La Mejor Medida Fiscal Se Llama La Paz


Publicado el 20/Septiembre/1998 | 00:00

Quito. 20 sep 98. El Presidente responde, en exclusividad, las
críticas que se han formulado sobre las medidas anunciadas el
lunes pasado. Una certidumbre: no las va a derogar. Las va a
complementar con una reforma tributaria que va a negociar con
el Congreso. Las medidas son, dice Jamil Mahuad, el primer
paso para poner en orden las finanzas y atraer inversión.

¿Va a volver a utilizar el Crucifijo en sus intervenciones en
la televisión?

Todas las oficinas de la Presidencia tienen un Cristo: no los
he puesto yo. Es arte colonial quiteño y en muchas casas de
Quito los hay. Lo que buscamos fue una oficina para grabar esa
intervención. Lamento que se le quiera dar otra
interpretación.

Aparecer con él se interpretó como una actitud deliberada. ¿Lo
va a volver a utilizar?

Yo soy un creyente y el Crucifijo me parece un símbolo muy
importante no solo para mí sino para el país. Lamento que se
haya dado ese giro y habrá que tener cuidado de que no se lo
vea así en el futuro. No pienso utilizar ningún símbolo de esa
naturaleza porque no fue esa la intención.

Las medidas tienen problemas de forma y fondo. Primero la
forma: Usted las anunció de forma deshilvanada y apresurada.
No las ató al plan económico que el Gobierno dice tener.

Siempre que hay que hacer un anuncio como el del día lunes uno
tiene que preguntarse cuántas cosas avanza a decir en un
espacio de televisión. Si uno se dedica a hablar de demasiados
temas, el costo es la profundidad. Si uno escoge dos o tres
temas, la ventaja es que profundiza pero no puede cubrir todo
lo demás. Yo escogí lo segundo porque me parecía que el país
había hablado tanto tiempo de eliminación de subsidios que
eso, de por sí, ameritaba una explicación suficiente. Nosotros
tenemos un programa de gobierno, lo tenemos armado y en el
campo económico lo podemos dividir en un programa de cortísimo
plazo -de aquí a diciembre-, un programa del año 99, del 2000
y del 2001.

Para cada uno de esos años tenemos metas de crecimiento de
economía, de inflación y de inversión extranjera. Una
posibilidad es clasificarlo por el tiempo; otra por el tipo de
decisiones, medidas o de programas. Podemos hablar del
programa del área fiscal, del programa estructural, del
programa tributario, del programa de activación de la
producción.

Ahora ¿cómo definiría lo que hizo?

Cuando estuve con el señor Wolfenston, Presidente del Banco
Mundial, le pregunté qué creía que debería hacer el Ecuador.
El me dijo: usted tiene que cambiar la imagen externa de su
país. Véndase usted que tiene un buen récord de alcalde, tiene
un posgrado en una importante universidad, lo felicito por su
equipo económico, venda ese equipo económico, venda que tiene
una nueva Constitución, venda que tiene un nuevo Congreso,
venda usted la imagen de un nuevo país.

Si usted no cambia la imagen de su país afuera, todo lo que
piensa hacer se le va a complicar demasiado. Cuando usted haya
logrado esos dos o tres impactos en la imagen del Ecuador,
entonces saque a la venta la empresa telefónica: no ahora
porque este rato no va a tener muchas propuestas y las que
tenga van a ser mínimas.

Yo lo tomé muy en serio por la persona que lo decía. Y por eso
he trabajado mucho de entrada en el campo internacional. Uno,
por el tema Ecuador Perú, y, dos por el tema este de que en el
Ecuador haya un cambio. Por eso viajo al Miami Herald porque
es la ocasión de explicar las nuevas cosas que estamos
haciendo en el Ecuador.

Por eso acepté la invitación del Wall Street Journal para
dentro de 8 ó 10 días. Por eso he estado con Pastrana, he
estado en Asunción y he estado en Panamá porque la imagen
anterior del país era mala. Lamentablemente. Me encantaría
decir otra cosa. No me caracterizo por echarle la culpa al que
estuvo atrás. Dentro de ese marco tenemos que mandar esos
mensajes en el primer período de gobierno.

Uno de los problemas de las medidas es que no se preparó a la
opinión: llegaron como un paquetazo escueto, sin pedagogía,
sin visión de conjunto cuando usted había hablado de buscar
armonías en el país.

¿Cómo se prepara la opinión? De diferentes maneras. Los medios
de comunicación sin duda son el sector más importante en esta
preparación. Los medios han venido hablando de que hay una
crisis fiscal, de que los gobiernos no han tenido la decisión
de tomar medidas, de que las medidas eran impostergables. Lo
han hecho mañana, tarde y noche desde hace varios meses.
Durante toda la campaña electoral me preguntaron qué iba hacer
con todos estos temas.

