La MontaÑa Nos Aviso Y Luego Se Vino Al Suelo


Publicado el 31/Marzo/1998 | 00:00

Quito. 31 mar 98. El paisaje era desolador. Los pocos
habitantes que retiraban los escombros no creían que el cerro
del barrio Las Palmas se hundió de a poco. Más bien estaban
convencidos de que pasó un huracán que acabó con 30 casas y,
lo que es peor, con su entrañable barrio en el cual pasaron
tranquilos en los últimos 60 años.

Jimmy Oyarvide, un especialista en suelos y vecino del lugar,
dijo que los deslizamientos de la montaña comenzaron hace 20
días. Las últimas y fuertes lluvias volvieron inestable al
suelo y las casas resbalaban por la ladera de lodo. Una tras
otra. Primero las de arriba, luego las de abajo, como la del
propio Oyarvide, quien el pasado fin de semana rescataba sus
muebles y las vigas de guayacán que aún servían.

Desde el callejón H y G se veían las columnas de hierro y
concreto desplomadas, las paredes y los techos en el suelo.
Oyarvide calculó que seis hectáreas fueron devastadas: a
partir del callejón hasta el concurrido malecón de Las Palmas,
al norte de Esmeraldas.

Oyarvide hizo un alto al rescate de los utensilios. Secó el
sudor de su frente con un pañuelo. "Yo nací aquí, en Las
Palmas, hace 40 años. Resistimos todos los aguaceros de la
vida. Pero hace 20 días comenzó el diluvio que tumbó a las 30
casas".

Jimmy Oyarvide elevó su índice para señalar las casas
destrozadas y a las familias que las habitaron. Su tarea
inició por la cima: las familias Carvache, Pita, Mendoza,
Velasteguí, Clavijo, Díaz, Chasín, que ni siquiera estrenaron
los dos pisos; Bermúdez, Ortiz, Peñafiel, Bujase, Arce...

Jimmy Oyarvide manifestó que no hubo víctimas porque "la
montaña nos avisó, en la noche oíamos ruidos profundos; la
primera casa en desplomarse fue la de Betty Carvache, la de
más arriba; ella pudo salvar a sus hijos y a nosotros porque
nos comunicó que la tierra estaba floja, entonces todo el
barrio salió; fue doloroso ver cómo los hogares se venían
abajo a cualquier hora, pero más con las lluvias de la noche".

Jimmy Oyarvide concluyó la tarea. Antes de retirarse dio un
vistazo al bosque de palmas y guayacán donde hace 30 años
jugaba "con la linda muchachada, con mis siete hermanos en
este monte que ahora se deslíe". A Fidías Oyarvide, el padre
de Jimmy, todavía le zumbaban en sus oídos los ruidos de la
montaña que se tragó las casas. "El sonido parecía el de miles
de cucarachas que salían del fondo de la tierra para devorarlo
todo". Fidías pasó 60 años en el barrio y nunca vio, ni
siquiera en su infancia, llover 8 y hasta 12 horas seguidas. A
Fidías, un jubilado de la Intendencia de Esmeraldas, no le
pesan sus 72 años. Es alto y moreno. Aún ágil. Por ello, con
su hijo condujo a los visitantes a observar las otras
edificaciones de concreto, la mayoría, y unas pocas de madera.
Una escalinata, que antes era derecha, se convirtió en un
sinuoso sendero que se resiste a desaparecer en el fango. Los
propietarios de las viviendas más empinadas subían alrededor
de 300 metros por la escalinata para rescatar las escasas
pertenencias. Fue una tarea penosa por el exceso de lodo y
agua. Después de 20 minutos de caminata en la parte más alta
se dejó ver una hendidura de 30 metros como si la montaña
hubiese sido cortada por un rayo. Y dos casas grandes, de dos
pisos, al filo del abismo, a punto de sucumbir. La una
vivienda perteneció a Betty Carvache y únicamente las raíces
de un grueso guayacán la sostenían.

También el lujoso hotel Costa Verde corría peligro: una casa
de dos plantas fue la muralla que detuvo la avalancha. A lo
lejos, más al norte, apenas se apreciaban otros escombros de
lo que hasta hace poco fueron las discotecas Rollys, Keops y
el bar El Rawsan, que alegraban las noches del Malecón. Los
balcones se concreto se balanceaban. Al fondo, hacia el
oriente, el mar gris, cubierto de nubes que amenazaban otro
diluvio.

Un marino en tierra

Felipe Zambrano es un marinero de 51 años que se resiste a
abandonar su casa, una edificación de tres pisos de concreto
en la cual invirtió 250 millones. Zambrano es piloto de las
lanchas Ventura y Tepre II, que transportan al personal de
Balao hacia los buques petroleros que exportan el crudo. Cada
día lleva a alrededor de 10 personas. Esa ha sido su rutina
desde hace 25 años que, de pronto, se cortó porque
Petroecuador le concedió vacaciones para dedicarse a una
tarea: cuidar las pertenencias de su vivienda que está al pie
de la montaña.

