Mientras los líderes de Al-Qaida evaden la captura, se reagrupan, y retornan a la emisora de televisión Al-Jazira para ofrecer amenazas y burlas, Estados Unidos luce de manera creciente como un gigante ciego.
Recuerda, de hecho, al cíclope ciego Polifemo, del mito homérico, que tras quedar tuerto, perdió el único ojo sano a manos de Ulises y sus fugitivos compañeros, y se vio reducido a bramar en impotente furia y a lanzar rocas en dirección hacia la burlona voz de Ulises.
Por cierto, el presuntamente vivo Usama Ben Laden podría encontrar la historia de Ulises y Polifemo útil como una alegoría de su batalla contra el Gran Satán de América. (Después de todo, Polifemo es una especie de malvada superpotencia, una criatura estúpida que usa la fuerza bruta, no respeta leyes o dioses, y devora carne humana; en tanto Ulises es ingenioso, resbaloso, inatrapable y peligroso). Pero, por otro lado, hay que tener en cuenta que al herir a Polifemo, Ulises despertó la furia de Poseidón, dios de los mares y padre del cíclope, que gobierna el destino de todos los vagabundos y fugitivos, y fue condenado al exilio hasta que todos sus hombres se perdieron y su hogar dejó de ser hogareño.
De todas formas, la alegoría puede llegar hasta cierto punto. Dudo que Usama pase mucho tiempo hojeando el noveno libro de la Odisea. Sin embargo, uno de los aspectos más preocupantes es cómo el ciudadano común del mundo musulmán esta dispuesto a compartir la idea que tiene Ben Laden de Estados Unidos en particular, y de Occidente y por supuesto de "los judíos" en general, como entidades monstruosas.
Eso, a pesar de un esfuerzo concertado de Occidente de contrarrestar esa demonización. En Estados Unidos desde el 11 de septiembre y también en una Europa alarmada por el resurgimiento de la extrema derecha, han existido plausibles esfuerzos por impedir que todos los musulmanes sean pintados con el pincel terrorista. Musulmanes en las calles de Afganistán, Paquistán o Cachemira, así como intelectuales y políticos, han sido entrevistados por los medios de comunicación, y se los escucha. (La decisión del periódico británico Guardian, de dedicar una semana entera a detectar la "islamofobia", es un ejemplo reciente).
La mayoría de las voces que hemos escuchado tienen cosas muy duras que decir acerca de Estados Unidos, su arrogancia, su brutalidad, su ignorancia, etcétera. Algunos admiten que saben muy poco de los ataques contra Estados Unidos, otros los deploran, pero la gran mayoría de los comentarios prefieren concentrarse en culpar a Estados Unidos por muchos de los males del mundo, notablemente, pero no exclusivamente, en el Oriente Medio.
Es difícil no sentir que, incluso en las voces más civilizadas expresan menos pasión por la lucha contra el terrorismo que enojo ante la victimización por parte de los cíclopes norteamericanos. Es difícil no escuchar, en la condena al individualismo occidental, a su hedonismo y a su obsesión por el sexo, ecos tibios del fanático puritanismo de los extremistas islámicos. Es arduo no sentir, debajo de la condena ritual de los sufrimientos experimentados por los norteamericanos a manos de los asesinos del 11 de septiembre, una nota de placer mezclada con simpatía. Es difícil ignorar la admiración por el éxito de los terroristas en ponerle un ojo morado a Estados Unidos.
Tampoco es fácil de olvidar que en una encuesta Gallup, efectuada en diferentes países musulmanes hace algunos meses, una gran mayoría de los entrevistados negaron toda responsabilidad de los musulmanes en los ataques al Centro de Comercio Mundial y al Pentágono.
Algunos de nosotros hubiesen querido escuchar otra cosa: la emergencia de una genuina polémica musulmana contra el daño que los terroristas están causando a su ‘propio pueblo’. Pues la guerra contra el terror islámico solo podrá ser ganada cuando los musulmanes de todo el mundo comiencen a percibir que el terror de los fundamentalistas es un mal mayor que aquel que creen encarnado en Estados Unidos. Un mal que está causando más daños a los musulmanes de todo el mundo, que es más destructivo a nivel social, económico y político, y está poseído por la visión de pesadilla de una talibanización del planeta. Luego de nueve meses en que se ha repetido hasta el cansancio que los musulmanes no son terroristas sino seres humanos decentes, sería bueno ver el surgimiento de un movimiento musulmán contra el terrorismo. Lamentablemente, ningún movimiento de esa clase ha surgido, ni tampoco existe la más ligera indicación de que lo hará en el futuro.
Es cierto que el Gobierno norte- americano ha parecido por momentos estar haciendo lo mejor posible para justificar comparaciones con los ciegos cíclopes. Excepto que se trata de un Polifemo cuya ceguera es autoinfligida. La letanía de los errores cometidos por la comunidad de inteligencia antes del 11 de septiembre ha sido repetida muchas veces: los informes engavetados, las advertencias que no fueron traducidas, la clara estupidez de la burocracia estadounidense. Sabemos ahora que muchos prominentes miembros de la administración Bush se opusieron por todos los medios a asignar recursos para labores de inteligencia hasta el momento de los ataques. Y también entendemos que a pesar del total despliegue de los recursos de Estados Unidos, nadie ha logrado localizar el sitio donde se oculta el mayor de los enemigos. No puede dejar de pensarse que la palabra ‘inteligencia’ está mal aplicada. Tal vez la palabra correcta sea ‘estupidez’.
Las autoridades norteamericanas aseguran que ha concluido el período de ceguera, que muchas conspiraciones han sido frustradas, muchas amenazas identificadas, y que se han practicado algunos arrestos. (Aunque en el caso del execrable José Padilla, las evidencias han sido muy tenues). El tiempo dirá quién tenía razón, si el vocero de Al-Qaida, el señor Abu-Ghaith, con sus espeluznantes amenazas, o el gobierno norteamericano. Nadie que conozco está seguro del resultado.
Estados Unidos puede realmente lucir como un feo, equivocado gigante. La confusión y las dilaciones en la política de Estados Unidos hacia el Oriente Medio, por ejemplo, son en la actualidad el mejor arma de propaganda de los terroristas. Pero, si realmente la mayoría de los 1 000 millones de musulmanes que habitan el planeta no desean contacto alguno con el terrorismo, como se nos informa constantemente, entonces ha llegado el momento de que sus líderes, educadores, medios de prensa y su inteligencia cesen de engendrar las precondiciones para ese terrorismo mediante la creación y perpetuación de la imagen de un satánico Polifemo norteamericano que es necesario destruir.

El autor es novelista. Ha escrito Hijos de la medianoche, Vergüenza y Versos satánicos, obra considerada blasfema por los integristas islámicos, que lo condenaron a muerte.

©2002 Salman Rushdie Distributed by New York Times Special Features
EXPLORED
en Ciudad Quito

Otras Noticias del día 14/Julio/2002

Revisar otros años 2014 - 2013 - 2012 - 2011 - 2010 - 2009 - 2008 - 2007 - 2006 - 2005 -2004 - 2003 - 2002 - 2001 - 2000 - 1999 - 1998 - 1997 - 1996 - 1995 - 1994 1993 - 1992 - 1991 - 1990
  Más en el