Guyaquil. 17 ene 99. En los cantones de provincias la
prostitución de menores se está incrementando. Las menores
ingresan a un mundo de burdeles y cantinas donde son sometidas
a una vida amarga que las convierte en madres prematuras o que
las lleva al aborto.

Menores de edad son llevadas a la prostitución por familiares
cercanos e inclusive por padres de familia. Las menores son
las más deseadas y las mejor pagadas en los prostíbulos.

TALI SANTOS

Elizabeth dice que tiene 18 años, cumplidos en diciembre,
aunque su rostro refleja menos edad pese al abundante
maquillaje de tonos fuertes que lleva sobre su rostro y a las
huellas que le deben haber dejado los dos últimos años en los
que se ha dedicado a la prostitución.
A esta adolescente la encontramos el miércoles en un
prostíbulo de la provincia de Los Ríos.
En el lugar -al igual que en todos los de esta clase que
recorrimos- el tono rojo de las luces crea un ambiente donde
comparten el cerrado espacio y un hedor particular, hombres de
todas las edades dedicados a consumir alcohol hasta el
cansacio y mujeres dispuestas a satisfacerles "sus
necesidades", como ellas describen su trabajo.

Recostada sobre la cama de uno de los pequeñísimos cuartos del
prostíbulo (apenas entra una cama de una plaza, una ducha y un
sanitario) nos comentó, entre sonrisas, sobre sus metas en la
vida: permanecer "en esto solo un año más, el tiempo
suficiente para hacer algo de dinero para retirarme".

Para Elizabeth los trescientos mil sucres que gana diariamente
por unos 6 a 8 puntos (ocasiones en las que tiene relaciones
sexuales con un cliente), son actualmente, para ella, una
buena razón para mantenerse en este negocio.

Pero la razón por la cual cual se inició en él fue la
influencia de un novio policía que tenía hace años y al cual
conoció en Milagro, de donde es oriunda. "El me obligó a
entrar en esto y me maltrataba, por eso lo dejé enseguida",
comenta en tono de despecho.

Pero lo que no dejó fueron los prostíbulos. Aunque, según
relata la joven, su padre denunció inicialmente al corrupto,
con el paso del tiempo, en su casa aunque reniegan de vez en
cuando de su oficio, ya se han acostumbrado a recibir el
dinero que ella lleva cada vez que regresa a Milagro.

Las mejor cotizadas

Menores de edad convertidas en prostitutas por sus propios
padres, familiares o conocidos, formando parte del oscuro
mundo de los burdeles y cabarets, es un problema social que va
adquiriendo dimensiones incrontrolables en Ecuador.

"A las menores de edad se las encuentra en cualquier
prostíbulo, sobre todo en los pueblos, donde comienza todo,
pero también en la ciudad donde están un poco más escondidas",
dice Narcisa Avilés, presidenta de la Asociación 1o. de
Agosto, la organización que en la provincia del Guayas
representa a 3.000 trabajadoras sexuales y que conoce de cerca
todo lo que ocurre al interior de estos establecimientos donde
se negocia con el placer sexual.

En Babahoyo, donde hay prostíbulos inclusive a la orilla del
río, la propietaria de un cabaret nos comentó que ella va a
buscar mujeres para su establecimiento donde entregan los
carnets profilácticos y que ahí es común encontrar a
muchísimas menores de edad.

Verónica, una joven de 19 años que ya tiene 3 años trabajando
en prostíbulos y cuyo primer cliente fue inspector sanitario,
dijo que ella fue inducida a esta vida por su hermana mayor.
"Ella me dijo que me iba a llevar a Santo Domingo de los
Colorados, donde vivía mi mami, pero nos quedamos en La
Concordia, ahora tengo un marido, pero no estoy bien y por eso
cuando me siento mal le hecho la culpa de todo lo malo que me
ha pasado, de estar aquí y de haberlo conocido a él".

La directora de la Casa María José del Ministerio de Bienestar
Social, en Guayaquil, Mónica Pomo, donde acuden las niñas en
tránsito remitidas por la Brigada de Menores de la Policía
Nacional, comenta que algunas de las que llegan hasta ahí por
prostitución revelan que sus padres o familiares tienen mucho
que ver en la corrupción de la que son objeto.

