La TroncaÑ Convive Con Un Conflicto De 6 AÑos


Publicado el 27/Julio/2000 | 00:00

Cuenca. 27 jul 2000. 3 560 ex trabajadores de la empresa aún
reclaman indemnizaciones. 851 jubilaciones no pueden tramitarse
mientras no se solucione el problema laboral.

El traspaso a manos privadas de Aztra, que era una suerte de motor
económico de la zona, le cambió la vida al cantón La Troncal, de
la provincia de Cañar. Además, se convirtió en la otra cara de la
medalla de la privatización.

La venta del entonces ingenio Azucarera Tropical Americana (Aztra)
adquirido por Roberto Isaías Dassum (quien canceló 100 mil dólares
como parte de pago), dejó en la desocupación a 3 560 obreros.
Además, se cambió la razón social a Ingenio Azucarero La Troncal,
su nombre actual.

Los ex trabajadores de Aztra aducen que esta decisión laboral tuvo
secuelas. Con este argumento, seis años después, aún reclaman una
mejor indemnización. La semana pasada, por ejemplo, protagonizaron
una más de sus protestas cuando intentaron bloquear el ingreso al
Ingenio, pero fueron desalojados con gases lacrimógenos por la
Policía.

Desde que Aztra dejó de funcionar, aquel emprendedor cantón La
Troncal perdió cierto dinamismo económico. Atraídos por la
posibilidad de empleo, antes llegaban trabajadores de Azuay,
Cañar, El Oro, Chimborazo y de otros sectores, lo que permitía un
gran movimiento comercial de la zona.

Cuando se dio el cambio, los negocios que florecieron alrededor de
Aztra se fueron a pique. De las 40 fondas que atendían a los
comensales, 32 cerraron. Igualmente, cayeron los arrendamientos.

La mayoría de los 24 mil habitantes ya no tenía el suficiente
dinero para comprar como cuando trabajaban en uno de los mayores
ingenios del país.

Algunos prefirieron regresar a su lugar de origen. Los más
arriesgados, alrededor de 500, emigraron a España o Estados
Unidos. Incluso, son quienes en los últimos dos años empezaron a
permitir cierta recuperación con el envío de remesas.

Los que se quedaron todavía no olvidan cómo se fue convirtiendo en
un pueblo con un elevado auge delictivo.

En todo caso, los troncaleños tuvieron que ingeniarse mil y una
estrategias. Miguel Quizhe, por ejemplo, aprendió a hacer pan.

Él insiste en que jamás imaginó lo que le iba a suceder, cuando en
1969 llegó desde Biblián para trabajar en Aztra. Menos aun cuando
en 1974 ingresó a la planta y ocho años después le ascendieron
para que ocupe el cargo en el Departamento de Investigaciones
Agrícolas de la empresa.

A sus 66 años, Leonel Peñafiel sobrevive con los ingresos que le
deja el alquiler de su camioneta de carga. Cuenta que con la misma
valentía con que resistió la masacre de sus compañeros del 18 de
octubre de 1977, hoy logra mantenerse activo.

Otros optaron por adquirir pequeñas parcelas de tierra para
cultivar huertas de arroz, tomate, maíz, cacao... Ese se ha
convertido en el único medio de sustento y ayuda para la educación
de sus hijos. No obstante, algunas familias, a causa de la
penuria, han retirado de las escuelas a sus críos.

Pero la mayoría no tuvo igual suerte que quienes empezaron una
nueva actividad. En la actualidad, 70 por ciento está en la
tercera edad.

Especialmente, a los ex trabajadores que sufrieron accidentes
laborales les resultó más difícil encontrar una alternativa de
trabajo. Uno de los que no pudo marcharse es Gabriel Arévalo.

Ni las profundas huellas marcadas por sus 67 años impiden que este
hombre empuje, todos los días, su triciclo-cargador. Tampoco puede
dejar de hacerlo si es su único medio de subsistencia desde que
fue despedido, el 13 de julio de 1994.

En la mente de don Gabriel aún están presentes los recuerdos de
aquel fatídico 19 de diciembre de 1990 cuando se fracturó la
pierna derecha, mientras embarcaba los sacos de azúcar. A pesar
que permaneció casi un año hospitalizado, hoy cojea al caminar.

Sin embargo, todos los días, desde las 06:00, recorre
pacientemente las polvorientas calles de La Troncal, cantón que
está hacia el lado de la Costa, en busca de nuevos clientes. En su
singular transporte de carga se ofrece para trasladar las compras
de las amas de casa, materiales de construcción o hasta personas
que no quieran caminar, a cambio de apenas 3 mil o 5 mil sucres
por cada flete.

Pero en todo el día no logra reunir más de 20 mil sucres,
insuficientes para mantener a su esposa, María Dolores Pérez, de
60. La competencia es alta ya que la mayoría de los que se
quedaron en la desocupación optó por comprar un triciclo-cargador.

Gabriel Arévalo tampoco puede acogerse a la jubilación del
Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Su solicitud,
junto a otras 850, no puede ser tramitada mientras no se solucione
el conflicto laboral.

Los ex trabajadores de Aztra aseguran que a ninguno se le permitió
reincorporarse a las actividades, a pesar de su experiencia en el
proceso. A cambio, "prefirieron contratar a personal inexperto",
con sueldos bajos y sin afiliación al IESS, en desmedro de la
calidad productiva.

Perdidos entre los cañaverales se encuentran jóvenes trabajadores
que ven desde los 13 a los 14 años, empeñados en cumplir con la
zafra. Cada uno percibe 19 500 sucres por tonelada de caña cortada
y acumula entre 5 y 6 toneladas diarias.

Pero la versión de los personeros del Ingenio La Troncal es
bastante diferente. Ellos desmintieron que se hubiese bloqueado
las reincorporaciones del personal cesado. Fernando López Romero,
superintendente de Campo y Transporte, aseguró que el 60 por
ciento de los 1 800 obreros contratados para la actual zafra son
del propio lugar.

No obstante, reconoció que la migración causó un alto déficit de
mano de obra, viéndose en la necesidad de traerla de El Oro,
Manabí y Chimborazo.

Juan Hidalgo, representante del Departamento Legal del Ingenio La
Troncal, insistió que sí se contrató a varios ex trabajadores de
Aztra, aunque sin garantizarse la continuidad laboral.

Según José Burgos, secretario de la Asociación de ex Trabajadores,
en la actualidad, de las 13 mil hectáreas de caña 5 mil no sirven
por falta de mantenimiento. Además, la caña apenas alcanza los 11
grados de pol (azúcar), lo que da un rendimiento de solo 80 y 85
libras por tonelada. Lo normal es de 17 a 21 grados y 2,70
quintales por tonelada. (Texto tomado de El Comercio)

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