Un candidato del PRE ‘que no come guatita’ quiere la Alcaldía

Eduardo De la Cadena tiene previsto invertir unos 10 000 dólares en la campaña. No tendrá un fuerte respaldo económico del PRE.

Paradójico: una de las aspiraciones del candidato a la Alcaldía de Quito por el Partido Roldosista Ecuatoriano es conocer personalmente a su líder máximo, Abdalá Bucaram.

Eduardo de la Cadena es el personaje que el partido eligió para que participe en las elecciones seccionales del próximo 17 de octubre.

El discurso del postulante, nacido en San Juan, hace 37 años, dista mucho del lenguaje histriónico de sus máximos dirigentes. Pero hay un rasgo común: también dice “representar a los más pobres”.

Su tono de voz es pausado. No se inmuta ni siquiera al criticar la gestión de Paco Moncayo quien, según Bucaram, fue uno de los causantes de su caída el 7 de febrero de 1997.

De la Cadena se muestra reflexivo antes de emitir un juicio o un calificativo. Pero es crítico: “Los barrios marginales solo han sido un botadero de las migajas de todas las administraciones”, censura. No come guatita, prefiere las comidas rápidas o almorzar en su casa, ubicada en el sector del hospital de Solca.

Lo que sí le une a Bucaram es su oposición a León Febres Cordero. Como dirigente estudiantil del Juan Montalvo y de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Central, encabezó marchas en contra de ese Gobierno. Eso lo recuerdan sus ex compañeros de aulas.

Esta es su tercera contienda electoral: primero se postuló para consejero y, hace dos años, se inscribió para diputado por Pichincha, alcanzando 35 000 votos. Sin embargo, el ingeniero informático y pequeño importador de equipos de computación no está en las ligas mayores de la lista 10. “He pasado por Panamá, pero no he tenido la oportunidad de saludar al compañero Abdalá ni a los máximos dirigentes”, reconoce con resignación.

Su postulación se dio más bien por sus contactos con las organizaciones barriales. Eso lo dice Alicia Ibarra, presidenta del PRE en Pichincha. El partido se quedó sin una estructura sólida en la capital después de los acontecimientos de febrero de 1997.

Al candidato roldosista tampoco le rodean las grandes figuras del “partido de los pobres”: Eduardo Azar, Omar Quintana, “Jacobito”... Víctor de la Cadena, dirigente de varias organizaciones artesanales y hermano mayor del aspirante, es su director de la campaña.

Él ha tenido un acercamiento con algunas cooperativas de vivienda y organizaciones populares. Víctor participa en las entrevistas del candidato, organiza recorridos... El jueves, por ejemplo, armó una marcha desde El Ejido hasta La Marín. Para muchos transeúntes este nuevo personaje de la política era desconocido.

En el equipo de trabajo de De la Cadena está Édgar Coral, dirigente de la cooperativa Pisullí, al noroccidente, y cuestionado por un grupo de socios que se oponen a su gestión.

El equipo de De la Cadena diseñó el “Programa 10 de la 10”. Con ese plan de trabajo registraron sus candidaturas. Esbozaron 10 estrategias en temas de seguridad, atención a la niñez, educación, salud...

Al transporte De la Cadena le dio un tratamiento especial. Sobre eso dice tener experiencia: propone utilizar los avances informáticos para mejorar las condiciones de movilidad. Incluso diseñó un “Quito virtual” y ya lo hizo llegar a sus contendores.

“Al menos, que de esa forma conozcan a la ciudad”, dice con ironía. Ese trabajo lo hizo cuando viajó a Barcelona a un curso de especialización sobre Métodos de Optimización y Solución de Transporte Urbano, en el Centro de Altos Estudios de Cataluña.

Sin mayor aporte económico del partido, el candidato se propone hacer una “campaña pobre”. Con sus recursos financió la impresión de afiches y no sabe cómo pagar un espacio en TV. “Espero vender unas computadoras viejitas”.

