Quien Mato A La Baronesa De Wagner | Explored - Ecuador

Quien Mato A La Baronesa De Wagner


Publicado el 30/Marzo/2000 | 00:00

Quito. 30 mar 2000. En junio de 1934, la pequeña colonia de la
isla Floreana -en el suroccidente de Galápagos- se estremeció con
la nueva. Se esfumaron la baronesa de Wagner y su novio -o lo que
sea- Philipson. Fue el comienzo de una etapa de noticias
internacionales que contribuyeron a realzar la fama de unas islas
Galápagos misteriosas.

La singular Baronesa de Wagner nunca reapareció. Vivió en su
refugio insular desde octubre de 1932 y siempre en problemas y
disputas con sus vecinos, los Ritter y los Wittmer. ¿Una
aventurera de alto vuelo? Parece que sí pero tenía agallas y
magnetismo.

¿La misteriosa mujer y su amante -uno de sus amantes- fueron
asesinados? Esa fue la idea lógica. Los sospechosos resultaron los
otros habitantes de la sorprendente isla, todos alemanes, como la
baronesa: Heinz Wittmer, Frederich Ritcher, Lorenz.

Wittmer, nacido en Westfalia, quien llegó a la isla en 1932, con
su esposa Margret y su hijo Harry, se refugió en la Floreana
buscando la salud del hijo que sufría de fiebre reumática, dijo.

Ritter, un odontólogo de Berlín que huyó de su país en 1929
sorpresivamente acompañado de una amante, Dora Strauch.

Lorenz, otro germano, de unos 29 años, amante despreciado o
sirviente de la Baronesa.

Los tres eran adversos, aparentemente, a la Wagner. ¿Cuál de ellos
fue el autor? El tema llegó al resto del mundo cinco meses después
del suceso y apasionó por sus características, al mejor estilo de
las novelas de suspenso de Georges Simenon. En estos días se
reaviva la historia por la muerte de Margret Wittmer, en la
Floreana, a los 95 años.

Margret Wittmer describe a la baronesa de Wagner -en su libro
Floreana, lista de correos- como delgada y pequeña, de unos 40
años. Suma los calificativos en contra presentándola como
ambiciosa, farsante, agresiva, misteriosa.

Tenía, dice, gente que le hacía relaciones públicas en Europa a
base de farsas, presentándola en periódicos de varios países,
inclusive del Times, de Londres, como "la emperatriz de
Galápagos". Eso para estimular las visitas a la isla, a las que
recibía en su tienda de campaña hasta que llegara la hora -que
nunca se concretó- de presentar a los millonarios del mundo el
hotel Paraíso, su sueño.

Por eso, cuando se esfumó, sin dejar rastro, y las noticias
llegaron a Europa y los Estados Unidos, el caso recibió paulatina
notoriedad.

La nueva sobre la desaparición de la Baronesa fue transmitida
mediante una carta del doctor Ritter a un rico navegante
estadounidense, capitán Hankok, quien la difundió por medio mundo.

Muchos periódicos usaron el tema por su sentido misterioso y por
el halo que exhalaban las islas Galápagos, con sus singulares
habitantes.

El capitán Hankok conoció las otras novedades al visitar Floreana
para indagar los detalles sobre la desaparición de la Baronesa.
Había muerto el doctor Karl Friedrich Ritter, el odontólogo y
científico alemán "que odiaba al mundo y despreciaba a los
hombres". Vivió cinco años en Floreana, desde 1929. Más noticias
para la prensa internacional.

¿Qué había sucedido? Los Wittmer lo vieron morir. La compañera de
Ritter, Dora Strauch, dijo que el alemán se había dormido al comer
carne de gallina envenenada. La versión produjo una reacción de
duda en la prensa que se ocupaba de Galápagos y el caso vino a
aumentar la magnitud de los misterios insulares. Ritter murió el
21 de noviembre de 1934.

