Quito. 8 abr 99. (Editorial) La pintora quiteña Pilar Flores
es uno de esos insobornables espíritus artísticos. Su vida es,
aunque pueda sonar a clisé, la pintura. Y me ha parecido que
las otras actividades en que debe incurrir para efectos de la
vida práctica no son sino extensiones de esa actividad que es
el pilar y sustento de su existencia aquí, en este reino. Por
fortuna, en un momento reciente de nuestra historia, en que se
exigía que los intelectuales y artistas mantuvieran una
determinada posición "comprometida", ella asumió, estoy segura
que de modo perenne, que su máximo y mejor compromiso con el
arte, la ética, la política, es el que mantiene, desde hace
mucho con el arte.

Conocí a Pilar hace cosa de diez años. Ella estaba de vuelta
de alguna de sus incursiones en el mundo europeo. Desde ese
momento, no he dejado de ver sus cuadros con el respeto, la
admiración y la conmoción que un mortal puede experimentar
ante la creación. Estupefacta ante los grandes, enormes,
formatos de colores intensos y violentos. Con el alma en un
hilo frente a sus obras hechas de arenas de colores.
Nuevamente la intensidad, pero acompañada de fugacidad y
fulgor. Sorprendida ante sus dibujos hechos con lápiz, en los
que parece que se estuvieran meciendo las venas y las copas de
los eucaliptos o los cipreses. Fragmentos de árboles.
Fragmentos de vida, imperceptibles.

Siempre recuerdo con humor la vez en que estuve a punto de
derribar su puerta para que me abriera en alguna emergencia
nocturna. Sus hijos Daniel y Cristina me explicaron que era
imposible. Pilar, o María como también se llama, no abre
cuando está haciendo sus ejercicios de yoga. Pilar es de esos
cuerpos que van emprendiendo el camino tenaz, fatigoso al
tiempo que gratificante, de alimentar y cultivar el alma, y de
transitar de un modo consciente y planificado en las rutas del
perfeccionamiento espiritual. Lo hace sin aspavientos ni
poses, pero hay en los ojos y la serenidad de las manos algo
que tiene que ver con el conocimiento profundo. Me parece que
en el caso de ella y su pintura se evidencian búsquedas de
vínculos entre el arte y lo sagrado, lo mítico, lo religioso.

Llegar a la casa de Pilar es descubrir un jardín en medio de
las calles asfaltadas, la contaminación, los pequeños o
grandes hurtos, las veleidades de la moda. Un jardín que
cultiva con la disciplina y la pasión que exigen toda entrega
verdadera al arte. Todos los objetos, en medio de la sencillez
y la sobriedad, parecen haber recuperado, allí, su sentido y
su razón de ser. Nada es vano o vulgar. Y la señora que la
acompaña algunos días a la semana, Sabina, una mujer del
pueblo que parece entenderlo todo y sonreír, prepara en la
cocina la sopa humeante de garbanzos, y los granos integrales
sazonados con hierbas fragantes o algas nutricias. Todo rezuma
sentido. Todo significa.

Pilar Flores inauguró el día de ayer, miércoles, una nueva
exposición, en "La Galería". Cuando he visto sus cuadros, que
no llevan marco alguno ni vidrio, ni título, he sido golpeada.
Hay allí una profunda carga de significación y expresión. La
obra, en la que hay un profundo y sabio trabajo de color,
anima con fuerza nuestra más honda sensibilidad estética.

Se logra una comunicación interna entre las series, y al
interior de estas, y los fragmentos de palabras presentes en
los cuadros no son más que otros signos. Parecería que todo se
sustenta, simultáneamente, en la fragilidad y la fuerza del
ciclo eterno de vida y muerte, y otra vez vida.


POLITICAS PASTORALES PARA UNA CULTURA DE REDIL

Por José Sánchez Parga

Quito. 8 abr 99. (Editorial) En la oración fúnebre a
Pericles, fundador de la democracia en Atenas, el historiador
Tucídides elogia a los atenienses por sentirse orgullosos de
ser el único pueblo gobernado por sus propias leyes e
instituciones, mientras que en los pueblos bárbaros los
hombres eran gobernados por otros hombres.

Esto explica el horror y el desprecio de los atenienses por
los "líderes" o "conductores del pueblo", a quienes llamaban
"demagogos".

Disculparán este recuerdo de los clásicos y el seguir
compartiendo con ellos estas mismas fobias bárbaras, cuando
todavía quedan en nuestro medio tantos filáticos con manías,
añoranzas y carencias de liderazgos en el país. Como si las
amargas experiencias que conservamos de nuestros líderes
merecieran volver a echarlos de menos; cuando en realidad
deberíamos estar muy escarmentados.