De tal manera que la opinión pública estaba lista sabiendo que
algo de esto iba a ocurrir. Quizá eso explica la reacción
mucho menos grave de lo que se esperaba frente a estas
medidas.

Un Presidente cuando quiere planificar -y ese es nuestro caso-
traza un plan. Ese plan debe contemplar escenarios
contingentes. Yo me encontré con el tema Perú en el riesgo
inminente de un conflicto. No recuerdo un Presidente que haya
asumido el gobierno con ese problema de frontera, con un
problema fiscal de este tamaño, una Costa destruida, un país
impaciente por todo y una falta de credibilidad tan grande en
lo que puede hacer el Ecuador.

Cuando uno tiene que atacar 3, 4, ó 5 problemas, todos
emergentes, todos graves, tiene que diseñar algún sistema para
hacerlo. Lo primero que conseguí en mi viaje a Washington fue
plata para iniciar la reconstrucción sin la necesidad de
arrancar primero con un programa económico.

Entonces como ya garanticé la plata para reconstruir la Costa,
tenía que escoger el tema territorial y el tema de medidas
económicas. Era muy difícil manejar las dos cosas
simultáneamente, para un gobierno que recién se instalaba y
tenía que nombrar absolutamente todo.

Usted privilegió lo territorial.

¿Por qué lo hice? Primero, porque había tres o cuatro
reuniones internacionales irrepetibles. Segundo, porque se
había decidido suspender las conversaciones hasta la elección,
y la elección ya se había producido. Tercero, porque en el
momento en que el Ecuador firme la paz puede tener un respiro
muy grande que nos ayuda en la confianza y sin lugar a duda en
ambos países alivia la necesidad de prepararse para una
guerra. La mejor medida fiscal que puede tener este país se
llama la paz.

Hemos avanzado muchísimo. No es que todo esté resuelto ni que
vayamos a Brasilia a firmar, pero hemos avanzado muchísimo y
como todo venía caminando muy bien, yo pensaba que hasta fines
de septiembre o primeros días de octubre, podíamos encontrar
alguna decisión sobre tema territorial (no garantizo ninguna),
y así podíamos entrar con fuerza al campo económico. Lo que
nos trastocó todo fue la crisis internacional. El Banco
Central perdió la semana anterior cien millones de dólares en
reservas y habría sido irresponsable, totalmente irresponsable
no reaccionar frente a un fenómeno que se agravó en dos o tres
días.

Volvemos al mismo punto: sus medidas fueron percibidas por
buena parte de la opinión como meros tapahuecos. ¿Usted no
considera que hubo errores y que la comunicación fue
insuficiente?

La comunicación es un proceso que está empezando. Tenemos
previsto una campaña -en los periódicos ya empezó-, en radio,
y televisión para explicar.

Imagínese el paquete hay que explicar: el diesel, el gas, la
gasolina, la energía eléctrica, el déficit... son demasiados
conceptos y eso sin lugar a duda nos tiene este rato con
problemas de comunicación. Por ejemplo la gente piensa que se
han subido las tarifas eléctricas. No se ha subido un centavo.
Lo que se ha hecho es eliminar el subsidio. Sí, en
comunicación tenemos esas dificultades a mi juicio
comprensibles y tenemos que superarlas.

A pesar de la premura, ¿usted evalúo y admitió la posibilidad
y el riesgo de una reacción social?

Sí, por una razón: uno, en estos puestos, tiene que hacer lo
que tenga que hacer, lo que la responsabilidad manda.

Al Presidente Alarcón se lo criticó durante todo el período
por no tomar decisiones. A mí en el primer mes ya me decían
que cómo no tomo decisiones. Muchas personas que me pidieron
decisiones ahora me critican por haberlas tomado. No es la
primera vez ni será la última. Pero ¿por qué tomé esa
decisión? Porque este país tiene un déficit de 1.400 millones
de dólares. De ellos se pueden financiar 1.000. Pero no
podemos financiar 400 millones de dólares. Estas medidas nos
dan en este año 90 millones de dólares y vamos a cortar como
300 millones de dólares en gasto público, lo cual es
impresionante en solo tres meses. Por cada 1.000 sucres que
debíamos -esa deuda no era mía- cuando asumí el 10 de agosto,
había 30 sucres en caja. Paros por todos lados, reclamos de
sueldos, incrementos a la Policía y Fuerzas Armadas, subidas
de sueldos y salarios en julio sin que haya un centavo en
caja, sin que haya una partida en el presupuesto.

