Escrituras Para Una Leyenda


Publicado el 22/Octubre/1996 | 00:00

Po María Gabriela Paz y Miño

Quito. 22 oct 96. El polvo no perdona al hombre que profana
las hojas del viejo libro comunal. Una tos seca sigue a cada
movimiento.

La tinta con que se grabaron las páginas que hablan de la
tierra, los litigios y los dueños ancestrales, permanece
indeleble, pero el color amarillento del papel contrasta con
la mano cobriza de Francisco Yaguari.

El es el secretario del cabildo de la comuna de Santa Clara de
San Millán, una de las más antiguas del país, que ahora reduce
su jurisdicción al sector ubicado entre Las Casas y las faldas
del Pichincha, al nor-occidente de la ciudad. Santa Clara está
a punto de olvidar una paradoja: asentada en la mitad de la
ciudad, ha vivido hasta hoy como una comuna de propiedad
colectiva. Un reducto de historia partido en dos por el cruce
de la avenida Occidental, que concluirá con la división en
propiedades individuales, legalizadas con escrituras públicas
que otorgará el Municipio Metropolitano.

La primera historia

Guamanzara, Tumipamba, Llumipanta, Chalco, Yaguari,
Collaguaso, Angara, Aconda, Cochambai y Mila. Ellos fueron los
primeros. Eran los "yananconas", sirvientes del Inca que, para
escapar de los invasores españoles, se refugiaron en la
quebrada de Rumipamba. Allí permanecieron "sueltos" durante
muchos años. El tiempo los fue asentando y multiplicando. La
comuna tomó el nombre de la patrona de los comuneros: la
Virgen de Santa Clara -"hermana de San Francisco de Asís"-
cuya imagen original permanece en la Iglesia de Santa Clara y
cuya réplica observa a los comuneros desde la capilla de las
oficinas comunales.

Los límites originales son difíciles de definir, pero, según
los comuneros iban desde lo que ahora es el churo de la
Alameda hasta el sector en el que se ubica el Seminario Mayor.

Hace 400 años, aquello era un enorme chaparral. La ciudad
empujó a los pobladores hacia arriba. Desplazados por los
edificios y los impuestos, los descendientes de los primeros
"caciques" se vieron obligados a vender sus tierras y cargar a
sus viejos hasta arriba.

Hace 50 años, se concentraron allí, dividieron los terrenos y
construyeron sus casas. A los descendientes de los primeros
pobladores se unieron -por matrimonio o por contrato de
arrendamiento y compra-venta- nuevos comuneros con nuevos
apellidos: los Sangucho, los Suárez, los Samaniego...

La otra forma de transcurrir

La comuna adquirió el paisaje de un barrio urbano cualquiera.
Entre sus cuestas, sus casas de varios pisos, sus restaurantes
y almacenes, es difícil imaginar que el grupo tiene aún su
propia ley y "municipio", su propia colada de churos y su
propia fiesta con priostes, juegos pirotécnicos, bandas,
"salves" y quema de chamiza sobre el cemento de la cancha de
un colegio.

Algo, sin embargo, va a cambiar en Santa Clara y los comuneros
se preparan: recogen datos, hacen mediciones, recopilan
papeles y revisan los libros: cuando terminen el trabajo, el
Municipio les hará dueños legales de aquello que siempre fue
suyo.

FIESTA EN NOCHE DE LUNA LLENA

Manuel Mila es uno de los comuneros más viejos de Santa Clara,
pero sus 85 años de vida no le impiden recordar. "Vivíamos en
lo que hoy es la 10 de Agosto. No había nada: ni agua, ni luz,
ni calles. Cuando llegaban las noches de luna era un
contento", asegura.

El lugar en el que él vivió -"la Colón de a perro"- lo ocupa
ahora algún rascacielos urbano. "Le vendimos el terreno a una
empleada del hotel Embajador", recuerda Mila.

El es músico y solo lo la música obligó a bajar, cuando el
crecimiento de la ciudad lo empujó hacia arriba, con los
demás. En el conservatorio perfeccionó su arte y llegó a
dirigir las bandas de pueblo de varios lugares.

La pared de su cuarto está llena de diplomas. Sin embargo, a
él nada parece enorgullecerlo más que el haber compuesto el
himno a la comuna. La gente lo reconoce por ello, pero él está
lejos de ufanarse.

Tampoco le preocupa demasiado el hecho de que la forma de
propiedad de la tierra cambie por un título. "Yo ya me voy
para otro lado", dice. "Para arriba o para abajo, pero para
otro lado".

LA LEY DE LAS COMUNAS NO ES LEY EN LA CIUDAD

Santa Clara de San Millán es -pese a sus libros de comuna y la
vigencia de su propio cabildo- uno de los 50 asentamientos
ilegales que la Unidad de Asentamientos de Hecho del Municipio
puso en la mira de la legalización.

Entre cooperativas de vivienda e invasiones, la comuna es,
según Edwin Urresta, director de la unidad, una "figura
especial". Allí viven, aproximadamente, mil 400 familias que
-hasta no tener un título de propiedad en sus manos y una
ordenanza que los reconozca como "barrio legal" en el
Municipio- no son realmente dueños de sus lotes. Las
escrituras individuales integrarán a los comuneros a la
legalidad urbana, pero también les obligarán a contribuir con
sus impuestos, pues los lotes serán catastrados por primera
vez.

LA HISTORIA

* La comuna de Santa Clara de San Millán cuenta con personería
jurídica desde 1942. Su ley es la ley de comunas, que data de
1930.

* Durante 420 años, la propiedad sobre la tierra estuvo
determinada por la sucesión. Las transacciones de compra-venta
solo podían hacerse entre comuneros.

* La lucha por las escrituras tiene ya varios años. Por ella
se formó el Frente de Unidad y Trabajo, paralelo a la
autoridad que representa el Cabildo.

* La Ley de Comunas les permite a los comuneros elegir sus
propias autoridades en asambleas generales y resolver sus
litigios recurriendo a sus propias instancias (presidente del
Cabildo, autoridad de comunas y Ministro de Agricultura).
(DIARIO HOY) (P. 1-B)



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