Luego de la desaparición de la baronesa de Wagner, uno de sus
compañeros, el alemán Lorenz, se fue de la isla, en el mes de
julio. Lo hizo en el velero Dinamita, del pescador noruego Tirgye
Nuggerud. Hubo noticias de que habían llegado sin novedad a la
isla Santa Cruz.

Se conoció que Lorenz había conseguido -con ruegos y unos dólares-
que Nuggerud lo llevara hasta la isla San Cristóbal. También los
dos y su barquito desaparecieron. Cuatro meses después,
coincidiendo con la muerte de Ritter, fueron encontrados los
cuerpos del pescador noruego y del desventurado alemán. Los
tripulantes del atunero estadounidense Santo Amaro localizaron, en
noviembre de 1934, los cadáveres en la isla Marchena, al norte del
archipiélago de Galápagos. Mostraban signos de una muerte
siniestra, por hambre y sed. En ese islote -supo el mundo, por las
noticias del caso- no hay una gota de agua dulce.

Al parecer, se apagó el motor y el bote Dinamita fue arrastrado
por las corrientes hasta Marchena. ¿Qué más? Las tres noticias -el
caso de la Baronesa, la muerte de Ritter y el trágico final de
Lorenz y Nuggerud- fueron transmitidas al mundo en el lapso de
pocos días desde el velero de Hankok.

En Europa, la noticia grande era el paulatino e imparable ascenso
al poder de Alemania del ex pintor y ex cabo Adolfo Hitler. En el
Ecuador, la llegada a Carondelet de un carismático personaje de
rápida carrera política: José María Velasco Ibarra.

Pero Galápagos mandó las noticias espectaculares. En los primeros
días de 1935 llegaron numerosos corresponsales, sobre todo
alemanes, a Galápagos y varios se atrevieron hasta Floreana. Faltó
un Sherlock Holmes para que esclareciera el caso.

Los vecinos bajo sospecha

Todos los episodios de la isla Floreana fueron, por cierto,
compartidos en una o en otra forma por los Wittmer y sus
impresiones constan en el libro que escribió doña Margret, quien
murió el 22 de este mes y despertó estas rememoraciones.

¿Qué sucedió con la Baronesa y su pareja, Philipson? Hubo
versiones de que viajaron hacia otro destino pero nadie vio algún
barco en las playas de la isla.

Para hacer algunas investigaciones, aunque ya solo quedaban los
Wittmer, llegaron a Floreana el Gobernador de Galápagos y varios
soldados ecuatorianos. Hicieron preguntas y, de pronto, acusaron.

Dijeron que el doctor Ritter había escrito en un periódico de
Guayaquil, afirmando que la noche de la desaparición de la
Baronesa escuchó gritos de mujer y que seguramente fue muerta por
uno de los habitantes de la isla. Expresó sospechas contra
Wittmer, aunque sin ninguna seguridad.

Margret Wittmer protestó siempre sobre esa idea y fustigó "la
cruel acusación del doctor Ritter". Más aún, ella y su esposo
insinuaron siempre la posibilidad de que los autores fueran Ritter
o Lorenz. Ambos odiaban a la Baronesa, dijeron. Ritter porque
perdió el estrellato en la isla desde que llegó ella. Lorenz
porque era despreciado y maltratado y en varias oportunidades
expresó su ira contra la Baronesa y Philipson. No hay matores
datos sobre él.

Un periodista alemán, Erns Wolf, hizo un análisis y acusó
directamente a Lorenz, considerando, entre otras cosas, su ira
porque la Wagner le dejó para convivir con Philipson. Otros se
unieron a la versión y Lorenz ha sido marcado como el más posible
autor, de las dos muertes, aunque nunca hubo pruebas ni se
estableció lo que realmente pasó con ellos.