El PSP confía en un planificador para llegar a liderar la capital

Ermel Fiallo fue el segundo ministro de Vivienda en el gobierno del presidente Lucio Gutiérrez. Sustituyó a Nélson Álvarez.

Ermel Fiallo Grunaguer tiene como reto representar al partido de Gobierno en las próximas elecciones para Alcalde de Quito. Sin embargo, este quiteño, arquitecto y planificador de proyectos inmobiliarios, quiere apartarse de la figura del presidente Lucio Gutiérrez como estrategia para llegar a los sectores populares.

Incluso en el buró de campaña no constan las principales figuras de Sociedad Patriótica: Patricio Ortiz, Fabián Villarroel, Napoleón Villa... Tampoco acompañará al Presidente a las inauguraciones de obras en barrios marginales, tal como ocurre con los candidatos en las otras provincias.

Su círculo íntimo lo conforman su esposa, Adriana Reyes; sus hijos Esteban, Lorena y Alejandra. Su consejero de cabecera no es Napoleón Villa, como ocurre con los otros militantes de la lista 3. Ese papel lo cumple su padre, quien también se llama Ermel.

Enrique y Pavel Robles y el periodista Ramón Bravo son otros estrategas de la campaña, que trabajan en una oficina cercana a su empresa, Efiag Sociedad Civil y Comercial.

En ese lugar se diseñan varios planes inmobiliarios. Uno de los últimos trabajos es un proyecto para la escuela de fútbol de Agustín Delgado: un gran proyecto con estadio, canchas, comedores, internado y otras facilidades para los niños de El Juncal.

A Fiallo solo le une con el Primer Mandatario un “vínculo espiritual”. El último fin de semana asistieron juntos a un acto en el Templo Josué, de una iglesia cristiana de El Camal.

Lo que sí le identifica con Lucio Gutiérrez son sus críticas a determinados medios de comunicación. “No les interesa difundir las denuncias que he presentado en contra de quienes están administrando la ciudad”, se queja.

Eso lo dice mientras se sirve el último sorbo de café y enciende un Marlboro rojo. Aunque casi no fumaba, ahora el ajetreo electoral le obliga a encender unos cuantos cigarrillos al día.

De los nueve meses que integró el gabinete aún le quedan unas 80 placas de reconocimiento que recibió en las comunidades y otras instituciones a las que facilitó el bono de la vivienda.

Estos recuerdos ahora están almacenados en cartones que ocupan un lugar en el baño de su sobria oficina, ubicada en la avenida Colón y Juan L. Mera.

En su escritorio y en otros lugares privilegiados de su despacho hay fotos familiares y otras con Gutiérrez. “Aquí se firmó el Decreto con el cual se declaró política de Estado el desarrollo de los pueblos productivos integrales”, comenta, con orgullo, mientras señala un retrato del Mandatario. A Gutiérrez lo conoció por intermedio del secretario de Deportes, Luis Tapia.

Con los proyectos firmados no se consiguió mucho. Al menos eso dice un ex miembro del Gabinete y militante del PSP, que prefirió no ser identificado. “Con su salida no se concretaron las propuestas”. El plan del candidato de gobierno para la ciudad se fundamenta en dos ejes: la generación de fuentes de empleo y el reordenamiento de la urbe a través de la desconcentración de los servicios.

El programa de vivienda popular que impulsa la Asociación de Cooperativas Solidaridad es un ejemplo que Fiallo quiere repetir en toda la ciudad. Como Ministro tuvo contacto con este proyecto y le gustó la idea.

Entonces, incluso se comprometió a facilitar unos fideicomisos a favor de esta organización vecinal. Eso lo recuerda René Caza, gerente del proyecto solidaridad Quitumbe. Sin embargo, después de su salida, las iniciativas quedaron truncas.

Un médico neurólogo quiere mejorar la salud de los quiteños

Marcelo Cruz Utreras ha publicado nueve libros sobre enfermedades neurológicas. Domina inglés, francés y algo de italiano. Su pasión es combatir las migrañas, la cisticercosis, los desórdenes convulsivos...