Aquí había la opción de aceptar los paros por incumplimiento o
aceptar los paros por tomar medidas. Lo más feo de las medidas
es que el 75 por ciento de esos tres subsidios estaba
desviado, se lo llevaba el contrabando o iba al sector rico.

Lo increíble de algunas reacciones sobre todo de algunos
líderes que deberían representar mejor los intereses populares
es que se quejan porque nosotros tomamos un subsidio que iba
fundamentalmente a gente rica y lo hemos redistribuido hacia
los pobres.

Las decisiones no fueron improvisadas, por eso teníamos todas
las cifras, todos los datos, todas las explicaciones. No me
quedó más porque en el momento que el Banco Central devaluó la
moneda, la devaluación sola no era suficiente, y si me
demoraba yo en tomar medidas me habrían dicho que era un
irresponsable.

Eso significa que no atenderá la petición de aquellos que le
piden derogar esas medidas.

Lamentablemente no lo puedo hacer.

Sea cual sea la reacción que haya pues se anuncia un paro
nacional.

Si el gobierno deroga las medidas pierde toda posibilidad de
gobernar, y eso es grave no solo para el gobierno sino para
todo el país. El país no puede este rato soportar una campaña
electoral que es lo que muchos dirigente políticos están
haciendo con el nombre del tema popular.

Usted habló de recuperar imagen y credibilidad entre los
inversionistas. Pero se necesita además asegurar que se
respetan las leyes, se cumplen los contratos, se tiene un
programa económico de largo plazo, se tiene respaldo político
y un Congreso que no obstruirá esas reformas. ¿Qué les dirá en
Nueva York cuando la credibilidad no está consolidada y el
plan económico apenas se está conociendo?

La gente que mira el Ecuador desde afuera en los últimos años
está harta de presidentes y ministros de Finanzas que viajan a
decir lo que van a hacer y terminan no haciendo nada.

¿Qué posiciones concretas lleva usted?

¿Cuántos años viene el Ecuador hablando de eliminar subsidios?

Pero vayamos más lejos: inversiones, privatizaciones,
concesiones...

Yo lo enfocaría al revés: la parte más dura está hecha. ¿Qué
cosa hay más dura que eliminar los tres grandes subsidios que
quedaban?

¿Eso significa que no cuenta con graves problemas para
privatizar, por ejemplo, el área petrolera?

Es un problema diferente. Mire lo que pasó con las refinerías.
En La Libertad el propio sindicato ya acepta que venga la
inversión extranjera para mejorar. Hemos tomado la decisión de
que se haga un solo oleoducto para crudos pesados, hecho por
las empresas petroleras.

Me reuní con ellos en agosto y están empezando a hacer la
ingeniería de detalle: nos olvidamos de ampliar el SOTE y de
que eso lo haga el Estado. Esa decisión la tomamos en dos
semanas.

Con estas medidas más el recorte de gasto presupuestario, lo
que estoy demostrando es una formidable voluntad de hacer las
cosas y la capacidad de correr riesgos. No me acuerdo qué
medio escrito tituló industriales y políticos discrepan: es
eso lo que está pasando. El sector económico dice esto hay que
hacerlo y está bien hecho, media coma más por aquí o por allá
que son respetables pero que no cambian el fondo de la
decisión. Llegar con eso por ejemplo al Miami Herald, y decir
hemos hecho esto en esta semana, es muy distinto que decir
pienso hacer esto en un mes. Lo demás ¿qué es? La reforma
estructural sin duda, la ampliación de las áreas para
privatización, vender Emetel, las dos Andina y Pacifictel,
abrir la inversión en el campo petrolero, abrir la inversión
en el campo eléctrico, reducir y racionalizar el Estado. Yo
voy ahora con una decisión bien tomada a estos foros
internacionales. Una parte de la credibilidad de lo que digo,
está en lo más duro que se ha hecho. Vamos con un programa muy
bien armado que presentaremos allá. Yo puedo responder todas
las preguntas excepto una: no puedo responder por el Congreso.

¿Cuándo va a enviarle usted la Reforma Tributaria?

Si estuviera en mis manos hacer la reforma tributaria, la
haría. Pero no lo está. Por eso invité al Congreso y ahora lo
vuelvo a hacer a trabajar juntos y a pensar que este es un
problema del país y no del Presidente. Vamos a buscar
mecanismos para racionalizar el sistema. Pero estemos abiertos
a opciones. Si una reforma tributaria no pasa la seguridad del
país se afecta muchísimo.

Se dice que el 10 de octubre podría estar lista esta reforma.
¿Es la buena fecha?

Estamos trabajando en dos niveles. A nivel del concepto. La
idea es conversemos y si estamos de acuerdo en conceptos vamos
a la redacción. Normalmente aquí se manda el proyecto sin
hablar antes y yo creo que ahí hay que conversar.

