BUZON DE LECTORES


Publicado el 20/Diciembre/2002 | 00:00

Sobre una controversia pública

De la participación de Oswaldo Viteri en el programa Buenos días, de Radio Visión, el 13 del presente mes, la calumnia que me interesa desvanecer es la que afirma que tuve “la osadía de pedir que Martha Reyes firmara escritos” míos, “haciendo de testaferro”. Aunque pretendió hablar ‘con la verdad y los documentos por delante’, a la pregunta de Diego Oquendo respecto del contenido de esos escritos respondió no conocerlos “porque Martha los rechazó automáticamente”. Cuando dijo que “Alfredo Pareja Diezcanseco también le propuso lo mismo a Martha”, Diego insistió en la pregunta, y a su respuesta de “pregúntele a ellos”, le recordó que Alfredo está muerto.
Dado que de los calumniados en esa emisión soy el que aún está vivo, y por respeto a la memoria suya, copio a continuación el único escrito en el que figuramos Alfredo Pareja Diezcanseco, miembros de la familia Reyes y yo: se trata de una carta, fechada el 10 de julio de 1991 y firmada, evidentemente, por mí. Su texto es el siguiente: “Señor Diego Reyes Bazante, Av. 6 de Diciembre y Pedro Ponce Carrasco, Ciudad. De mi consideración: a lo largo de casi todo el año de 1970 tuve el placer de trabajar en las Naciones Unidas, en Ginebra, con Jorge Reyes. Lo había conocido algunos años atrás, pero nos veíamos muy ocasionalmente, cuando venía a Ecuador en goce de su “home leave”, sea de Nueva York o de Ginebra. Pero en esta ciudad, la frecuencia diaria de nuestros encuentros, la coincidencia de puntos de vista acerca de lo que amábamos -la poesía, la política, los buenos vinos...- hicieron que pudiéramos separar debidamente las relaciones de trabajo y las de amistad.
“Solíamos cenar juntos a menudo. Y en tales ocasiones, más que en otras, recordando su poesía que yo siempre había admirado, le instaba a volver a escribir o, puesto que me dijo que tenía algunos textos, a seguir escribiendo. Nunca hubo la oportunidad de que me los mostrara. Después fui a vivir a París y perdí contacto con él. Todo esto viene al caso por la acogida que, con ocasión de la publicación de ‘Poesía viva del Ecuador’, han tenido, entre lectores (los más jóvenes) que no los conocían o que no los recordaban, los poemas de Jorge. Incluso en aquellos comentarios y críticas de prensa en que se hacen observaciones a esa antología, no deja de señalarse, por justa y oportuna, la importancia en que en ella se atribuye a su obra y a la de su generación.
“Una búsqueda, más que investigación, entre las personas que pudieran tener textos inéditos de Jorge Reyes me conduce sistemáticamente a usted, tal vez como última esperanza. Pienso que de tener en su posesión la obra final, sea en prosa o en verso, de nuestro gran poeta usted podría contribuir considerablemente a la cultura del país y, en particular, a la historia de su literatura, permitiendo que se publique. Estoy seguro de que diversas editoriales estarían orgullosas de hacerlo y, si usted tiene a bien encomendármela, para mí sería un doble placer ocuparme de ella en mi condición de admirador de su poesía a la vez que amigo del autor. Nuestro gran Alfredo Pareja Diezcanseco, quien se interesa también en esta aventura literaria y está dispuesto a participar en ella, se une a mi pedido. A nombre de ambos le agradezco desde ahora.

(f) Jorge Enrique Adoum



Seguridad y responsabilidad

La magnitud del flagelo en Riobamba nos obliga a meditar sobre los términos seguridad y responsabilidad. El primero, respecto de quienes tienen la obligación de velar por ella (la fuerza pública), y el segundo, atinente a todos los ecuatorianos. La negativa de los mandos militares y las declaraciones del ministro de Defensa de no permitir la intervención de expertos de la Policía Nacional para colaborar con la Fiscalía en su investigación, alegando el consabido ‘fuero militar’, artículo 191 de la Constitución Política del Estado, contrasta con la Disposición Transitoria Vigésimo Sexta de la misma, que manda que los jueces militares y de Policía pasen a depender de forma inmediata de la Función Judicial (fuero común), lo cual debió ser regulado por el Consejo Nacional de la Judicatura, órgano responsable en el ámbito administrativo jurisdiccional en todo el territorio nacional, y en aplicación irrestricta de la Ley Orgánica de la Función.
Esto no ha ocurrido, y sigue el enfrentamiento de competencias absurdas entre civiles y militares y odiosos fueros especiales. Quienes tienen la obligación de velar por la seguridad de los ecuatorianos, tendrán que transparentar su responsabilidad en este accidente. De lo contrario, estaríamos enfrentando hechos que rayarían en el ocultamiento premeditado, una forma de corrupción, en desmedro de la propia institución armada. Si las FFAA proclaman autonomía en el campo jurisdiccional sin rendir cuentas a nadie, deberían responder por los daños ocasionados a la población civil de Riobamba, al no haber prevenido un hecho que indudablemente corresponde al capítulo de la seguridad. Así se ubican correctamente los conceptos de seguridad y responsabilidad.

Lcdo. Marco Jumbo Romero


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