BUZON DE LECTORES


Publicado el 31/Diciembre/2002 | 00:00

Ni la Inquisición ni el Tahuantinsuyo

Para que la colmena humana funcione es preciso el respeto a las normas y a los miembros del conglomerado. No es la mejor herencia en tradición de respeto al prójimo la España de la Inquisición y los autos de fe. Tampoco el estado teocrático de castas del Tahuantinsuyo. La civilización requiere renuncias y concesiones en bien del interés común. Las libertades individuales propias deben tener el freno de las libertades individuales del otro. Lo poco aprendido en las ciudades en algo más de un siglo de vigencia del Estado laico, se diluye en las mareas de la migración campo-ciudad. Nadie respeta a nadie. Irrespeta el malcriado que convierte en urinario las aceras, el cochino que arroja cáscaras y papeles en la vía pública, el grosero que obliga a compartir sus pésimos gustos musicales con el aparato de sonido a niveles insoportables hasta altas horas de la madrugada, el insolente e irresponsable que ignora los reglamentos de tránsito con resultados frecuentemente letales.
Irrespetan el sentido de justicia y de dignidad los gobernantes que se autoelevan los sueldos mientras mezquinan las migajas a médicos y maestros; los burócratas que nos hacen ingrata la vida con sus exigencias de trámites inútiles y estúpidos. Los municipios que emprenden obras sin suficiente financiamiento para terminarlas, los funcionarios municipales y espesos, los rectorcillos de escuela, los dirigentes deportivos, los priostes de toda laya que se permiten cerrar vías y calles para cualquier pueblerinada pintoresca. En fin, ¿Quito, ciudad para vivir? Por supuesto, para vivir agredido, irrespetado, tenso, frustrado ante tanta insensibilidad de autoridades y prójimos y ante el silencio cómplice de nuestros sesudos editorialistas, ocupados solo en los ‘escenarios’, ‘imaginarios’, ‘posicionamientos’, "aperutradas", "receptadas", "ofertadass" y "direccionamientos" de la política criolla. ¿Hasta cuándo?

Carlos de la Torre Flor



Dar paso a la esperanza

La alegría de la Navidad nos impulsa a creer que la humanidad se reconforta con el mensaje de amor más sublime que nos legó Jesús para que siempre demos paso a la esperanza. Que las expectativas alcancen mejores tiempos tanto en nuestras vidas como en todo el contexto de la humanidad. Nos embarga el pesar cuando percibimos que los ecuatorianos a veces nos dispersamos sin sentirnos un solo país, con diferencias regionales que tanto disminuyen los altos valores con que contamos orgullosos para trascender. Pese a la diversidad de culturas, costumbres y climas de cada región, el amor a esta tierra maravillosa que es el Ecuador debe tener como principio las sagradas palabras ‘amaos los unos a los otros’. No nos promocionemos ante los demás aisladamente, sino como un sólido conjunto de bellas realidades en que se conjugan todas las posibilidades como un regalo de la naturaleza.
Que el nuevo año nos encuentre buscando la solución de los graves problemas y que la paz y cordialidad coordinen la comprensión mediante el diálogo civilizado ante cualquier diferencia entre los componentes de esta sociedad, y más aún entre los altos dirigentes del país, como ejemplo para las nuevas generaciones, llamadas a redimir los errores que nos han llevado a la inestabilidad, negativa desde todo punto de vista. Solo con la unión de todos, alcanzaremos la confianza y el respeto a nuestros procedimientos en el concierto de todas las naciones.

Ana Beatriz Constante Parra



Faltan nombres, pero está el suyo

Me refiero al comentario de HOY en la columna ‘La Ventana Indiscreta’, sobre un cruce de cartas entre el periodista Carlos Vera y yo. Efectivamente, el señor Vera afirmó que yo hacía gestiones a favor de Pesquera Jambelí para que no le pague sus deudas a Filanbanco. Si él ahora dice que no ha dicho que yo era protector o abogado sino representante, es un juego de palabras que no puede esconder lo que en realidad quiso decir, y es que yo habría hecho gestiones para dicha empresa. Como aquello no es verdad, yo le envié mi carta, cuya copia le acompaño, pues considero que si bien un periodista tiene derecho a mantener la reserva de la fuente no es menos cierto que el señor Vera no investigó si lo que dicha fuente le dijo era verdad, y eso no es ético. Por ello le cité los nombres de las personas con las cuales podía hacer la investigación, pero evidentemente decidió no hacerlo.
Jamás en la vida he hecho una sola gestión ante las autoridades de Filanbanco, relacionada con compañía alguna de aquellas que han debido ingentes sumas de dinero. Debo igualmente señalar un hecho que me ha llamado la atención sobre el contenido de la ‘Ventana Indiscreta’, y es que los autores de la columna omiten el nombre de quienes sí fueron mencionados por el abogado León Roldós, pues él claramente dijo que detrás de los grandes deudores de Filanbanco estaba la protección de algunos de los dirigentes del PSC. Eso sí fue dicho y lo omitieron los autores de la columna. Lo que no omiten es mi nombre, lo que hace indispensable que le envíe esta carta.

Ricardo Noboa B.

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