¿Cómo hará usted con el Partido Social Cristiano quien ha
anunciado reglas que no solo son inflexibles sino que hasta
las ha notarizado?

Pienso que es necesario reunirse, hablar, reflexionar. Es
necesario ver qué gana y qué pierde el país frente a eso.

Usted dice que no va a puede responder por el Congreso. ¿Cómo
va actuar en este caso frente a él? ¿Va a explicarle la
reforma tributaria al país y tomarlo por testigo de lo que
haga o deje de hacer el Congreso?

Creo que el país debatió bastante la reforma tributaria. ¿Cuál
es la estrategia? Invitar al Congreso a conversar, tener
reuniones, cruzar conceptos, ver en qué puntos estamos de
acuerdo y en qué puntos no. A partir de ahí elaboraremos una
propuesta que pueda ser aceptable. Si estamos hablando para
resolver problemas tan graves como el fronterizo, ¿cómo no
vamos a poder en ese caso hablar entre nosotros?

No hay reforma tributaria todavía. ¿Pero cuál es el espíritu
de esa reforma? Mantener la carga tributaria pero repartirla
mejor, aumentando unos impuestos y bajando o eliminando otros,
además de aumentar la base de contribuyentes?

Correcto, ampliar la base. Eliminar impuestos que son de
difícil recaudación, complicadísimos, injustos por impuestos
de más fácil recaudación, pero que la carga al final no
aumente.

Jaime Nebot ha hablado de cobrar por anticipado los impuestos
y hacer una amnistía tributaria. ¿Está de acuerdo con esas
ideas?

Cada idea tiene pros y contras. En el caso de la amnistía
tributaria, tenemos que hacer una estimación de cuánto han
producido amnistías anteriores para ver cuál es el beneficio y
cuál es el contra. El costo va en la línea del pésimo ejemplo.
La gente dice: me aguanto cuatro años, no pago nada y ya
vendrá otra amnistía. En cuanto a la recaudación anticipada,
no sé si hablamos del mismo concepto pero la intentó Alarcón y
la derogó dos o tres días más tarde.

El país vive una emergencia. Nosotros esperamos para el año 99
tener un presupuesto bien hecho, con hipótesis realistas del
precio del petróleo y con una diferencia: un déficit que sea
financiable durante el año. Tenemos que saltar esta brecha del
año 98 que es la parte más complicada, pero luego podemos
entrar en algo más simple.

Todo eso hay que hablarlo y no nos hemos reunido con Jaime
Nebot. No quisiera condenar la posibilidad de un acuerdo antes
de que empiece a buscárselo en serio. Creo que el país está
maduro como para entender que esa colaboración es necesaria y
que la reforma tiene que darse.

En términos de calendario, ¿para cuándo visualiza usted la
reforma tributaria?

Muy difícil poner plazos. Es igual que la negociación con el
Perú. Las fechas caen cuando el contenido está listo. Pero
deberíamos hacer un serio esfuerzo, y yo invito a que hagamos
un serio esfuerzo, para que entre septiembre y octubre
lleguemos a una definición.

¿Qué medidas en esa reforma golpearían a los sectores más
altos pues la crítica principal, justificada o no, es que el
paquetazo del lunes pasado afecta sobre todo a la clase media?


Es la primera vez que se admite que hay una medida que protege
a las clases pobres. Los titulares se han hecho sobre la clase
media y creo que eso sí es una diferencia sustancial con otros
paquetes de medida. A mí primero me gusta que ahora la
diferencia sea entre clase media y alta y no entre pobres y
clase alta. Segundo, ¿por qué la gente no paga impuestos?
Porque no tiene que pagarlos según la ley y eso es la reforma
tributaria....

Pero piensa eliminar exenciones, escudos tributarios,
exoneraciones...

Por ejemplo.

La reforma irá por ahí.

Si fuera Decreto Ejecutivo le diría que sí.

Eso se sabe. ¿Pero es lo que usted quiere?

Claro, es un principio de equidad y justicia social que el que
más tiene más pague.

Usted dijo exenciones, escudos tributarios, exoneraciones...
¿Qué otros frentes piensa tocar?

En el Servicio Interno de Rentas acabamos de nominar a una
mujer de temperamento, Elsa de Mena, y ahí vamos a tener una
mayor cantidad de roces. Hay gente que no ha pagado impuestos,
que cree que no tiene que pagar impuestos y el Gobierno le
tiene que cobrar. Tenemos que endurecer las penas a la evasión
de tal manera que quien lo haga realmente se vea en problemas.

Entrevista hecha por José Hernández y Hernán Ramos. (Texto
tomado de El Comercio)

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