Quito. 10 ene 2002. (Editorial) Y egoísmo de la peor especie, aquel que
corroe el alma de seres pequeños e inferiores. Impedir progresar a otros,
por la equivocada creencia de que, en la medida que estos mejoran o se
benefician, los demás se perjudican, equivale a un complejo y a un
razonamiento absurdo.

No tiene lógica ni sentido la oposición de ciertos legisladores al
proyecto de ley derogando el impuesto de $20 a la salida del país, para
que este sea reemplazado por tasas que cada municipio establezca en los
aeropuertos bajo su control. La oposición la lideran algunos diputados
del PRE y de la DP de Guayaquil y Quito, bajo el argumento de que el
proyecto pretende beneficiar exclusivamente a los aeropuertos de estas
ciudades, que tienen tránsito internacional.

Con ese argumento falaz, pretenden conseguir el apoyo de una mayoría de
legisladores de provincias, que supuestamente serían perjudicadas, al no
contar con aeropuertos de tránsito internacional. Lo irónico e increíble
es que quienes lideran esta oposición son legisladores elegidos por
habitantes de las mismas ciudades, que se verán privadas de la
posibilidad inmediata de mejorar sus actuales instalaciones
aeroportuarias, o de construir a mediano o largo plazo nuevos terminales
fuera de su perímetro urbano.

La verdadera razón de su inexplicable actitud es impedir que los alcaldes
Moncayo y Nebot continúen adelante con su obra pública, y tengan éxito en
sus proyectos de rehabilitar y mejorar a corto plazo sus respectivos
aeropuertos. Es tanto el canibalismo político que no importa que las más
importantes ciudades del país no progresen, con tal de que sus rivales
políticos en cada localidad, el PSC en Guayaquil y la ID en Quito, no
tengan éxito en sus respectivas administraciones municipales.

El país entero viene reclamando autonomías para desarrollarnos, acordes
con la realidad de cada región. Ese es el sentir de la mayoría, y así lo
ha manifestado abrumadoramente el electorado en diferentes consultas
realizadas para el efecto. Sin embargo, resulta incomprensible que los
representantes de esas mismas provincias se opongan a un proyecto de ley
que claramente persigue ese propósito, el de dar autonomía municipal,
para que cada Cabildo se preocupe por desarrollar el turismo, el comercio
y la industria de su región, y sobre todo de brindar mayor seguridad a
las comunicaciones aéreas de cada ciudad. Oponerse es obstruir y
distorsionar las verdaderas y legítimas intenciones de esta reforma
legal.

Igualmente se requiere con urgencia la plena vigencia de una política de
cielos abiertos, para incrementar el número de frecuencias aéreas en los
diferentes aeropuertos del país en condiciones de recibir vuelos
internacionales, que no son exclusivamente Quito y Guayaquil. Varios
lugares, entre ellos Latacunga, Cuenca, Salinas, Manta, Esmeraldas,
Bahía, Machala, Galápagos, podrían constituirse en polos de desarrollo
tanto de turismo como de exportación de diferentes productos de su
región, y cada cabildo deberá preocuparse por conseguir nuevas
frecuencias nacionales e internacionales, dando facilidades a las
compañías que se interesen por volar a cada localidad.

La mayor exportación de bienes y servicios, entre ellos los servicios que
brindan las diferentes actividades comprendidas en la industria del
turismo, darán sustento real al nuevo modelo económico de dolarización,
que por sobre todas las cosas requiere generar mayor ingreso de divisas y
dar empleo a más ecuatorianos. El desarrollo de un mayor turismo interno
es otra forma de ahorrar divisas, de fomentar mayor crecimiento
económico, y también de conocernos y querernos mejor.

E-mail: [email protected] (Diario Hoy)
EXPLORED
en Autor: Luis Villacrés - [email protected] Ciudad Quito

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