menor nivel educativo, menos ingresos o fumadores son los que más permiten el consumo en la casa y, simplemente, imponen normas que delimitan cuándo y dónde fumar (por ejemplo, no hacerlo en presencia de los niños o solo en ciertas habitaciones). Lo que no hacen sino "aumentar la posibilidad de que los niños estén expuestos al humo".
El panorama fue similar en los sitios públicos: el 30% de los padres decide sentarse en la zona de no fumadores de trenes y restaurantes y el 40% pide a otros que no fumen en presencia de sus hijos. El balance es que, independientemente del grupo étnico o el estatus de fumador del padre, pocas familias intentan proteger a los niños del humo ambiental.
La investigación sugiere iniciativas de salud pública para disminuir el tabaquismo pasivo. (elmundo.es-LM)




Los chicos se sientan muy mal en clases

Lo mejor para la salud lumbar es tener hábitos de actividad física

Inclinados sobre el pupitre, sin apoyar la espalda en el respaldo es la postura más común o incorrecta que adoptan los estudiantes. Aunque por sí solas no ocasionan enfermedades de columna, las poses inadecuadas pueden crear "vicios" posturales cuando lleguen a ser adultos.
Fisioterapia publicó un estudio: de 68 chicos, de 8 a 12 años, 56% mantiene la columna vertebral flexionada, 44% no apoya los codos sobre la mesa, 47% no usa el respaldar de la silla y la mitad no tiene los pies en el suelo, solo apoya las puntas y dobla hacia atrás las rodillas.
Si la posición flexionada se prolonga, los ligamentos posteriores de la espalda se sobrecargan, causando dolor. "No se perjudican los discos intervertebrales, pero la postura fatiga", explica la fisioterapeuta Ana María Martín. Si la espalda y el codo se apoyan, parte del peso se distribuye y baja el esfuerzo.
Según el especialista en cirugía de columna Fernández (elmundo.es), "no se ha demostrado que por sentarse mal sufra escoliosis (desviación de la columna u otros males)".
Algo más: adoptar una mala postura produce cansancio y falta de atención. Se puede evitar: si las mesas se disponen en forma de U, los alumnos de los costados tendrán que girarse para poder atender correctamente. Entonces lo adecuado es colocarlas de modo simétrico (frente al profesor) para que el niño no tenga que hacer torsión. Una cuestión de higiene postural que los maestros deben conocer.
¿Y las mochilas? Causan dolor de espalda o sobrecarga muscular, pero no hay evidencias de algo más grave como espondilolistesis (desplazamiento hacia delante de una vértebra) o escoliosis. (LM)


BUENA POSTURA Y MALETAS LIVIANAS

Mesa con repisa

La mesa sin cajoneras inferiores o repisa para asentar los pies es recomendable para que el niño pueda introducir por completo las piernas y las apoye bajo ella.


Silla según el tamaño

Se recomienda una silla regulable en altura (para irse ajustando al crecimiento del pequeño). Si queda alta, habría que colocar un taburete para que pueda apoyar los pies.

Inclinación ideal

Se aconseja que el asiento se incline ligeramente hacia abajo y que la inclinación del respaldo sea regulable.
Utilice un atril si va a leer.


En proporción al peso

Las mochilas deben pesar menos del 15% del peso del niño. Cárguelas sobre hombros y escoja las de tirantes acolchados, anchos y cortos (pegados a la espalda).

Lo pesado, al fondo

Distribuir el peso uniformemente en la mochila: lo más pesado va en la base. Con las mochilas con ruedas, el menor hace una torsión obligada para jalarla.


Ruedas poco útiles

Las mochilas con ruedas no son aconsejables ya que pesan dos kilos más que una normal. Además, los niños las llevan más tiempo colgadas al hombro para subir y bajar escaleras. (LM)

DESDE EL CONSULTORIO

Fobia escolar, evitando al colegio

No es raro que un adolescente o un niño pierda el interés de asistir a la escuela. Generalmente son períodos cortos y que no los afectan emocionalmente. Pero, cuando ocurre lo contrario, estamos frente a una fobia escolar, que tiene un pico de incidencia entre los 6 y 7 años y entre los 10 y 11.
El desinterés puede manifestarse con una mala libreta de calificaciones, pero también por otros síntomas.
Los más comunes son ansiedad y depresión, que en principio se expresan con dolores de barriga, de cabeza o en algún lugar que no pueden identificar. Por lo general, aparecen los domingos o los lunes por la mañana. En casos más serios, el alumno no hará sus deberes adecuadamente o pasará más tiempo con personas de su edad.
La evaluación pediátrica no revela anormalidades de tipo físico. No hay una escuela ‘perfecta’, por eso, los padres deben estar alertas sobre la actitud del niño y su estado de satisfacción en la escuela. Se debe evaluar al plantel, los factores familiares y las condiciones propias del chico, para diagnosticar la razón de la fobia al colegio.
En la institución hay que verificar que el ambiente sea limpio, seguro y estimulante para el aprendizaje. Si el número de alumnos por clase no es excesivo o demasiado largo el viaje en el transporte escolar.
Muchas actitudes que muestra el pequeño son aprendidas en su casa. Si los padres enseñan al niño con el ejemplo o las palabras que la escuela es superflua y los libros aburridos, tendrá poco interés en ir a clases. Por el contrario, cuando él ve en su casa que sus padres leen, aprecian los libros, hablan sobre los recuerdos de la época escolar, valorará más el aprendizaje y el esfuerzo y esta actitud será reconocida incluso por los profesores, quienes se interesarán más en enseñar al niño, creando un círculo de retroalimentación positiva.
También hay que considerar algún miedo real o imaginario del pequeño, al rechazo en una escuela nueva o a un profesor muy estricto; ansiedad por no fallar a las expectativas de los padres, etc.
Los niños con discapacidades de aprendizaje o de atención tendrán más riesgo de desarrollar fobia escolar. Se debe hablar con los maestros e involucrarlos en la evaluación de su situación.
En muchos de los casos de fobia escolar persistente y prolongada es necesario incluir, en el diagnóstico y en el tratamiento, a un psicólogo clínico con experiencia en el trato de niños y adolescentes. Se requiere que el pediatra considere otras condiciones físicas o psicológicas que presentan sintomatología parecida a la fobia escolar; entre estas: conductas oposicionales, abuso o maltrato, depresión, psicosis, separaciones en la familia y entre otras.
El objetivo del tratamiento es el de ayudar a los muchachos a sobreponerse a su ansiedad, regresar y participar dinámicamente en el aprendizaje escolar

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