IV ENCUENTRO DE LITERATURA, Raúl Vallejo

Quito. 25.11.90. Todo encuentro de escritores si es llevado
con responsabilidad, resulta un encuentro de la palabra. Un
espacio en donde es posible recuperar la reinvención de la
realidad, la presencia de los sueños y el deseo; la irrupción
de criterios y el planteamiento de un debate que nos ayuda a
crecer a todos.

Con la asistencia de más de 40 escritores, entre creadores,
analistas y críticos; la presentación de 18 ponencias; la
realización de dos recitales poéticos; el lanzamiento de cinco
obras, exposiciones permanentes de libros, plástica y
fotografías, el IV Encuentro de Literatura Ecuatoriana
"Alfonso Carrasco Vintimilla", organizado por la Facultad de
Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación de la Universidad
de Cuenca en coordinación y bajo el auspicio del programa
nacional "El Ecuador Estudia", se convirtió en ese espacio
que los escritores reclamamos: del 12 al 17 de noviembre.
Cuenca fue un anfitrión generoso de la palabra.

El Encuentro, realizado después de seis años de silencio, nos
encontró a todos con el deseo de decir cosas sobre lo hecho y
lo dejado de hacer en estos últimos veinte años. Pero, además,
nos encontró con una palabra profesional que centra su bisturí
en el texto para diseccionarlo. Rigurosidad académica fue el
denominador común de ponencias y comentarios.

Durante la ceremonia de inauguración, el discurso de Jorge
Enrique Adoum, fue un comienzo formidable para esta fiesta de
la palabra. El recuperó en su decir, la dignidad de los
profesionales de la palabra en medio de "dos decenios cargados
de dolor y ruina el primero, y de una esperanza rota el
último, antes de entrar en la sombra mala del desconcierto que
ahora parece proyectarse hacia lo que falta del siglo".

Y, como en todo encuentro -según lo dicho por mí en el
discurso de clausura- el día más importante es el día después:
los análisis presentados, las propuestas formuladas, los
criterios debatidos, deberían convertirse en el comienzo de
una tarea continua y permanente que nos permitirá enriquecer
nuestro trabajo de escritores, esto es enriquecer el texto
(entendido como la obra) que es lo único que nos define como
tales, y reformular nuestro compromiso en tanto intelectuales;
por ejemplo, frente al desmoronamiento de las utopías, la
revitalización de los pragmatismos y la orfandad de la
esperanza, aunque la palabra compromiso, por mandato del viejo
dogma remozado, esté ahora proscrita.

Fiesta de la palabra: de ella venimos y en ella nos
realizamos: ejerciendo la palabra en un mal tiempo, no solo
para la lírica sino para la vida misma, en un fin de siglo que
contempla la reconstitución de viejos dogmas escondidos tras
el reto de una libertad supuesta, nos convertimos en hombres
de transición y la esperanza también se realiza en nosotros.

Las ponencias: discurso riguroso, palabra profesional

Fue estimulante constatar que Cecilia Ansaldo, Diego Araujo,
Hernán Rodríguez Castelo, quien señaló que la literatura
infantil y juvenil no fue contemplada en el programa del
encuentro, y Antonio Sacoto mantienen al día su trabajo
crítico acerca del cuento, la novela, la poesía y el ensayo,
respectivamente, y que sus juicios no dejan de abarcar la
última producción en tales géneros, inclusive la de los más
jóvenes. Y, estimulante también, el que un joven como Luis
Miguel Campos, con opiniones desenfadadas, plantee la
problemática teatral en el país.

En todos los casos, ponencias capaces de generar un debate
necesario en estos tiempos en que la palabra parece estar
enjaulada. Extrañó, eso sí, la ausencia de Alejandro Moreano,
quien tenía a su cargo la ponencia "Sociología de la
literatura ecuatoriana de las dos últimas décadas", más aún,
si consideramos, no solo la pertinencia analítica de éste,
sino su nueva definición como creador.

Un aporte para los estudios literarios fueron, tanto la
ponencia de Jorge Enrique Adoum "Primera tentativa de
aproximación a la paraliteratura", como el comentario acerca
de la misma que estuvo a cargo de Efraín Jara Idrovo. Adoum
mostró una serie de casos paraliterarios y, a partir de éstos,
señaló el punto de partida tanto para definiciones teóricas
como para investigaciones académicas.

Jara Idrovo, sobre todo, precisó desde la teoría el concepto
de paraliteratura y contribuyó a los ejemplos de Adoum y a la
línea argumental de éste. En esta línea -la de los aportes-
están los trabajos de Felipe Aguilar, "El humor en la
literatura ecuatoriana" y de María Eugenia Moscoso "Algunas
reflexiones en torno a la obra crítica de Alfonso Carrasco
Vintimilla", estudioso y animador constante de los tres
primeros encuentros sobre literatura en Cuenca hasta que la
muerte nos lo dejó solo memoria.

