El Salvador. 15.01.92. "Hemos vivido demasiadas aventuras y
tristezas y no es lógico seguir peleando hermanos contra
hermanos. Estamos cansados de la guerra y ojalá que haya una
paz sincera", declaró a la AFP un joven veterano miembro del
Batallón Atlacatl, temido grupo de élite del ejército
salvadoreño.

Unos 400 soldados y oficiales del Atlacatl, cuyos símbolos son
la calavera y el rayo, realizaron la tarde del martes un
desfile militar en su cuartel de Sitio El Niño, departamento
de La Libertad, 35 km al oeste de San Salvador, para recibir a
su nuevo comandante, el coronel José Almendarez.

Sin hacer mención a los compromisos alcanzados la madrugada
del martes en Nueva York por representantes del gobierno y la
guerrilla, que acordaron el desmantelamiento de los cinco
batallones de élite del ejército salvadoreño, los soldados del
Atlacatl formaron en una explanada de su cuartel general para
escuchar los discursos de su nuevo comandante y del jefe del
Estado Mayor del ejército, general Gilberto Rubio.

"Habrá batallón Atlacatl hasta que se acalle el último retumbo
revolucionario. Somos fuerzas especiales, lo mejor de El
Salvador", porque "hemos luchado contra los eternos enemigos
de la Patria y hemos sido la fuerza salvadora ante la
arremetida marxista-leninista", declaró el comandante
Almendarez ante los soldados.

Las facciones de los jóvenes soldados, muchos de ellos menores
de 20 años, lucían endurecidas por las pinturas de camuflage
en sus rostros y su porte desafiante, sus relucientes botas y
trajes de combate y la sincronización en el movimiento de sus
fusiles de asalto M-16 a cada orden de un oficial.

Los soldados parecían listos para marchar a un asalto sobre
sus enemigos del Frente Farabundo Martí para la Liberación
Nacional (FMLN), aunque en realidad se trataba de uno de sus
últimos actos como unidad de élite.

Según los acuerdos de Nueva York, que serán firmados en México
mañana jueves por representantes del gobierno y la guerrilla,
el Batallón Atlacatl, así como sus similares Atonal, Arce,
Bracamonte y Belloso, deberán ser desmantelados antes del 30
de noviembre próximo, un mes después del desarme de las
fuerzas insurgentes.

Una vez concluido el acto, algunos soldados conversaron con
corresponsales de prensa extranjera, ante quienes no ocultaron
su satisfacción por los acuerdos de paz y el cese al fuego que
entrará en vigor el próximo primero de febrero.

"No es lógico pelear hermanos entre hermanos, uno no quisiera
matar a otro salvadoreño, pero así es la guerra. A ellos los
mandan sus comandantes igual que a nosotros", declaró un joven
que se identificó sólo como Gustavo, de 19 años, con tres de
pertenecer al Atlacatl.

Gustavo dijo que participó en varios combates, especialmente
en Chalatenango, uno de los principales bastiones de la
guerrilla. Nunca recibió heridas de consideración, "pero sí
algunos quemones (lesiones leves)".

Junto a otro compañero suyo, de nombre Mario, Gustavo comentó:
"Ojalá que la paz sea sincera. Estamos contentos por el
acuerdo, queremos volver a nuestros pueblos a ver nuestras
familias y luego a buscar un trabajo en alguna fábrica.
Esperamos que haya trabajo para todos".

El Batallón Atlacatl es considerado por el alto mando como un
símbolo de poder del ejército, pero no así por los sectores
populares y grupos de derechos humanos.

Entrenado por Boinas Verdes norteamericanos, el batallón entró
en acción en 1981, y muchas veces puso en jaque a la
guerrilla, pero también se le culpó de una matanza de 1.000
campesinos --entre hombres, mujeres y niños-- ejecutados a
sangre fría en la población de El Mozote, departamento de
Morazán.

Asimismo, varios de sus efectivos fueron acusados por el
asesinato de seis sacerdotes jesuitas y dos empleadas
domésticas en noviembre de 1989.

"Yo no deseo seguir en el ejército, quiero volver a la vida
civil", manifestó Gustavo.

Entretanto, el general Rubio evitó responder a la prensa cuál
será el destino de los soldados de élite una vez que sean
disueltos los batallones.

"Yo no quiero responder eso ahora y mucho menos aquí", en la
sede del batallón, dijo el jefe del Estado Mayor.

El batallón Atlacatl fue dirigido en sus primeros años por el
coronel Domingo Monterrosa, implacable combatiente que propinó
duros golpes a la guerrilla, y que murió en 1984 víctima de su
obsesión por capturar la clandestina Radio Venceremos.

Tras un operativo contrainsurgente en Morazán, oriente del
país, Monterrosa anunció en octubre de 1984 la captura de la
emisora insurgente y convocó a la prensa a San Miguel para
mostrar los transmisores.

Pero todo había sido un ardid del FMLN, que colocó una bomba
en el supuesto transmisor, el cual estalló cuando el
helicóptero en que viajaba Monterrosa alzó vuelo.

Con la desaparición de los cuerpos de élite y el desarme de la
guerrilla a fines de este año se espera que culmine una de las
principales fases del proceso de pacificación. Entonces se
habrán silenciado al fin las ametralladoras y cañones en la
más pequeña de las naciones centroamericanas, donde 11 años de
guerra civil han dejado 80.000 muertos.

EXPLORED
en Ciudad N/D

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