Unos se lamentan la falta de líderes políticos y empresariales
y otros se quejan, amargamente, de que los problemas del país
se deben a la ausencia de liderazgos, cuando nunca tanto
político estuvo dedicado a sus empresas ni tantos empresarios
dedicados a la política; y algunos charlatanes, menos
analistas que mercaderes, nos venden la fórmula mágica para
hacer líderes o convertirnos en líderes en cuatro charlas o en
20 lecciones, o a cambio de un postgrado.

Los soñadores o fabricantes de líderes son muy cínicos o muy
inmorales, ya que nunca se preguntan para qué vale un líder.
El mejor líder para ellos es el que mejor convence sin tener
argumentos, el que es capaz de vender cualquier producto o
cualquier causa por mucha porquería que sea; el que es capaz
de conducir a las masas aunque sea para llevarlas a la
desesperación o despeñarlas en el desastre. De hecho, los
grandes líderes en la historia siempre han sido temibles
embaucadores, y siempre han terminado precipitando a sus
pueblos en peores catástrofes de las que los han sacado.

La lógica pastoral de los líderes para conducir a los otros
presupone siempre una cultura del redil. No hay líder sin
rebaño. Esto no cuestiona la "parábola del buen pastor", de
los que daban la vida por sus ovejas. Pero de estos pastores
cada vez quedan menos, si todavía queda alguno; pero en cambio
cada vez hay más borregos en busca de cualquier pastor.
Huérfanos de líderes nos pasamos la vida lamentando su falta,
pero cuando tenemos uno enseguida lo sacrificamos. Nuestra
historia republicana está plagada de estos casos.

Pero lo más trágico es que el de los líderes es un falso
problema. Queremos sustituir con líderes la más absoluta
falencia y precariedad de instituciones. Porque faltan
instituciones, porque las que tenemos no funcionan, oy
funcionan mal o son corruptas, necesitamos personas en lugar
de ellas. Y nuestras instituciones son deficientes, pérfidas y
perversas, porque las mismas personas que desempeñan sus roles
institucionales son incompetentes, no creen en ellas, no se
fían de ellas o se aprovechan de ellas. El problema del
Ecuador no es la falta sino el exceso de líderes; o lo que es
peor, el defecto de instituciones. (DIARIO HOY)(P. 4-A)


LOS LIMITES DE OCCIDENTE

Por Joaquín Hernández Alvarado

Quito. 8 abr 99. (Editorial) En estos días trágicos de la
limpieza étnica en Kosovo, Hamlet se pasea por Europa. Nunca,
una acción política y militar ha recibido tantas críticas,
censuras y advertencias de los propios involucrados en la
"Operación Fuerza Aliada". El resultado es el reino de la
duda, más corrosiva y paralizante, en este caso, que la
cartesiana. Se trata de un Hamlet confundido entre la mala
conciencia, que aumenta cada vez más con los nombres y los
rostros concretos de las víctimas de la masacre, los
imperativos morales de alcance tan universal como abstracto, y
la sospecha de que el cinismo es una vieja serpiente que habla
en nombre de la paz y del consenso, esa "novelería" de las
democracias de los 90.

Es la hora de las soluciones imposibles, irrefutables a nivel
de teoría, imposibles en la hora de realizarlas, por tanto,
perversas en la medida que esconden probablemente el
desinterés o el miedo de asumir compromisos, o simplemente el
no querer saber nada de lo que está sucediendo como lo ha
dicho Jean-Jacques Delfour en "La peur que taraude l1/2Europe"

Es también la hora del retorno de las viejas sospechas como
las que Régis Debray exhumó en su artículo en "Le Monde" al
denunciar la operación de la OTAN como una nueva maniobra
imperial de los EEUU, destinada a consolidar su imperio en
detrimento de una Europa que ha perdido toda iniciativa y a la
que no le queda otro remedio que ser ventrílocua del amo,
gracias al apoyo mediático. Entonces, en otras palabras, le
replica Pascal Bruckner, "gracias a la pequeña Serbia todo el
Viejo Mundo le ha declarado la guerra a EEUU". O algo peor,
como responde a su vez, el filósofo Alain Finkielkraut en otro
artículo: "denunciar la empresa imaginaria de un western sobre
la guerra que ha tenido lugar después de diez años en la ex
Yugoeslavia sin decir una palabra sobre el acontecimiento en
sí mismo". Ironías de la conciencia ilustrada: mientras se
ataca a la OTAN y al belicismo de Washington, más desaparece
Milosevic. Después de todo, ¿quién ha tenido la culpa sino la
OTAN?