Es el único habitante que no quiere dejar la montaña de Las
Palmas. "Me considero un buen capitán; por ello, seré el
último en abandonar el barco, aunque me cueste la vida". Una
carabina recortada es el arma para defenderse de los
delincuentes que en las casas vecinas se llevaron hasta los
baños. El mayor tesoro es su hija Carolina Vera, de 16 años,
quien fue a Guayaquil hasta que pase el temporal. Ahora
Zambrano cuida que nadie tope las tres cintas de reina que su
guapa hija las ganó en el colegio "Segundo Salas Mesa". Las 15
familias amigas de Zambrano están refugiadas en la escuela
"Ecuador, país amazónico", del mismo barrio. Teresa Velasteguí
dijo que el Ministerio de Bienestar Social les entrega, cada
ocho días, una ración de fideos, azúcar, maicena y harina.
Cada aula es ocupada por una familia. En mayo empezarán las
clases. Por ello, Velasteguí pide apoyo al BEV y a la Curia
para edificar las viviendas. Velasteguí menciona que como Las
Palmas otros barrios se hunden: 13 de abril, Esmeraldas Libre
(24 casas corren peligro). "Aquí todo se hunde. No dejaremos
que el naufragio sea el destino", dice el capitán.

Tarqui: a los 6 años se volvió a anegar...

Diez barrios inundados, muebles, artefactos eléctricos,
algunos electrodomésticos dañados dejó el intenso aguacero que
cayó el domingo en Cuenca. No se registró muertos, ni heridos,
tampoco pérdidas materiales de consideración pero extensas
plantaciones agrícolas en varios sectores resultaron
inundadas.

Las mayores consecuencias se produjeron a lo largo del
recorrido del río Tarqui al sur de la ciudad, que en algunos
tramos se salió de su cauce por el alto nivel que alcanzó la
correntada.

Los bomberos recibieron más de 100 llamadas de auxilio. El
agua subió por lo menos un metro en los Tres Puentes, Don
Bosco, Puente Negro y Guzho. Los bomberos no pudieron atender
todas las emergencias por falta de vehículos y motobombas. El
trabajo fue intenso entre las 15h00 y 19h00.

La Defensa Civil se hizo cargo de tres barrios: Monay,
Tomebamba y la González Suárez. Los moradores aseguran que
desde 1992 no se registraban inundaciones de esta magnitud.
Según el reporte, aproximadamente 20 casas fueron afectadas.
En la zona urbana lo más crítico fue: Medio Ejido, (ciudadela
Floresta), Don Bosco, 27 de Febrero, Chilcapamba, Ciudadela
Ferroviaria, Roberto Crespo, Primero de Mayo, San Joaquín, Río
Amarillo, entre otros.

En el sector costanero de Ponce Enríquez las precipitaciones
continúan pero en menor intensidad. Las 70 personas
damnificadas permanecen en los albergues adecuados por la
Defensa Civil.

El mayor problema de esta zona es el aislamiento, además los
agricultores han perdido todos sus cultivos, y ahora nada
pueden sembrar. Redacción Cuenca

Desbordamientos, inundaciones y leptospirosis en Portoviejo

Ayer hubo fuertes precipitaciones en la zona central y norte
de Manabí. El intenso caudal que lleva el río Portoviejo, en
la zona baja del valle del mismo nombre, causa molestias en la
transportación vehicular.

Allí el nivel del agua alcanza los 40 centímetros sobre la
vía, situación que causó embotellamiento de hasta tres horas,
en un tramo que en tiempos de verano apenas demora dos
minutos.

En el barrio Fátima de Portoviejo, el aguacero de la noche del
domingo y madrugada del lunes causó la muerte de Aníbal
Arteaga, él cayo en una alcantarilla. Su cuerpo no ha sido
rescatado.

En Chone, el desbordamiento del río del mismo nombre causó la
inundación número 36. En lo que va de marzo tres personas
murieron ahogadas, según reportes de la Defensa Civil, además
se presentó un caso de tifoidea en uno de los ocho albergues
habilitados.

En el sitio Briceño, del cantó Sucre muy cercano a San
Vicente, 50 casas quedaron seriamente afectadas por las
lluvias y aguajes del fin de semana, 40 familias fueron
evacuadas a varios albergues en San Vicente.

La comunicación terrestre entre Bahía de Caráquez y el resto
de la provincia sigue deficitaria. Maquinaria pesada de
empresas privadas continúa trabajado para despejar la vía que
conduce a San Clemente y Charapotó.

En Poza Honda, técnicos y trabajadores del Centro de
Rehabilitación de Manabí trabajan en la reparación de una
parte de la pared izquierda inferior del cuenco amortiguador
(es una especie de catalizador de la parte interna de una de
las puertas de desfogue) que se debilitó y cayó el sábado a
causa de las lluvias y las grandes cantidades de agua que se
evacuaron desde el embalse.

Entre tanto, la situación sanitaria especialmente de
Portoviejo es preocupante, según afirmaciones del director
Provincial de Salud, Cristóbal Zambrano, se confirmó la
existencia de una epidemia de leptospirosis, de 220 muestras
enviadas a Guayaquil 34 salieron positivas, de estas el 7 por
ciento están fuera de la ciudad y el 87 por ciento en
Portoviejo en la zonas de Florón.

A Manabí, según Zambrano, 20.000 pastillas para combatir la
enfermedad llegaron al país. Esas medicinas pueden ser
requeridas por los infectados.

También se intensificó la campaña de esterilización del agua
con cloro pera evitar que el cólera llegue a esta provincia.
Redacción Manta (Texto tomado de El Comercio)

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