A 43 días de su primera participación en una Copa Mundial, el seleccionado
ecuatoriano afronta uno de sus momentos clave. Ya no puede mirar atrás, a
una eliminatoria donde el juego de probabilidades y el desempeño del resto
de países podían definir la clasificación. Ahora, la campaña va en serio.
En el partido contra Sudáfrica, a diferencia del de Bulgaria, evidenciaron
dos elementos de reflexión: si se lesiona un jugador, no hay piezas de
recambio y si la afición espera una victoria contundente, el resultado es
contrario.
El primer elemento, el de mayor preocupación para el técnico Hernán Darío
Gómez, es fundamental: él y los jugadores saben que, a estas alturas, un
lesionado implica que queda fuera del Mundial. Por tanto, sin buenos
suplentes no se puede hacer una presentación decorosa.
De hecho, "Bolillo" hace por segunda ocasión una exhortación pública a los
jugadores para que asuman profesionalmente su trabajo.
En otras palabras, ha dicho que el festejo por la clasificación se acabó y
que ahora viene lo más duro. La primera reprimenda fue cuando los
principales seleccionados no tenían equipo para jugar y se la pasaban
negociando sus contratos como si tuvieran todo el tiempo para la
preparación.
Claro, si los jugadores toman el Mundial como una pasarela a la fama, no
llegarán nunca a ser los ídolos del fútbol sino del círculo íntimo de
amigos. Se olvidan, algunos de ellos, que el peso de la representación
deportiva arrastra consecuencias impredecibles. Los ejemplos de Brasil y
Holanda son para mirarse en espejo ajeno: no soportaron el acoso de la
prensa, distrajeron su tarea principal y el resultado fueron partidos
desastrosos y el riesgo de no clasificar para el primero y quedar fuera para
el segundo.
Si la Tricolor se concentra el 19 de mayo para viajar a Japón, queda un mes
exacto para ajustar rutinas, cuidar de la salud y preparar el cuerpo para un
torneo de primera categoría.
El segundo elemento de reflexión es la expectativa del público.
Evidentemente hay un cambio de actitud. Ya no estamos con el consabido
"ojalá" ganemos. Ahora es "hay que ganar". Y por tanto, cuando el resultado
es adverso o insatisfactorio, sobreviene la reacción de rechazo al juego
exhibido.
No obstante, los rivales de Ecuador (Italia, Croacia y México) se encuentran
en la misma situación que la Tricolor. La inestabilidad es su norma; las
lesiones, particularmente en los italianos, abundan y están en la fase
crítica de fijar una posible alineación titular.
En ese sentido, podemos decir que el balance de la preparación es positivo y
apunta a encontrar un ritmo y un esquema que permita afrontar el Mundial con
responsabilidad.
Para los partidos del 8 y 11 de mayo, en Nueva York, y el del 14 en Madrid,
hay suficiente tiempo y condiciones para hacer los ajustes respectivos. La
responsabilidad principal está en los jugadores. Se acabaron las fiestas de
fin de semana luego de los partidos del campeonato. También hay que dejar de
lado la competencia "a muerte" en el torneo local. Incluso, adquirir la
rutina necesaria de concentración es un ritual por el que jugadores
mundialistas optan por estos tiempos.
Y en el entorno hace falta un ambiente que estimule el juego limpio, que
hinchas y fanáticos vean en el campeonato local el laboratorio para
encontrar el equipo ecuatoriano ideal y no la oportunidad de fomentar la
violencia. Igualmente, los medios de comunicación, los analistas y
comentaristas deben forjar la opinión a favor del profesionalismo de
dirigentes y jugadores, pues no habrá otra oportunidad como esta para
competir con los mejores del mundo.
EXPLORED
en Ciudad QUITO

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