Moscú. 03.01.93. Los presientes Boris Yeltsin y George Bush
firmaron hoy un 'tratado de la esperanza' que permitirá
desmantelar alrededor de 17.000 armas nucleares y crear un
mundo más seguro para sus descendientes.

'Es de una escala e importancia que sobrepasa todos los otros
tratados firmados en el campo del desarme', sostuvo Yeltsin
luego de la ceremonia que tuvo lugar en el Kremlin y, que la
televisión rusa transmitió en vivo y en directo.

'Para padres e hijos, esto significa un futuro mucho más
libre del miedo', agregó Bush que, con unas ojeras
pronunciadas trasuntaba el cansancio que lo embargaba después
de haber visitado Somalia y celebrar converaciones con Yeltsin
en la mañaba de hoy.

El nuevo Tratado de Reducción de Armas Estragégicas (START-II
por su sigla en inglés) prevé la eliminación de las dos
terceras partes de los misiles nucleares que están en poder de
Rusia y los Estados Unidos.

Tanto Bush como Yeltsin coincidieron en señalar que el pacto
servía para fortalecer la seguridad de sus países y
manifestaron su confianza de que sea ratificado a la brevedad
por el Congreso norteamericano y el parlamento ruso.

'En mi opinión, la ratificación se va a parar en sus propios
pies', dijo Bush, que luego de permanecer 24 horas en la
capital rusa, partió por vía aérea hacia París.

Durante las conversaciones previas a la ceremonia de rubrica
del START-II, los dos presidentes analizaron la situación en
la ex Yugoslavia, el endeudamiento de Rusia y temas de interés
bilateral, como los créditos para la adquisición de granos
estadounidenses por parte de Moscú, explicó el mandatario
ruso.

Yeltsin también se preocupó por ratificar a los
norteamericanos que va a continuar con sus reformas políticas
y económicas a pesar del alejamiento de su radicalizado primer
ministro interino Yegor Gaidar, el mes pasado.

Durante una conferencia de prensa conjunta que ofreció junto a
Bush tras la firma del tratado, Yeltsin aseguró que el nuevo
primer ministro Viktor Chernomirdin no va a cambiar de rumbo.

'En realidad, el gobierno no es nuevo', declaró Yeltsin.
'Su jefe favorece las reformas y va a seguir por el mismo
camino'.

Yeltsin también anunció que propuso un encuentro cumbre al
presidente electo estadounidense Bill Clinton para poco
después de su asunción, prevista para el 20 de enero, en un
tercer país.

Bush deseaba que el START-II quedara concluído como un triunfo
final de su administración antes de retirarse de la Casa
Blanca, por lo que los toques finales se finiquitaron en
negociaciones de último momento que se celebraron antes del
Año Nuevo.

Posibilitado por el derrumbe del comunismo en la Unión
Soviética, el tratado START-II empequeñece a los otros
acuerdos sobre desarme y transforma en un disparate los muchos
años de regateos que se sucedieron en las conversaciones sobre
control se arsenales en los años de la Guerra Fría.

'El alto grado de moralidad de este tratado se sostiene en el
hecho de que nos permitirá entregar a nuestros hijos, los
hijos del siglo XXI, un mundo más seguro', afirmó Yeltsin.

Agregó que en su carácter de comandante en jefe de las fuerzas
armadas, podía manifestar sin lugar a dudas de que el tratado
había fortalecido la seguridad de Rusia.

En respuesta a una pregunta, admitió que algunos legisladores
del parlamento ruso estaban contra el tratado, pero sostuvo
que también estaban contra todas las reformas que se vienen
instrumentando en el país.

'Afortunadamente no están en mayoría en el Soviet Supremo
(parlamento), la mayoría cree en la razón y el sentido común
y, por supuesto, creen en la significación de este tratado'.

Los dos mandatarios, deseosos de disfrutar de la gloria del
START-II, brindaron con champaña luego de estampar sus firmas
en el documento.

Bush, que 68 años y todavía se recupera de la derrota
electoral que le propinó Clinton en noviembre, quería culminar
su mandato al frente de la Casa Blanca con un acontecimiento
de carácter histórico.

Yeltsin, de 61, quiere enterrar el recuerdo de la humillación
a que lo sometió el Congreso de los Diputados del Pueblo, el
mes pasado, y restablecer su imágen de adalid de los cambios
en el Kremlin.

Pero ninguno de los dos tuvo siquiera una palabra de recuerdo
para el ex presidente soviético Mijail Gorbachov, un fervoroso
partidario del desarme.

'Esto provoca sorpresa y pesar', dijo Anatoly Chernyayev, un
estrecho colaborador de Gorabchov que participó en las
negociaciones sobre desarme antes de que el ex dirigente
soviético se viera obligado a alejarse del cargo en diciembre
de 1991.

El START-II, sobre el que se estableció un principio de
acuerdo en la primera reunión cumbre de Bush y Yeltsin en
junio pasado, pudo concluirse gracias a las concesiones que
hicieron las dos partes a último momento.

Los voceros estadounidenses dijeron que los rusos serán
autorizados a un acceso limitado al bombardero norteamericano
'invisible' B-2.

Los Estados Unidos también reducirán a casi la mitad su
arsenal de armas nucleares emplazadas en navios, que era una
de las áras que más preocupaba el Kremlin.

Rusia, por su parte, accedió a eliminar los últimos de sus
poderosos misiles SS-18, que eran los que provocaban mayor
temor entre los estrategas occidentales por estar equipados
con 10 ojivas que podían hacer blanco en objetivos
independientes. Sin embargo, Moscú podrá retener sus 90 silos
de los SS-18 para destinarlos a los menos amenazantes SS-25,
siempre que los llene parcialmente de concreto de forma tal de
resulten inservibles para los primeros.

Según la opinión de un integrante de la comitiva
estadounidense, el START-II va a servir para eliminar 'de una
vez y para siempre la capacidad de esa terrible cosa llamada
primer golpe'. (REUTER)
EXPLORED
en Ciudad N/D

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