Cronica De Una Muerte Anunciada


Publicado el 24/Febrero/1999 | 00:00

Quito. 24 feb 99. Ricardo Sánchez aseguró ser un perseguido
político. Su asesinato ha dejado una secuela de misterio

Los funerales del abogado guayaquileño Ricardo Sánchez Romo
fueron un fiel reflejo de su vida: extravagantes. Había pedido
a sus familiares que su sepelio se realice en medio de música
de mariachis, que salgan sus caballos y que se lancen 21
disparos a manera de salvas en su memoria. Su familia pudo
cumplir solo un deseo: que los mariachis toquen sus rancheras
favoritas, pues los caballos -su gran pasión- no pudieron ser
sacados de su finca de El Cortijo y los disparos los recibió,
pero directamente en su cuerpo al ser asesinado de manera
misteriosa en el interior del Centro de Reclusión Social de
Varones, la mañana del jueves 28 de enero, cuando estaba a
punto de cumplir una sentencia de dos años por tenencia ilegal
de armas.

HOMBRE DE PASIONES

En la vida de Ricardo Sánchez nunca hubo cabida para los
términos medios; y esto se aplicaba tanto a sus sentimientos
como a sus aficiones. Llegaba hasta el final por las cosas en
las que creía, sin importarle las consecuencias. Según su
viuda, Mercedes Vásconez, "Ricardo fue un hombre audaz; hizo
cosas que la gente no se atrevía a hacer. Como aquella
ocasión, que en el cierre de campaña de Sixto Durán-Ballén se
presentó a caballo junto a Carlos Julio Arosemena Monroy y
realizó varios disparos. De hecho, ésta fue una de las
primeras ocasiones en la que su nombre tuvo cierta relevancia
ante la opinión pública. "Tuve que subir todos los caballos en
sus camiones, porque así se lo habían pedido como acto
llamativo en el cierre de campaña. Cuando llegamos a la
central, la seguridad de Durán-Ballén había decidido que se
suspendiera el desfile, pero Ricardo igual salió. Hubo una
balacera tremenda. Después de eso, lo llamaron sicario
colombiano".

Sánchez tenía aficiones costosas y en cierta forma
arriesgadas: coleccionaba armas, que iban desde espadas y
machetes hasta otras más sofisticadas. Eso sin olvidar la más
grande de todas ellas: los caballos. Llegó a tener 27
ejemplares traídos de Colombia y Perú. Por otra parte era un
hombre de gustos finos que gastaba mucho dinero en vestuario y
en una importante colección de relojes.

HIJO ÚNICO

Ricardo Sánchez Romo, 42 años, fue el único hijo de Concepción
Romo Hanan, educadora guayaquileña y Álvaro Sánchez Muñoz,
político colombiano que llegó a ser senador y diputado por el
Partido Conservador de su país.

La unión se disolvió a los tres años de haber empezado, por lo
que Ricardo pasó a ser el centro de la existencia de su madre,
quien de alguna forma dedicó su vida a complacer los deseos de
su hijo.

Se graduó en la Academia Naval Guayaquil. Después de pasar por
universidades de Estados Unidos y Colombia, se graduó de
abogado en la Universidad de Guayaquil, en 1993.

LA FORTUNA

Después de una larga carrera en el magisterio, Concepción Romo
fundó el International School, plantel educativo que lleva 25
años de funcionamiento -del que Ricardo fue vicerrector- y con
el que poco a poco llegarían a amasar una considerable
fortuna.

Madre e hijo compartían su afición por la hípica lo que les
llevó a comprar dos caballos que frecuentemente competían en
el hipodrómo Buijo en las cercanías de Samborondón. En esas
idas y venidas a la zona, los Sánchez Romo llegaron a ser muy
conocidos por los comuneros. Más tarde, Ricardo Sánchez
adquirió unas tierras que los comuneros estaban a punto de
perder a causa de un litigio con el Banco de Fomento, y de esa
manera pasó a ser propietario de 50 hectáreas en la
urbanización El Cortijo, donde construyó una casa de hacienda
cerca a la del actual alcalde de Guayaquil León
Febres-Cordero, con quien entabló amistad, gracias a su común
afición por los caballos de paso.

PROBLEMAS CON LA JUSTICIA

Según la madre, Concepción Romo, la vida de Ricardo
transcurría de forma normal, sin haberse involucrado jamás en
problemas con la justicia; cosa que cambió radicalmente en
1995: "Todo empezó el cinco de diciembre cuando Ricardo trajo
un caballo campeón de Perú, llamado Cambodrio y fue a visitar
a León Febres-Cordero para contarle que tenía un ganador. Ese
día, León se disgustó debido a un comentario acerca de que
Jaime Nebot Saadi nunca llegaría a ser presidente de la
República. Ahí comenzaron todos nuestros problemas", cuenta a
Vistazo, "pues el 11 de diciembre de ese mismo año se lo acusó
de tentativa de asesinato al haber abaleado supuestamente la
casa de campo de Jaime Nebot".