Según los registros de la casa de rehabilitación María José,
entre octubre de 1998 hasta el 12 de enero del presente año
habían ingresado 22 menores por prostitución.

Para los dueños de prostíbulos las menores de edad son
sinónimo de ingentes ganancias, pues son las más apetecidas
por los clientes, quienes están dispuestos a pagar hasta 10
veces más que por una trabajadora sexual mayor de edad. "En
Esmeraldas había un caso de unas niñas donde el dueño cobraba
al cliente 300 mil sucres por permitirle tener relaciones
sexuales con una niña, él se quedaba con 100 mil y a la niña
le daba 200 mil. Las menores comentan que diariamente hacían 4
o 5 puntos", refiere la encargada de entrevistar a las jóvenes
en la Casa María José.

Cuando son llevadas hasta este lugar las menores comentan que
ellas no utilizan ningún método anticonceptivo -muchas no
saben qué es eso- por lo que son madres tempranamente, o han
abortado en muchas ocasiones.

Problema social

Este problema social se origina en los núcleos familiares y
afecta a una parte representativa de la población. Un proyecto
de adolescentes en riesgo, preparado por la Subsecretaría de
Bienestar Social del litoral revela que la población
ecuatoriana comprendida entre los 10 y 17 años representa el
45% del total de la población, de los cuales el 60% vive en
condiciones de riesgo, por cuanto reside en sectores
peri-urbanos de las grandes ciudades, con el denominador común
de la pobreza, carencia de servicios básicos o desintegración
familiar.

Un reflejo de esta última causa se advierte en las menores que
llegan hasta la Casa María José, muchas de las cuales no han
sido inscritas, o han sido reconocidas por el padrastro o
llevan únicamente el apellido de la madre.

Muchas son portadoras de enfermedades venéreas, sobre todo
cuando son muy jóvenes (12 o 13 años), pues no pueden obtener
carnés profilácticos en los Centros de Control que los
expenden, aunque también estos documentos puedan ser
fácilmente falsificables.

Por la coima en los mismos centros de control o en otras
instituciones como el Registro Civil, las menores adquieren
documentación falsificada para poder ejercer la prostitución.
"El Registro Civil tiene mucho que ver con esto, pues ahí se
alteran documentos para este trabajo y para otros intereses",
dice la representante de las trabajadoras sexuales.

Ella responsabiliza a los propietarios de los prostíbulos de
aceptar a menores de edad en este oficio. "Ellos no tienen
derecho a dañarles la vida de esa manera", dice.

Las menores que son utilizadas en la explotación están
expuestas a todos los problemas que acarrea el trabajar en un
prostíbulo. La presidenta de las trabajadoras sexuales asegura
que los atropellos de parte de la policía han disminuído, pero
de parte de los clientes "siempre tienen que aguantar ciertos
abusos", dice.

Por los controles que ocasionalmente realiza la Policía las
menores de edad trabajan en lugares donde no hay un salón de
bebidas, sino únicamente cuartos que pueden pasar
desapercibidos en cualquier edificio.

Cuando trabajan en burdeles, a su temprana edad, se ven
inmersas en redadas policiales o de salud y a otras
experiencias como los maltratos de clientes ebrios que las
denigran. "Por la organización que hemos logrado con los
propietarios de los establecimientos y la policía, los
atropellos ya sea ha calmado un poco, pero el problema surge
cuando se permite la prostitución a mujeres sin carnés y sin
documentos o menores de edad", sostiene Narcisa Avilés.

Según nos dijeron tres jóvenes que bailan en un prostíbulo y
que dicen no ser prostitutas, cuando hay redadas cae todo el
mundo y son maltratadas y como dice una de ellas "algunas
tienen que estar con unos cuantos policías para que las dejen
libres".

La semana pasada encontraron en un cabaré a cuatro menores que
tenían 13 años, que estaban siendo explotadas en la
prostitución. La propietaria del lugar, Juana Lupe Vera, es
tía de una de las menores prostituidas. Como consecuencia de
esta actividad las cuatro ya son madres.

