MOSCU. 29 mar 97. (AFP) La cumbre de la Comunidad de Estados
Independientes (CEI), este viernes en Moscú, hizo salir a la
luz las divergencias internas acerca de su papel y de su
estructura, cinco años después de su creación tras el
derrumbamiento de la Unión Soviética, en 1991.

"La comunidad se aleja cada vez más de los objetivos fijados
en su fundación. Definamos y digamos abiertamente a nuestros
pueblos cómo vemos el destino de los estados de la Comunidad,
unidos o separados", lanzó el presidente de la CEI, el ruso
Boris Yeltsin, durante la cumbre.

"Hemos olvidado las ventajas de una cooperación económica
razonable. La creación de la unión económica está congelada.
Sus mecanismos -el comité de divisas, el banco internacional y
el instituto supranacional de divisas- funcionan con
debilidades", reconoció Yeltsin.

Los 12 jefes de estado de la CEI no consiguieron ponerse de
acuerdo sobre el mínimo común denominador, un proyecto de
"concepción de integración económica" presentado durante la
cumbre.

Tal como reconocieron los Doce -todos los estados surgidos de
la URSS menos los tres países bálticos- las discusiones,
inicialmente "muy abiertas", desembocaron en importantes
divergencias. A pesar del acuerdo sobre la necesidad de dar un
"nuevo impulso a la comunidad", persisten las divergencias
internas sobre si la CEI debe ser una continuación de la
antigua URSS, totalmente dirigida por Moscú, o si debe
evolucionar hacia una estructura flexible que tenga en cuenta
los intereses de todos sus miembros.

Boris Yeltsin admitió que "cinco años no han bastado para
solucionar los problemas" y afirmó que el "refuerzo de la
integración se debe hacer (...) inspirándose en las prácticas
mundiales". Según el presidente ruso, el objetivo de la CEI
sería "llevar a un nuevo nivel una comunidad, mutuamente
ventajosa, de miembros con igualdad de derechos".

"O bien conseguimos las condiciones para restablecer los lazos
mutuamente ventajosos en materia de producción, restableciendo
así el potencial económico, o bien los rechazamos y contamos
solamente con las finanzas internacionales. Si también nos
despedimos de nuestras industrias de transformación, sólo nos
quedará la venta de nuestras riquezas naturales", precisó
Yeltsin.

A pesar de estas concesiones igualitaristas, las declaraciones
de los diferentes presidentes durante la conferencia de prensa
confirmaron la disparidad de puntos de vista.

Resueltamente "integracionista", el presidente bieloruso
Alexandre Lukachenko, que aspira a unir su país con Rusia,
defendió una comunidad "con diferentes velocidades de
integración". "Cada uno debe poder elegir el nivel de
integración que desee", dijo subrayando que el miércoles
próximo se deberían anunciar "nuevos pasos concretos" en el
desarrollo de la comunidad bilateral creada el año pasado
entre Rusia y Bielorusia.

Por el contrario, el ucraniano Leonid Kuchma reiteró que "si
hubiese una comunidad, debería ser la misma para todos" y
constató que "Boris Yeltsin ha aportado nuevas apreciaciones,
no siempre favorables, sobre el papel y el lugar de Rusia" en
la CEI.

Por su parte, Uzbekistán, que aspira al liderazgo regional de
Asia central, encuentra perfecta la estructura actual de la
comunidad. "Tenemos una comunidad, no una confederación.
Funciona bien y cumple sus funciones. No hay que forzar el
proceso de integración, ya que eso devaluaría la comunidad",
lanzó el presidente uzbeko, Islam Karimov.

Una opinión compartida por su vecino turkmeno, el presidente
Saparmurad Niazov, que consideró "que en cinco años (la CEI)
ha encontrado una opción óptima". Mientras, el presidente
kazako Nursultán Nazarbaiev defendió la creación de un mercado
unido y la posibilidad de llegar a acuerdos específicos para
los países que así lo deseen.

Por su parte, los dirigentes del Cáucaso se mostraron
especialmente preocupados por los conflictos regionales. Los
presidentes azerbaijano, Gueidar Aliev, y armenio, Levon
Ter-Petrosian, dirigieron sus miradas a la zona del
Nagorny-Karabaj, mientras que el georgiano Eduard Shevardnadze
manifestó su preocupación por la Abjazia.

Sin embargo se tomaron pocas decisiones al respecto de los
conflictos regionales. La cumbre de la CEI decidió,
principalmente, que la misión de la fuerza de paz de la CEI en
Tadjikistán sea prologada hasta finales de este año y la de
Abjazia hasta el 31 de julio próximo.

Los jefes de estados de la CEI fijaron su próxima cumbre para
el junio próximo. (DIARIO HOY) (P. 11-A)
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