Cuenca. 29.08.93. Todos los fines de semana durante dos años y
medio, Susana González de Vega, recorrió los cantones, parroquias
y anejos del Azuay para registrar y estudiar las festividades
religiosas populares de la zona. Sola enfrentó las peripecias
típicas de nuestras carreteras, el quedarse desamparada a causa
de alguna avería en el auto, la irresponsabilidad de taxistas y
transportistas y a los ebrios, inevitables justo en situaciones
de fiesta. "No es nada fácil". Dice que lo que más sintió era
dejar con tanta frecuencia a su familia, "que por suerte conoce,
comprende y respeta las inquietudes e intereses que tengo".

En los primeros cinco meses, Susana González hizo un calendario
de 531 fiestas religiosas en el Azuay, el más completo que se
haya realizado hasta ahora. Posteriormente volvió a visitar cien
de estos lugares para estudiar las celebraciones con detención,
reunir testimonios de la gente, tomar fotos. Delicada tarea la de
"introducirse en la vida íntima de los demás, hacer preguntas
sobre temas religosos".

Tras una pausa impuesta por su actividad política, Susana
González escribió una tesis de doctorado basada en estas
investigaciones de campo, titulada "Tradición y cambio en las
fiestas religiosas del Azuay", cuya publicación acaba de
recomendar la Universidad de Cuenca. El trabajo confronta y
compara los elementos tradicionales de las fiestas con los
cambios que han sufrido y aborda sin remilgos las causas
económicas, sociales, sicológicas, religiosas y políticas de las
transformaciones.

Tradicional, cruenta y atractiva

Describe también las más importantes fiestas, desde la del Toro
de Girón, una de las más tradicionales, cruentas y visitadas de
la zona, hasta la "moderna" batalla campal en el recinto de La
Caldera. La primera, por ejemplo, irrepetible por sus
complicados rituales y relaciones sociales, se celebraba antes
durante un par de fines de semana mientras dura ocho semanas
consecutivas, de lunes a domingo. Gracias a la generosidad de los
emigrantes a Estados Unidos, la gente de girón mata y come en
esos días entre tres y cinco reses por semana. En la Caldera son
los emigrantes a la Costa y sus descendientes "monos" los que
participan en la "guerra" contra los que se quedaron en casa.

Esta representación preparada y coordinada con mucha anterioridad
se realiza desde hace 40 años y cada vez tiene como motivo un
tema actual de las noticias internacionales: la captura de
Noriega, la guerra del Golfo, etc.

"La tradición coexiste de forma relativamente armónica con los
cambios que se han operado en las fiestas. Si bien no encontré
una fiesta absolutamente tradicional, tampoco hallé una fiesta
que haya cambiado totalmente". No sólo el cura, el maestro del
pueblo, el político y las sectas religiosas atentan contra la
fiesta, también los planificadores, que desproveen al pueblo de
su centro original y desplazan a las escaramuzas a una pampa
lejana e inapropiada.

Lolita y sus alondras coloradas

Apartándose un poco del rigor de la sustentación oficial de la
tesis, Claudio Malo, miembro del Tribunal, conversó para HOY con la
autora sobre este tema que apasiona a los dos.

Claudio Malo: En los últimos 50 años se ha acelerado la migración
del campo a la ciudad. Se podría pensar que este sistemático
despoblamiento del campo puede terminar con las fiestas
religiosas en el sector rural.

Susana González: Especialmente la gente jóven, que está sujeta a
nuevos tipos de experiencias, cuando regresa a sus pueblos es
portadora de los cambios. Pero de todas maneras subsiste un gran
interés por mantener las fiestas, porque es el momento del
reencuentro con la familia, del fortalecimiento de las relaciones
primarias debilitadas por el ausentismo.

C. Malo: Hace algunos años se estableció que el cuarto rubro de
ingreso de divisas del país, luego del petróleo, el banano y el
camarón, era producto de las remesas que mandaban los llamados
"residentes" de Estados Unidos a las provincias del Azuay y
Cañar, lo que demuestra que quien emigró aún mantiene algún tipo
de interés por su tierra. ¿Ha incidido esto en la participación
del migrante en la fiesta religosa?

S. González: Los migrantes tienen una doble actitud ante las
fiestas. Son los mayores agentes de cambio, porque han
introducido una serie de elementos nuevos como presentaciones de
vedetes - recuerdo, por ejemplo, la participación de "Lolita
Aguavil y sus alondras coloradas" en una de las fiestas populares
- cantantes, artistas de moda, pero a la vez se sienten
orgullosos de las tradiciones, que quiere transmitirlas a sus
descendientes. Por un lado está su fé. Regresa a su tierra por
cumplir una manda con el Señor o con un Santo que le facilitó
llegar a Estados Unidos y por otro ¿qué mejor momento que la
fiesta para demostrar sus nuevos símbolos de poder y prestigio?

