Pequeños refugiados entre la alegría y la tristeza en frontera de Ecuador


Publicado el 23/Febrero/2011 | 11:46

Pese a la aparente alegría que reflejan los hijos de refugiados colombianos que viven en la frontera de Ecuador, los niños acarrean la tristeza por las secuelas del conflicto, en unos colegios con malas infraestructuras.

Bolívar Sánchez, supervisor provincial de escuelas de la provincia de Sucumbíos, explicó que abandonar el país de origen y adaptarse a uno nuevo no es fácil, por lo que los niños "tienen que pasar un proceso de adaptación a su nueva realidad", que influye en su vida diaria, incluso en sus estudios.

Además, según Sánchez, el conflicto armado colombiano deja "desequilibrios emocionales" en los pequeños.

En El Palmar, una comunidad en la AmazonÍa separada de Colombia sólo por el rÍo Putumayo, los niños corretean felices por las calles, pero se aprecia la tristeza en sus ojos cuando hablan de su Colombia natal.

La directora de la Escuela de la Paz de El Palmar, Inés Guerrero, consideró que los hijos de refugiados requieren de atención psicológica, algo que no existe en la comunidad, desde la que se tarda cuatro horas en llegar a la ciudad más cercana.

Precisamente este es el drama de las sociedades acogedoras de refugiados donde, pese a su buena voluntad, las infraestructuras son insuficientes para atender la creciente llegada de personas.

En El Palmar, las cuatro aulas de la escuela albergan a 91 alumnos, en su mayorÍa colombianos, por lo que sus profesores se las ingenian para poder dar clases a todos.

Los maestros dividen las salas con una cortina y, de este modo, pueden enseñar simultáneamente a dos grupos de distinta edad.

Los pequeños colombianos se adaptan bien a sus compañeros ecuatorianos, pero la situación familiar es difícil y, a menudo, pasan su vida entre Ecuador y Colombia, en una frontera muy permeable, pero llena de peligros.

Según Sánchez, esto hace que los refugiados tengan una asistencia "irregular" a clases e impide que reciban "una enseñanza continua".

Plasman esa situación en sus juegos y en una obra de teatro representada recientemente, en la que los menores interpretaban el proceso que siguen los colombianos para conseguir su estatus de refugio.

En la obra, se veía a personas haciendo fila, incluso un inválido, que aguardaban impacientes a que un rudo militar les hiciera pasar una sala donde habÍa unos inspectores.

La obra acabó entre risas y aplausos, entre ellos los del embajador de Brasil en Ecuador, Fernando Simas, y del representante adjunto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Luis Varese, quienes acudieron a El Palmar para inaugurar una nueva aula en la escuela.

Su directora explicó que en el colegio carecen también de material didáctico adecuado o computadoras "actualizadas".

Guerrero aseguró que con la nueva aula, construida por el Acnur con donaciones del Gobierno de Brasil, se podrá atender a parte de la creciente demanda, pues cada año, a mitad de curso "ingresan entre tres y cuatro estudiantes nuevos", sobre todo colombianos.

También destacó la falta de buenas infraestructuras el oficial técnico de proyectos del Acnur, Daladier Anzueto, mientras arreglaba una bomba para hacer llegar agua de un pozo a las letrinas de las escuela.

Hasta ese momento los niños recogían el agua de un pozo con un cubo, para limpiar las letrinas cada vez que las usaban.

Anzueto aseguró que esto es el "pan de cada día" en muchas escuelas de la frontera, donde faltan "baños, sistemas de agua e incluso muebles", por lo que con la construcción del aula y la instalación del sistema de agua se pretende que niños y profesores "tengan una vida un poco más digna".

Guerrero resaltó que el alto nivel de deserción escolar que existe en la zona se debe, entre otros motivos, a la difÍcil movilidad. Además, aumenta cuando los niños tienen que ir a estudiar bachillerato a otras comunidades lejanas, señaló.

"Unos viven río abajo o río arriba, les hace falta gasolina para venir en bote, cuando llueve les proveemos botas, pero a veces se les terminan y vienen sin zapatos", aseveró la directora de la escuela.

Por eso, espera que en un futuro no muy lejano se pueda incluir en su unidad educativa el bachillerato, para que los adolescentes no se vean obligados a desplazarse para estudiar. (EFE)

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