Asunción. 28.03.91. Los presidentes de Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay dieron el martes el paso más ambicioso en
los planes de integración latinoamericana, al firmar aquí el
acuerdo de creación del Mercado Común del Sur, que deberá
estar funcionando el primero de enero de 1995.

Pero a pesar del optimismo y gestos triunfales, el Tratado de
Asunción, al cual diplomáticos y hasta gobernantes de los
cuatro países compararon con los instrumentos que dieron
origen a la Comunidad Europea, de momento sólo resolvió
acuerdos concretos en rebajas de aranceles comerciales
cuatripartitos.

El resto de los temas --quizás los más delicados-- que
conforman un Mercado Común, entre ellos la coordinación
macroeconómica y financiera o la unión aduanera hacia terceras
naciones, todavía no empezaron a discutirse, cuando faltan 45
meses para la proyectada "inauguración" del Mercosur.

El Tratado firmado por el argentino Carlos Menem, el brasileño
Fernando Collor de Mello, el paraguayo Andrés Rodríguez y el
uruguayo Luis Lacalle oficializa la intención de crear un
Mercado Común cuyos socios absorben el 51 por ciento del
poderío económico total de América Latina y el Caribe, según
estadísticas del BIRF.

Sin embargo, esos mismos estudios demuestran que el Mercosur,
con una superficie que quintuplica a la Europa Comunitaria y
una población que equivale a la de Francia, Italia y Alemania
en conjunto, apenas reúne un producto Bruto similar a la suma
de Dinamarca y el Benelux.

Una estadística que, a juicio de muchos, demuestra con inusual
brutalidad la minusvalía económica de todo un subcontinente, y
a la que se remitió el presidente uruguayo Luis Lacalle
-aunque con otras palabras-, al rechazar de plano las
potenciales críticas seudo nacionalistas opuestas a la
integración.

"El nuevo nombre del nacionalismo es la prosperidad", enfatizó
Lacalle quien poco antes se había "presentado" como el
presidente del país más pequeño del acuerdo y que sin embargo
aceptaba con "alegría" el desafío.

La integración "se encara en pos de la eficiencia y no por el
idealismo", sentenció Carlos Menem y, rápidamente, Fernando
Collor de Mello coincidió de inmediato en que esta "no es una
obra retórica ni decorativa para el Cono Sur".

Estados Unidos es uno de los que apoya con entusiasmo al
Mercosur -el propio embajador de Washington en Asunción,
Timothy Towell, estuvo presente en la firma y formuló
distintos elogios- mientras que Los Doce Europeos se
congratularon este martes públicamente por la iniciativa
sudamericana. Es que, en definitiva, todos los analistas y
diplomáticos coincidieron en admitir que aunque falta mucho
por hacer, "por algún lado se debe comenzar".

Fue el presidente anfitrión, el general de ejército Andrés
Rodríguez -quien lidera una dificultosa transición hacia la
democracia tras 35 años de dictaduras- quien con tajante
autocrítica señaló que el trabajo "recién comienza". Y, por
las dudas, subiéndose al carro de las nuevas corrientes que
predominan en América Latina, advirtió que el éxito del
Mercosur "depende también de la creatividad de los
empresarios", y no sólo de lo que hagan los gobiernos.

Durante la corta ceremonia de apenas una hora para la firma de
documentos y los cuatro discursos presidenciales --todo un
récord en un continente más proclive a la verborragia que a la
ejecutividad-- hubo espacio, incluso, para un mensaje del jefe
de Estado chileno Patricio Alwyn, insistentemente cortejado
por "Los Cuatro" para obtener su adhesión. Alwyn elogió la
iniciativa y se limitó a anunciar su decisión de estrechar los
vínculos entre Chile y "este nuevo esfuerzo de integración",
cuyos responsables idearon una serie de cláusulas que durante
los siguientes cinco años únicamente habilitarían a Chile para
ingresar al Mercosur.

De todas maneras el conclave en la Sala de Convenciones del
Banco Central dejó como primer saldo la ratificación de la
voluntad política en avanzar hacia la integración, y
estructuradas rebajas de derechos aduaneros hasta su anulación
total entre los cuatro países el primero de enero de 1995.
Pero también dejó a cuatro Presidentes tomados de las manos en
alto. Eran los jefes de Estado de los cuatro países que hace
120 años terminaban, aquí en Asunción, la guerra de exterminio
más sangrienta de América Latina y en la cual Argentina,
Brasil y Uruguay dejaron convertido a Paraguay en tierra
arrasada donde no sobrevivió ningún hombre mayor de 15 años.

"Hoy se firmó la última acta de paz de la guerra de la Triple
Alianza. Ahora comienza la guerra contra la miseria, la
desnutrición infantil y el analfabetismo", se escuchó en la
Sala de Convenciones de boca de un diplomático. (AFP) (A-2).
EXPLORED
en Ciudad N/D

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