¿Y qué le sucedió al doctor Ritter? Margret Wittmer acusa a Dora
Strauch, la compañera de Ritter. ¿Cómo es posible, pregunta en su
libro, que él muera tan brutalmente, intoxicado, y ella -que comió
la misma carne de gallina- se viera tan fresca? Más aún, afirma
que en su último minuto de vida, Ritter escribió en una cuartilla
"te maldigo", lanzando una mirada furiosa a Dora, su compañera de
los tres últimos años. La venganza de Dora Strauch fue un libro,
"Satán llegó al edén", duro con los Wittmer.

El escenario de Margret

Las gentes que conocieron a Margret Wittmer coinciden en que fue
una mujer de mucho carácter y una gran madre de familia. Amó
entrañablemente a la isla Floreana y a Galápagos y nunca quiso
salir de allí.

En 1946 murió Harry Wittmer, el hijo que llegó enfermo a la
Floreana 14 años antes. Se ahogó en la playa. En 1957, Rolf
Wittner, el hijo nacido en la isla en 1932, se casó con la
riobambeña Paquita García. Viven los dos y tienen cinco hijos. En
1958, Floreanita Wittmer, la otra hija, nacida en 1937, contrajo
matrimonio con Mario García, hermano de Paquita. Mario desapareció
en 1963, en la Floreana, cuando salió de cacería un día de
invierno.

Heinz Wittmer, el padre, murió en 1963. Y el 22 de marzo último,
falleció Margret Wittmer. En 1955 surgió la Pensión Wittmer,
administrada por Floreanita Wittner. Ahora la familia se dedica al
turismo.

¿Fueron espías alemanes? Una versión que contribuyó al misterio

El escritor ecuatoriano Bolívar Naveda sostuvo que el grupo de
alemanes instalado en la isla Floreana pertenecía a una vasta red
de espionaje de Alemania. Dijo -según anota el libro Galápagos,
editado por Científica Latina- que detrás de una apariencia de
excéntricos y naturistas, los germanos estaban encargados de
"hacer sondeos, poner señales, realizar estudios geográficos y
descubrir lugares ocultos apropiados para depósitos de
combustible".

Añade que esos trabajos "más tarde, seguramente, los confirmó el
alemán Von Hgen, detenido por orden expresa del presidente
Roosevelt, en San Francisco de California, por haberse descubierto
sus maniobras de espionaje y comprobado la venta de documentos
sobre Galápagos al gobierno nazi". Las islas son, por cierto,
estratégicas. Pero hay quienes anotan vacíos en la versión de
Naveda. Cuando los alemanes de la Floreana llegaron -entre 1929 y
1932- todavía no funcionaba el Reich de Hitler, que fue el
interesado en la conquista mundial. Alemania estaba en muy difícil
situación económica y política.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los Wittmer se sintieron
vigilados, por su condición de alemanes pero tuvieron mucho gusto
cuando les contaron que el presidente de los Estados Unidos,
Franklin D. Roosevelt, quería conocerlos durante un paseo por las
islas. La sorpresa fue cuando llegó un grupo de tropa, allá por
1947, y buscó en toda la isla y en la casa de los Wittmer. Al
final, un soldado les contó en secreto: "Un informe dice que
posiblemente Hitler está aquí y ustedes le esconden".

La isla tiene 170 kilómetros cuadrados y es la sexta en extensión.
Está en el suroccidente de Galápagos. Tiene zonas áridas y otras
aptas para la agricultura y la ganadería, actividades que ejercen
hoy varios colonos procedentes de Loja. Hay variedad en la fauna y
en la flora.

Conocida es la historia de que la isla fue refugio de piratas y
también fue una colonia penal. En 1869 se adjudicó la explotación
de orchilla (materia prima para pinturas) al español José
Valdizán, quien llevó obreros sacándolos de las cárceles. El
hombre fue acuchillado en un motín.

También fracasó un intento de instalar allí emigrantes noruegos,
entre 1927 y 1929. (Texto tomado de El Comercio)

Ciudad Quito



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