Ahora, sin embargo, está envuelto en otra lucha: la carrera por la Alcaldía de Quito. La experiencia profesional de Marcelo Cruz es su carta de presentación. Desde que se graduó de médico en la Universidad Central (en 1969), ha dedicado su vida a la investigación y al tratamiento de las enfermedades neurológicas.

Desde el terreno que conoce, Cruz ha articulado su plan: el galeno dice que el sector de la salud está descuidado y que por eso aceptó ser candidato. Tiene el respaldo del Partido Renovador Institucional Acción Nacional (Prian), liderado por Álvaro Noboa.

Su consultorio, al norte, es ajeno al ajetreo político. Su asistente y hermana, Teresa Cruz, recibe a los pacientes y a uno que otro dirigente barrial.

La de este año es su segunda contienda electoral. La primera vez se postuló para la Vicepresidencia, en binomio con el heredero de la fortuna más grande del Ecuador. En ese tiempo, Cruz estaba radicado en Alicante (España), cuando recibió una llamada desde Nueva York. Le proponían integrarse al naciente Prian.

A su compañero de fórmula lo conoció en 1996, cuando Cruz fue ministro de Salud de Abdalá Bucaram y Noboa presidía la Junta Monetaria. El galeno fue parte de la cuota de Rosalía Arteaga, lo reconoce. Asegura que fue una buena experiencia: “En los siete meses, no tuve un paro”.

Ahora la campaña electoral altera de nuevo su rutina. De su casa, en Cumbayá, sale antes de las 07:00. Asiste a entrevistas, va al partido y después –poco usual para un médico- recorre calles, plazas y mercados. “Los sitios a los cuales no llegan los encuestadores”, bromea, pues su nombre no figura entre los opcionados.

A su consultorio llega a las 16:00. Lo esperan sus pacientes, que pagan USD 20 por consulta. A las 20:00 regresa a la casa que, hace 25 años, compró con su esposa Manuela Culebras, una madrileña a quien conoció cuando visitaba a un amigo. Sus ojos se iluminan cuando recuerda a Antonio, Juan, Carlos y Alejandro, sus hijos que están en Europa.

Estos días dedica unas dos horas de lectura a textos de Vargas Llosa y a las biografías de Martin Luther King, Gandhi... Eso le ayuda a dormir.

La propuesta de Cruz -que en su niñez jugaba en la Alpahuasi- es dar un giro en la gestión de la ciudad. Plantea destinar el 60 por ciento del presupuesto para salud y educación. “De lo contrario, solo seremos un pueblo enfermo e ignorante”.

Su timbre de voz pausado se eleva solo cuando critica las “obras de maquillaje” de la actual administración. Es partidario de una economía de mercado, pero admira a Fidel Castro por su trabajo en salud. Para Jorge León, analista político, la postulación no tiene seguidores, pese a tratarse de un brillante médico. “El Prian quiere votos para no ser borrado del registro electoral”.

En sus 35 años de profesión, Cruz ha sido parte de varias organizaciones científicas: inauguró el Servicio de Neurología del Hospital Andrade Marín; fundó el Instituto de Parálisis Cerebral; presidió la Sociedad Panamericana de Neuroepidemiología, el Club Rotario Interoceánico (1991)...

Emprendió cruzadas para mejorar la salud pública. La que más recuerdan sus colegas y colaboradores es la de 1991; fue una campaña contra la parasitosis. “Un trabajo a tiempo completo”, describe Gloria Alcívar, otra integrante de una ONG.

Ahora ofrece ampliar la red de unidades educativas y médicas municipales. Diego Salazar, presidente del Colegio de Arquitectos, espera conocer la planificación en la que se fundamentarán las obras. En su equipo están Alonso Moreno, Francisco Vergara, Carlos Saltos y otros profesionales.