En efecto, ese día Heinz Moeller denunció que un grupo de
sicarios colombianos atentó contra la vida del entonces
candidato presidencial socialcristiano, quien no obstante
nunca presentó una denuncia personal y fue la empleada
doméstica de su domicilio, Sandra Lecaro Herrera, quien acudió
a los juzgados a denunciar el hecho. En el juzgado décimo
tercero de lo penal del Guayas, el juez Pedro Martillo inició
un proceso por tentativa de asesinato.

En estas circunstancias, Sánchez se refugió en Ambato. "Cuando
se encontraba en un hotel de esta ciudad, individuos
inidentificados lo lanzaron desde el segundo piso", denunció
su madre María Concepción Romo en marzo de 1996. En esa
ocasión, Romo señaló que la causa de los problemas era la
negativa de su familia para venderle a Jaime Nebot un terreno
de 50 hectáreas, aclarando además que "Ricardo nunca ha tenido
nexos con Jaime Nebot Saadi, pero sí con León Febres-Cordero,
debido a los caballos de paso".

EL TRASFONDO

Un año después, Ricardo Sánchez fue detenido en su domicilio
con un impresionante operativo policial. Al momento de la
captura, Sánchez declaró que su detención obedecía "a una
persecución familiar, porque soy medio hermano de Jaime
Nebot". Su madre lo corroboró hace dos años: "Se lo dijo Jaime
Nebot Velasco a mi hijo hace ocho años durante una tarde
hípica. Yo no lo desmiento ni digo nada". No obstante, la
madre sostiene que Sánchez dio esa versión "para salvar su
vida, pues la orden era de matarlo y no lo desmentí ese
momento porque hubiera sido peor para él".

JUICIOS

Producto del mismo allanamiento, la policía decomisó un lote
de armas de fuego y municiones encontradas en el domicilio,
razón por la cual se le inició un segundo juicio por tenencia
ilegal de armamento, proceso que recayó en el juzgado segundo
de lo penal del Guayas. Al año y medio de estar detenido en el
Centro de Rehabilitación de Guayaquil fue trasladado al Penal
García Moreno de Quito, de donde regresó en noviembre de 1998
y el nueve de diciembre fue llamado a audiencia, en la cual su
abogado, Iván Vizueta Prado, presentó certificados de buena
conducta y aseguró que su defendido "era un perseguido del
Partido Social Cristiano". Con todo, Sánchez fue sentenciado a
dos años de prisión en el juicio por tenencia ilegal de armas.
En tanto, en el proceso por tentativa de asesinato, estaba sin
sentencia.

SU MUERTE

A las 11H00, mientras los internos hacían deporte, se
escucharon varios disparos. Los guardias encontraron a Sánchez
con siete impactos de bala que le provocaron la muerte
inmediata. Ese mismo día, un interno que cumple sentencia por
tráfico de drogas, Félix Ramírez Aguayo, alias "Gato Félix",
se declaró autor del hecho, pero luego, ante los medios de
comunicación, se retractó de lo dicho. El 30 de enero la
policía presentó al reo colombiano Martín Girardo Cerna, como
el autor material e intelectual de los disparos a Sánchez,
quien habría cometido el crimen en complicidad con otros seis
delincuentes. El móvil, según dijo Abraham Correa, jefe de la
Policía Judicial, habría sido la venganza. El informe fue
desechado por Paco Urrutia, jefe del Comando Policial del
Guayas, quien aseguró que seguirán las investigaciones.

El día de su muerte, Sánchez hizo la última llamada a su casa
a las 06H00, a su esposa. Estaba extrañado porque
misteriosamente se había puesto un guardia a custodiarlo y
porque su compañero de celda, Ricardo Fernández-Salvador, se
había trasladado a otro pabellón. "Se me ha ocurrido que como
todos los acontecimientos sucedieron en Samborondón,
jurisdicción del alcalde Yúnez, podría solicitarle un Hábeas
Corpus, para salir lo antes posible", le dijo a su cónyuge. Su
abogado lo llamó minutos más tarde para decirle que eso era
"improcedente". Volvió a llamar a su esposa y le dijo: "No sé
porqué tengo la impresión que de aquí saldré solo de dos
maneras: o fugándome o en ataúd". Lo segundo se cumplió.
(Texto tomado de la Revista Vistazo)

Ciudad Quito



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