Muy Gracioso


Publicado el 15/Agosto/1990 | 00:00

MUY GRACIOSO, por Daniel Samper Pizano

Quito. 15. 08. 90. (Opinión). Anjá! -exclamó triunfalmente mi
mujer el otro día mientras leía el periódico-. Ya sabía yo que
lo nuestro no era normal.

- ¿Lo nuestro? ¿Normal? ¿Anjá? -observé yo temiendo tormenta-
No sé a qué te refieres.

- Aquí está muy claro: una encuesta demuestra que los europeos
hacen el amor en promedio tres veces por semana.

No dije nada. Simplemente me incorporé de la silla donde veía un
partido Camerún-Inglaterra por televisión y volví con mi maletín
de ejecutivo. Saqué el pasaporte verde y se lo entregué.

- Léelo bien. En el periódico dice que los europeos hacen el
amor tres veces por semana. Pero yo soy suramericano, a mucha
honra.

Mi mujer me miró de mala manera.- Sí señora -proseguí yo-. A
mucha honra, como lo oyes. Podrán decir lo que quieran de mi
patria, pero jamás lograrán desprender de mi pecho este fuego de
amor que me consume por ella.

- Muy gracioso- fue todo lo que dijo.

Yo retiré el pasaporte con un gesto digno y lo guardé con
veneración en el maletín. El partido parecía bastante parejo.

- La noticia también dice -prosiguió mi mujer- que este promedio
es casi igual al de América y al del resto del mundo.

Suspiré hondo. Con el rabillo del ojo ví que Inglaterra acababa
de adelantarse en el marcador.

- No les creas. Tú sabes cómo es de exagerada la prensa europea.
¿No leiste hace poco que una noticia de Efe calificaba a Virgilio
Barco de "anciano mandatario", a pesar de que Barco es tan joven
que todavía no ha aprendido a hablar?

- Ese es otro problema -contestó mi mujer-. Aquí también dice
que algunas parejas lo hacen todas las noches.

- Y si estás citando un promedio, eso quiere decir que hay otras
que lo hacen una vez por semana para compensar. Como ves, todo es
relativo.

- Cierto -contestó mi mujer-. Pero en la encuesta ni siquiera
alcanzan a aparecer los que lo hacen una vez al mes, como
nosotros. ¿será que estamos compensando a las que empiezan su
luna de miel?

Opté por declararme sorprendido.

Contratacaba Camerún. Aún no se había perdido toda esperanza.-
¿Una vez al mes? Qué exceso! Yo estaba convencido de que
nuestro récord era cuatro o cinco al año.

- Muy gracioso. Pues debe saber que te hablo otra vez de
promedios. En el primer semestre del año pasado lo hicimos tan
sólo tres veces. Las rumbas de Navidad salvaron el promedio.
Todo es relativo, como dices.

Ahora me declaré indignado:

- No me digas que llevas la cuenta! bueno, eso sí me parece un
problema bastante grave.

- No la llevo. Lo que pasa es que es todavía no soy
amnésica.

Escogí la coquetería, aún a riesgo de que tuviera que perderme el
partido ya del todo. Me senté al lado suyo, puse tono de niño
consentido y le guiñé el ojo:

- O es que te parecen inolvidables...

- Ja -río con desgano mi mujer-. Muy gracioso.

- Muy gracioso, pero también muy sabroso, ¿verdad? -insití
melifluo. Al fondo, alcanzaba a escuchar el relato del partido.
El Camerún había estado a punto de igualar: centro desde el ala
derecha y tiro en el palo. Casi grito de la emoción. Animo
Camerún, pensé.

Ahora mi mujer rió con más ánimo. Iba por buen camino.
Insistí:

- Yo no soy un hombre, yo soy un catre, como decía un político.

Mi mujer volvió a reír y puso a un lado el periódico

- Tú sí que... -exclamó risueña.

- Y tú también, y muchísimo -le comenté yo. Son cosas
incoherentes que uno dice sin fijarse mucho, cuando está
pendiente de un alero derecho.

Mi mujer suspiró hondo y me miró con picardía. Por el entusiasmo
lejano del locutor supe que el Camerún acababa de empatar. Un
corrientazo me sacudió de arriba a abajo. Mi mujer lo entendió
mal y apagó la luz.

Cuando me desperté, mi mujer ya estaba marcando una cruz en su
almanaque de bolsillo. El partido había terminado. El
comentarista analizaba el resultado.

Mi mujer se me acercó y me dijo al oído:

- Acepto: a veces es inolvidable. Como hoy.

- Es cierto -le contesté sin quitar la vista del televisor- Quién
iba a pensar que Camerún pasaba a ganar y luego lo derrotaban en
la prórroga...

- Muy gracioso -dijo mi mujer. Y volvimos a sumergirnos
hondamente por debajo del promedio. (A-4).

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