Gustavo Burgos busca llegar a Alcalde con los votos del sur

Los allegados al Frente Independiente Nacionalista confeccionan las banderas, inflables y afiches que usan en la campaña.

Algunos quiteños han visto al pistolero inflable, ubicado frente al Centro Comercial El Recreo y en otros barrios, pero nunca al candidato.

Gustavo Burgos Cabezas, postulante a la alcaldía de Quito por el Frente Independiente Nacionalista (FIN), lista 43, es una figura desconocida en el ambiente político. Nunca ha ocupado un cargo público. Pero quiere acercarse a la gente: “Tavo Burgos, mi amigo...”, se lee en la panza del muñeco, que, vestido de blanco y rojo, resiste a los vientos quiteños.

En los recorridos, el candidato debe acercarse y saludar con los electores. De lo contrario, pocos lo identifican: eso le sucedió en La Magdalena.

El ingeniero civil, no colegiado, tiene 50 años. Es un empresario constructor y propietario de la Corporación Ecuatoriana de Construcciones Civiles (Cecsa). Su oficina, de cuatro ambientes, está en el edificio Alfil, en la av. De los Shyris y Naciones Unidas. Su empresa comercializa terrenos, oficinas, apartamentos...

Este trabajo permitió al candidato acercarse a los barrios del sur: Santo Tomás, San Fernando, Venecia, Caupicho... “Desde hace ocho años nos ayuda a construir obras”, dice Patricio Flores, vecino de la ciudadela León, sector de La Magdalena. En otros barrios, donde el candidato asegura ser popular, no lo identifican.

Su movimiento político surgió hace nueve años. Entonces se presentaron incluso candidaturas para diputados, aunque fueron los menos votados. Hace tres meses, algunos dirigentes barriales, entre ellos Hugo Sierra, Iván Díaz, Jorge Torres y otros seguidores, le pidieron que se postule para la Alcaldía. Para la inscripción presentaron 40 000 firmas.

Aunque sus dirigentes no lo reconocen, el analista Luis Eladio Proaño asegura que esos movimientos se fundamentan en el clientelismo, a través de pequeñas obras. “Me piden que les preste mi maquinaria para adecentar las calles, apoyo para levantar casas comunales... No puedo negarme”, precisa Burgos. En época electoral los ofrecimientos abundan.

Por eso, el candidato puso en marcha unas brigadas médicas. Compró cuatro buses que ya no podían circular porque cumplieron los años de servicio y los adecuó para ello. También les puso afiches.

Un abogado especialista en bienes raíces, que pide reserva, asegura que el candidato de la lista 43 tiene reconocimiento en algunos barrios, pero no para llegar a la Alcaldía. “Posiblemente solo quiere protagonismo”.

Tal vez por eso su campaña realiza propuestas, para muchos, irrealizables. El martes, ante unas 500 personas, aseguró que construirá un metro para la ciudad. Y fue más allá: dijo que donará una mina de piedra de su propiedad. Las pifias fueron generosas.

¿Las ofertas se enmarcan en alguna planificación? Diego Salazar, presidente del Colegio de Arquitectos, cree que solo es una oferta que no precisa los fundamentos técnicos ni el financiamiento.

Burgos dice representar a los más pobres. Y recuerda su niñez: “Mi madre lavaba ropa, yo ayudaba a mantener a mis tres hermanos lustrando zapatos...”. Lo dice mientras se arregla la fina chaqueta de cuero y alisa su espesa barba. En Chiriyacu, el barrio de su niñez, nadie da fe de ello.

A los 17 años, con la ayuda de un tío viajó a Toronto (Canadá) y allí trabajó como soldador, cocinero... También estudió ingeniería en el Seneca College y la American National University. Hoy tiene una economía solvente. Reside en El Tingo, en una vivienda con piscina y jardines. “Aprendí a hacer plata, no lo niego. Me he partido la espalda trabajando”.
EXPLORED
en Ciudad Quito

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