Escasa la asistencia gubernamental y judicial

El Instituto Nacional del Niño y la Familia INNFA realiza un
programa de Protección y escolarización para niñas y niños que
trabajan (PNT), en varias ciudades de la Regional 2. Uno de
los trabajos peligrosos que se tratan es, precisamente, la
prostitución.

Entre los sectores intervenidos por el PNT y donde se focaliza
la ayuda están los prostíbulos y bares de Quevedo, Santa Rosa,
Huaquillas y la calle Salinas en Guayaquil.

Pero la ayuda es mínima para la dimensión del problema. Aunque
el Reglamento General al Código de Menores, dice en su
artículo 66 que "es obligación de los organismos
gubernamentales y no gubernamentales emprender y desarrollar
programas de prevención de la explotación sexual de menores" y
además brindar asesoría y tratamiento de los menores que
desarrollen actividades de este tipo, la asistencia
gubernametal no existe.

No hay recursos

La Casa María José, en Guayaquil, conocido como el Hogar de
Tránsito para niñas, está en crisis económica. El lugar consta
de un gran salón donde están 10 estrechas camas muy antiguas,
una mesa con unas 4 sillas y un sofá en mal estado con unos
tres muñecos de peluche medio rotos. El sitio tiene problemas
de alcantarillado y la estructura del edificio no está en
buenas condiciones.

Las menores que se encontraban ahí cuando las visitamos
estaban leyendo, como parte de las actividades que las
trabadoras sociales les encargan. Pero su material de lectura
eran un folleto del Municipio de Guayaquil y un diccionario.
"Aquí no tenemos libros, las señoritas que trabajan aquí traen
de sus casas algunas revistas para distraer a las niñas", dice
la directora de la Casa, María Pomo.

Por su parte el Subsecretario de Bienestar Social, Alvaro
Luque sostiene que "solo tenemos acceso a estos jóvenes cuando
hay los operativos policiales, porque desgraciadamente la
gente no denuncia, porque no podemos saber quienes están
dentro de los prostíbulos. Para ello tendríamos que visitarlos
constantemente, pero por falta de recursos económicos y de
personal no los podemos realizar".

"Ellas llegan hasta nuestros hogares, de acuerdo a los partes
que hace la brigada de menores. Según la gravedad de los casos
debe haber un trabajo de rehabilitación y de reinserción, para
que el menor pueda volver a la sociedad, con una capacitación
básica. Pero esto no ocurre porque no tenemos los medios y sin
esto no podemos hacer nada. Aquí el joven entra y vuelve a
salir, solo es un trámite que se cumple".

Los artículos 521 y 522 del Código Penal establece sanciones a
los corruptores de menores. "El que hubiere atentado contra
las buenas costumbres, excitando, o facilitando habitualmente
el libertinajeo corrupción de los menores de uno u otro sexo,
será reprimido con prisión de dos a cinco años, si los menores
tuvieren catorce años o más; y con tres a seis años de
reclusión menor, si los menores no han cumplido dicha edad y
con cuatro a ocho años de reclusión menor, si el menor no
llegare a doce años de edad", pero los cabarets y clubes tanto
en las ciudades grandes, como en los pequeños mantienen a
menores dedicadas a estas actividades.

La presidenta de la organización de trabajadoras sexuales del
Guayas, Narcisa Avilés, sostiene que es necesario que se
realicen batidas como se realizaban anteriormente, para
detectar la presencia no solo de menores de edad en
prostíbulos, sino de las trabajadoras que cuentan con los
controles sanitarios necesarios.

El Jefe del Centro de Control No. 2 de enfermedades de
transmisión sexual, Jovany Fuelmayor, señala que la falta de
decisión de las autoridades anteriores, para la realización de
este tipo de operativos ha impedido controlar a los
establecimientos, donde laboran al menos 6.000 trabajadoras
sexuales mayores de edad, según los registros de este centro.
(Texto tomado de El Universo)
EXPLORED
en Ciudad Guyaquil

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