Acerca de esta ponencia cito el comentario de Cecilia Suárez
Moreno: "El trabajo de María Eugenia sistematiza acertada y
rigurosamente una rica producción crítica jamás antes
compilada ni por su propio autor..." y recoge "en forma de un
cuerpo orgánico una obra fundamental para la historia de la
crítica literaria moderna en el Ecuador".

En el área de los análisis, los trabajos sobre Jorge Dávila
Vázquez, de María Rosa Crespo; Efraín Jara Idrovo, de Susana
Cordero; Jorge Enrique Adoum, de Jaime Montesinos y Manuel
Corrales: Violeta Luna, de Enrique Ojeda; sobre la narrativa
cuencana de los últimos veinte años, de Jorge Dávila, y la
visión del mundo en la poesía popular, partiendo de una
investigación realizada en Tungurahua de Julio Pazos, son
ponencias que contribuyen a los estudios particulares sobre
nuestra literatura.

En ellas, el manejo de los instrumentos de análisis evidenció
ese acercamiento profesional y académico a los textos que fue
la tónica del Encuentro. Tal vez faltó una ponencia sobre la
poesía cuencana, realizada con perspectiva parecida a la
presentada sobre la narrativa de dicha región.

Una invitación a la polémica es el trabajo de Miguel Donoso
Pareja, "Realidad y mito de los talleres literarios". En él,
Donoso Pareja defiende el método de trabajo que trajera al
Ecuador, en 1982, como resultado de once años de experiencia
en México. "Hasta entonces había en el país un concepto
diferente de lo que debía ser un taller literario, más ligado
a los grandes problemas sociales que al texto, más ligado a la
idea de "tertulia ideológica" que a la de un trabajo sobre y
por el texto", señala el autor.

Abdón Ubidia y Juan Valdano hablan desde el escritor en sendas
ponencias: "Apuntes para una crítica a la crítica" y
"Creación, difusión y recepción de la literatura". El primero,
requiriendo de la crítica artística y literaria, entre otras
cuestiones, que "entienda bien la posibilidad de ejercer una
misión divulgadora y, si se quiere, pedagógica, frente a un
público ávido de explicaciones y juicios".

El segundo, con preocupaciones ligadas a la problemática del
escritor y su obra frente a los mecanismos del mercado
señalando que "si el escritor tiene una actitud crítica frente
a la sociedad y, si por otra parte, el poder se muestra cauto
y veleidoso frente a él, es obvio, entonces, que no puede
esperarse ni de esa sociedad ni mucho menos del poder que se
integre el oficio de escribir en el sistema económico del que,
en cambio, sí participan las demás profesiones".

Criterios polémicos: apertura del debate

La descripción permite hablar acerca de una obra pero sin
valorarla. La valoración, como tarea del crítico es, entonces,
el punto de partida, la apertura del debate. Diego Araujo, por
ejemplo, valora a "Sueño de lobos", de Abdón Ubidia, como"la
gran novela de estos años" a pesar de "un epílogo hasta cierto
punto prescindible". De "El devastado jardín del paraíso", de
Alejandro Moreano, señala su "excesiva carga intelectual" y
que "la obra tiene algunas de las páginas más intensas, más
poderosas, que ha escrito la novela ecuatoriana de la década.
Pero el conjunto es desigual".

Cecilia Ansaldo, al hablar acerca de la obra de Carlos Béjar
Portilla, dice que "el bellísimo "Puerto de luna" es un cuento
completo, pero en la más sorprendente economía narrativa". De
"Divertimentos", de Abdón Ubidia, que es un "verdadero oasis
de deslumbrantes fantasía".

De "El hombre de la mirada oblicua", de Javier Vásconez, que
"defraudó las expectativas" porque "sus siete cuentos son muy
desiguales en calidad literaria" con errores "en sintaxis, en
elección de términos, hasta en la puntuación" que "vulneran
gravemente la calidad de la obra".

Hernán Rodríguez Castelo valora a "Cuadernos de Godric", de
Mario Campaña, como "el mayor libro de la generación en esta
hora de su irrupción generacional", a Fernando Nieto Cadena
como "la figura mayor en la empresa de renovar lenguajes para
lo social en la lírica ecuatoriana de estos veinte años".

A propósito del mayor defecto señalado por Jorge Dávila
Vázquez a la obra de Eliécer Cárdenas "una excesiva urgencia
por dar a la estampa libros que hubiesen requerido un cierto
reposo, un mayor decantamiento, para evitar defectos de forma,
que pueden ser pequeños, pero que afectan a ese todo unitario
que es una obra", se generó una discusión sobre el "descuido
del texto" que tendríamos la mayoría de los escritores del
país.

En fin, propuestas que abren la cortina para que aparezca el
debate. Un debate planteado, no en términos destructivos para
con el otro, pues esta solicitud solo consigue que erijamos
nuevos dogmas en la medida en que decir desde una actitud
destructiva es soliloquear.

Por ello, la discusión debería realizarse de tal manera que
todos podamos crecer a través de la mutua recepción de
diversas formas de representar/simbolizar la realidad, a
través de la confrontación de dos lógicas abiertas una a la
otra. (C-2)
EXPLORED
en Ciudad Quito

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