Quito. 27.01.91. Una orden del Comando Conjunto de las
Fuerzas Armadas, ha dado un giro de noventa grados a la labor
que desempeña el ejército ecuatoriano en las zonas rurales del
país.

Desde agosto del año pasado, pocos meses después del
levantamiento indígena, el accionar parece haberse modificado
en lo que se refiere al trato y a la relación que mantenía y
mantiene el ejército con las comunidades de la provincia de
Chimborazo.

Una repentina apertura que, como dijo un oficial, "haga que
las Fuerzas Armadas contribuyan de manera directa en el
desarrollo social del país".

HOY realizó hace algunos días, un recorrido por esa provincia
-que tiene la mayor población indígena en el Ecuador- con el
objeto de constatar una serie de denuncias sobre la
militarización de las zonas indígenas.

En gran cantidad de comunidades -la mayoría de ellas
evangelistas (hay una tendencia muy marcada entre los
indígenas de esa provincia hacia esa religión)- los militares
están presentes, pero trabajan como profesores. Según lo que
se pudo observar, se trata de militares desarmados, con grados
entre soldados rasos y cabos, que prestan sus servicios en las
escuelas de varias comunidades.

"Si a esta labor de ayuda se la llama militarización, entonces
si estamos militarizando las comunidades", manifestó el mayor
Oscar Salazar, quien tiene a su cargo el programa de ayuda a
las poblaciones indígenas de esa provincia.

El militar exhibió, en su oficina de la Brigada Blindada
Galápagos en Riobamba, cientos de solicitudes enviadas y
firmadas por los presidentes o representantes de las
diferentes comunidades, con peticiones de todo tipo.

Una labor de acercamiento

El ejército ha iniciado una labor de acercamiento, que en
Chimborazo está a cargo de la Brigada Blindada Galápagos, pero
que encuentra como principal obstáculo un resentimiento de
varios siglos y que se resume en una frase: "Por qué vienen
ahora y no antes". Lo que sucede es que la confrontación que
siempre ha existido entre los indígenas y la sociedad entera,
y que se traduce en la marginación, ha hecho de los indios
personas desconfiadas.

No creen por obvias razones en los terratenientes, tampoco
confían o no esperan mucho de la labor que pueda hacer el
Gobierno en su beneficio y mucho menos en el ejército que fue
el encargado de controlar y reprimir el último
levantamiento.

Según cuenta Salazar, el inicio de la labor de acercamiento
fue difícil porque los indígenas se mostraban desconfiados y
temorosos, "pero poco a poco, primero con regalos y luego con
ayuda fuimos ganando su confianza". Ahora, según dice,
trabajan en alrededor de 760 comunidades de las más de 1400
que tiene la provincia de Chimborazo.

A todo esto hay que añadir que el uniforme militar no es bien
visto en un gran porcentaje de las comunidades indígenas de
los andes ecuatorianos y menos desde el levantamiento de
junio del año pasado y a eso se debe, en parte, la dificultad
de la labor que ha emprendido el ejército desde hace algunos
meses.

Entre las comunidades que visitamos están San Guisel ubicada a
una hora de Riobamba, Santo Tomás y Salarón, también cercanas
a esa ciudad. Viajamos a Chaullabamba en el cantón Chunchi (a
dos horas de Riobamba) y Tapai Cochapamba en el mismo
cantón. La visita incluyó además comunidades en las cuales los
militares no han sido aceptados, como Charrón y Chimbalaunag
en Chunchi, en donde los indígenas -niños y adultos-
rechazaron la colaboración y regalos de los militares y en las
cuales pudimos mantener un interesante diálogo con los
pobladores, que narraremos más adelante.

En las primeras comunidades, el ejército colabora con una
brigada médica que recorre mensual o quincenalmente la zona,
materiales de construcción, víveres, material didáctico para
las escuelas, profesores y maquinaria para la realización de
obras de infraestructura.

El servicio médico es gratuito en la mayoría de los casos,
"pero tratamos de cobrar a los indígenas una cantidad mínima
para no acostumbrar a la gente a un paternalismo", afirmó
Salazar.

Quizás lo más interesante de esta visita fue observar como dos
grupos sociales, considerados desde hace mucho tiempo como
incompatibles, pueden a través del diálogo llegar a un
acuerdo.

Aún subsisten y seguirán habiendo rencillas y malos entendidos
entre indígenas y militares, pero se ve que la fuerza no
siempre se impone a la razón.(6-A)
EXPLORED
en Ciudad N/D

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