En su lugar recibe un trato especialísimo de parientes y amigos,
lo cual hace que sea muy ostentoso en los gastos que realiza para
las fiestas. Gracias a ellos se pueden mantener muchas fiestas,
porque ellos las auspician y financian en condición de priostes.

Cultura, una totalidad

C. Malo: Hay quejas de que la cultura popular no goza de una
promoción por parte del Estado.

S. González: No hay ningún tipo de promoción, peor financiamiento
de la cultura popular ni de su máxima expresión, las fiestas
religiosas. Los únicos encargados de su desarrollo,
fortalecimiento y promoción son los propios habitantes, los
propios campesinos, que viven su cultura como una totalidad en la
que nada está separado y la religión es parte integral de esta
unidad. El hecho religioso es social, cultural, económico,
político. Por eso son los priostes los encargados del
financiamiento de sus propias fiestas. Y no ocurre como la
mayoría de gente cree que el gasto de la fiesta empobrece
completamente al campesino. En las fiestas, los campesinos tratan
de cumplir los ideales comunitarios de que el que más dinero
tiene debe compartir con el resto.

C. Malo: ¿Asignaciones del Estado para fiestas religiosas
concretas afectarían este sentido de propiedad? ¿Robustecería y
distorcionaría la fiesta?

S. González. Podrían debilitarla. De alguna manera sería una
agresión y podría hasta corromper la fiesta religiosa.

C. Malo: ¿Estos largos años de investigación, estos enormes
esfuerzos, te dejan optimista o pesimista con respecto al futuro
de la fiesta campesina religiosa en nuestro medio?

S. González: Me desconcierta y preocupa mucho el hecho de que
fuerzas extrañas, agentes ajenos a la cultura campesina, no hablo
de los emigrantes, sean los encargados de cambiar las fiestas.

Podría recomendar que respetemos esa cultura y que sean los
propios dueños de esa cultura los que, cuando vean que no tienen
las condiciones económicas necesarias o porque el proceso de
secularización es muy fuerte, las dejen debilitarse y
desaparecer. Sin embargo, creo que las fiestas continuarán por
encima de todos los cambios que se puedan dar.

Testimonios:

"Si no hubiera la fiesta, nosotros no regresaríamos a la tierra,
porque vivimos 20 años en Estados Unidos, nos hemos acostumbrado
a todo lo de allá. De acá no nos interesa nada, sólo esta
fiesta."

"Yo vivo en Nueva York, llegué ayer sólo para pasar la fiesta.
Así le ofrecí al Señor de Girón. Como sí cumplió, aquí estoy,
para cumplir la palabra que le ofrecí. Enseguida de la fiesta me
regreso nuevamente".

"Nos gusta la fiesta religiosa, porque une a la gente y a los
residentes en Guayaquil, Estados Unidos y otras partes con su
tierra".

"Yo no vengo por devoción, sino por ver a los parientes, amigos y
sobre todo por sobresalir y, si lo consigo, mis parientes me
llenan de atenciones".

"Antes eran mejor las fiestas, porque habían más distracciones,
disfrazados, contradanzas, curiquingas, osos, perros, monos,
viejos. Eso gustaba mucho a la gente. Era linto, se hacía chicha,
se daba un canelazo, porque ¿cómo se ha de divertir la gente con
la boca seca?"

"Cómo no nos ha de gustar la fiesta, si es el único rato en que
nos vemos todos, hacemos una broma, tomamos un traguito, nos
enteramos de lo que pasa al resto".

"Antes eran mejores las fiestas, pero desde que llegó el nuevo
Padre, se jodió todo".

"Los padrecitos nos dicen tantas cosas raras, que no sabemos qué
hacer, pero el que está ahora, sí nos hacer rezar y nos habla de
Dios, él sí es católico, el otro sí qué también sería".

"Hay menos gente, porque muchos se han hecho protestantes y
critican todo lo que hacemos. Cuando algo nos pasa, nos dicen:
"Ya llamen pues al Santo, a ver si les hace el milagrito".

"Diosito mismo nos devuelve todo lo que hemos gastado. Con la una
mano nos quita y con la otra nos da a manos llenas". (3-C)
EXPLORED
en Ciudad N/D

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