Y en cierto sentido tienen razón, no por haber atacado a
Milosevic si no por no haber previsto hasta dónde podía
llegar. Gianni Vattimo, en un artículo aparecido en "Clarín"
de Buenos Aires señalaba que "...en el plano del derecho y de
la ética, ... la acción de la OTAN es totalmente legítima
desde el punto de vista moral" Pero el problema es otro,
indicado a continuación por el autor de "El fin de la
Modernidad": no haber previsto la expulsión masiva de
kosovares a los países vecinos.

Tan cruel como los videos que muestran a los ajusticiados en
Kosovo es el infierno de los campos de refugiados en donde la
podredumbre y la falta de alimentos está empezando a cobrar
las primeras víctimas y en donde ancianos y niños encabezan la
lista. ¿Se pasea Hamlet también en las fronteras de Albania y
Macedonia?

Es muy probable que América Latina, preocupada cada vez más
de la solución de sus problemas, se sienta distante de lo que
está pasando en los Balcanes, sin la perspectiva universal que
tuvo en los días de la guerra civil española. Lamentablemente,
algo es claro: la nueva prioridad económica y de ayuda
humanitaria para Europa y los EEUU en los próximos años será
Kosovo y la problemática zona de los Balcanes.

De una forma u otra, diría el viejo Marx, siempre se participa
en la historia.
(DIARIO HOY) (P. 5-A)


UN TRABAJO FRUSTRANTE

Por Ramiro Ruiz

Quito. 8 abr 99. (Editorial) Lloraba una mujer. El esposo se
unió al llanto. Dos profesores liquidados. Sin dinero para
comprar alimentos, con deudas por pagar. No tienen otros
ingresos. La tendera de la esquina se fastidia cada vez que
cualquiera de los dos va a fiar; ellos se muerden los labios
de vergüenza.

Algunos profesores jubilados se pasean por las calles o en los
parques de Ibarra, hacen de la conversación un recuerdo. A
nadie le interesa esas historias. Pero ellos cuentan que
vendían a don Matamoros los sueldos atrasados tres o cuatro
meses. No había otra manera de vivir.

Una mínima parte de la población comprende la realidad. La
mayoría son analfabetos o viven como analfabetos funcionales.
Por esto los cuentahorristas gritan a favor de un banco que
les arruina. Las bases del movimiento indígena no saben
exactamente por qué destruyen las carreteras. Los profesores
no pueden resolver hasta ahora el problema de la mala calidad
de la educación y la mediocridad como forma de vida. Si a
unos cuantos profesores se les ocurre cuestionar un paro,
viven amordazados de miedo y prefieren el silencio antes de
ser señalados como traidores.

La docencia es un trabajo frustrante. El profesor vive en un
inminente peligro de estancamiento intelectual y económico.
Los profesores rurales con licenciatura reciben 860 mil sucres
líquidos y pagan 100 mil de pasaje. Más de 20 mil profesores
ganan 100 mil sucres mensuales de bonificación. Esta carrera
es desprestigiada y poco atractiva.

Los viejos maestros añoran el respeto y consideración. El
magisterio era el germen del pensamiento nacional. Pero
desgraciadamente hoy no es así; es más bien un sector
manipulado.

Los responsables de la crisis son precisamente los políticos,
el Gobierno débil, los sindicatos y sus dirigentes que
manejan el poder en beneficio de contados ecuatorianos y
restan posibilidades de progreso de la gran masa paupérrima.
Con este grupo de responsables se identifican los maestros.
Es doloroso señalar esta verdad.

Terminó el paro del magisterio. Se amenaza con otro. ¿Por qué
no pensó el Gobierno en solucionar este conflicto desde el 4
de febrero hasta el 25 de marzo? ¿La miseria de los
profesores también sirvió para pagar una parte insignificante
de la deuda externa?

Los profesores no comprenden cómo es posible que el Gobierno
tolere la corrupción y la injusticia. Los políticos inventaron
otra actitud: han desarrollado un alto nivel de imaginación
para politizar la realidad. Y la educación no está libre de
este cáncer.

Otros países no discuten sobre la gobernabilidad o la
reorganización política y administrativa. Plantean cómo
mejorar la calidad de producción de bienes, servicios, ideas,
educación. Aquí, todo está por hacerse. Pero se ha perdido
tiempo en asuntos no prioritarios, y cada semana se busca otro
tema de debate cuando todavía no se encuentran soluciones
definitivas a las causas de la crisis. ¿Es ingobernable el
Ecuador tercermundista y con la corrupción metida en todo el
sistema? (DIARIO HOY) (P. 4-A)
EXPLORED
en Autor: Cecilia Velasco - Ciudad Quito

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