Greenpeace Dio Una Advertencia A Favor Del Manglar


Publicado el 28/Julio/1998 | 00:00

Esmeraldas. 28 jul 98. La tripulación de la organización
ecológica más grande del planeta destruyó una piscina de
camarones y sembró retoños de mangar. No hubo incidentes.

Cuando el sol, tímidamente, apareció, los pobladores de Muisne
y los científicos de Greenpeace zarparon estuario adentro para
mirar qué está pasando con el manglar.

La rapidez con la que los botes, un tanto sobre cargados,
surcaban el río mojaba los rostros de los viajeros. El agua se
metía por todas partes, provocando el susto entre sus
ocupantes, sin embargo, la destreza de los lancheros devolvía
la calma.

Los botes hicieron una larga travesía para llegar al sitio
elegido para hacer un trabajo de reforestación. El miedo de
encallar en cualquier árbol caído y el apuro que tenían los
habitantes de Muisne por mirar cómo hay que reforestar
hicieron que todos saltaran rápidamente al agua y al lodo de
la ribera del río.

Los nativos del lugar y la tripulación del Greenpeace fueron
los primeros en llegar. Lo fangoso del lugar a muchos obligó a
hacer malabares para mantenerse en pie y para no perder el
lodo las grandes botas de caucho.

Los árboles pegados, unos a otros, impedían que las miradas
curiosas vayan más allá de sus ramas y raíces. De los troncos
pintados, con pequeñas manchas blancas se desprendían decenas
de ramificaciones (raíces externas) que parecen raquíticos
brazos que luchaba por aferrase a la tierra. Las raíces
subterráneas de los árboles de mangle no son profundas.

La risas de alegría y los gritos en contra de la destrucción
de los bosques pusieron en alerta al propietario de la
camaronera, quien ordenó cerrar la compuerta. Sin embargo, de
nada sirvió porque, la tripulación del Greenpeace y los
habitantes de Muisne comenzaron a abrir un canal para que el
agua escapara hacia el río.

La destrucción del dique demoró cerca de una hora y cuando el
agua empezó a fluir hacia el mar y a mojar los manglares que
no se talaron, los gritos de júbilo se oyeron a mucha a
distancia. Esto hizo que Jimmy Chung, dueño la camaronera de
ocho hectáreas, saliera apresurado a pedir explicaciones.

La incursión del "chino", así lo conocen las mujeres, quienes
hasta hace ocho meses sacaban conchas y cangrejos del lugar,
fue solitaria. Elmer López, coordinador de Greenpeace, fue al
encuentro para explicarle lo que estaban haciendo, pero solo
obtuvo respuestas en un español casi incomprensible. El dueño
de la camaronera alegaba que no sabía hablar en castellano.
"Ahora se hace el que no entiende, bien que cuando nos
acercamos a sacar conchas y cangrejos de los manglares que aún
quedan, nos insulta bien clarito", comentó Colombia Vite, una
conchera, que al igual que sus hijas se dedica a esa
actividad.

La mirada de Chung penetró por instantes, y luego con más
rapidez de la que llegó volvió a su casa desde donde puede ver
si alguien se acerca a sus dominios: siete camaroneras. La
tarea de derribar el dique continuó y cuando se comenzaron a
ver troncos retorcidos, los pobladores de Muisne y los
científicos se lanzaron a la piscina, cargados de pequeños
mangles rojos, a la tarea de reforestación.

El lodo les impedía caminar y el agua les cubría más arriba de
la cintura. Pero pronto el centro de la camaronera, que ya
produjo dos pescas, se cubrió de pequeñas y delgadas especies
de hojas ovaladas.

Cuando el objetivo casi había concluido Chung volvió. Esta vez
su caminar era decido, venía acompañado de un hombre vestido
con una camiseta de camuflaje militar y pantalón oscuro y
portando una arma. El diálogo fue corto, los gritos de las
concheras y de los miembros de Fundación de Defensa Ecológica
(Fundecol) lo ahuyentaron.

Luego de poblar de retoños de mangle a la piscina, la
excursión emprendió el regreso a Muisne. Esta no es una tarea
concluida, pero con esto hemos dado el respaldo mundial a la
defensa del bosque de manglar, dijeron los ecologistas
internacionales.

Una mina de oro verde se va

Ecuador y Honduras son los países que más camarón exportan.
Desde 1988, los pescadores hondureños, luego de comprobar que
los mangles perdían espacio, resolvieron organizarse. Así
nació un comité para la defensa del Golfo de Fonseca.

Sin embargo, la organización de los pescadores no fue
suficiente para detener la expansión. En Honduras, los
camaroneros tienen poder y hasta forman parte del Gobierno.
Esto obligó a los pescadores y concheros a tomar medidas
radicales: cierran carreteras y retiran las maquinarias para
evitar la ampliación de las piscinas.

Jorge Varela, biólogo marino experto en conservación del
manglar y en el impacto que produce la acuacultura y miembro
del Comité, considera que Ecuador todavía tiene hectáreas de
mangle conservado que bien pueden convertirse en una fuente de
ingresos, a través del ecoturismo.

Durante las inspecciones se descubrió que hay gran destrucción
en las zonas sur, central y que está virtualmente amenazada el
área norte, donde está el Majahual, el manglar más bello del
mundo.

ALGUNAS DE LAS DEMANDAS

Moratoria del manglar * Uno: que la moratoria de veda del
manglar se amplíe hasta el 2002. Dos: iniciar la recuperación
de las zonas destruidas y la salida de las camaroneras. Tres:
entrega de las áreas a las comunidades con un plan de manejo.

Pago de la deuda social * Cuatro: que las camaroneras paguen
la deuda social. Cinco: libertad de iniciar acciones
judiciales para todos los afectados. Seis: fin al manejo
irresponsable de quienes controlan la expansión de las
camaroneras.

Campaña internacional * Siete: involucrar a las universidades
especializadas en el tema para la defensa del manglar. Ocho:
emprender una campaña internacional para evitar la ampliación
de la industria camaronera.

Las leyes existen y no sirven

Ecuador aún está a tiempo de salvar sus manglares. Esta fue la
conclusión de la misión de Greenpeace que recorrió los
manglares de San Lorenzo y Muisne. Para ello recomendó una
aplicación transparente de las leyes que sí las tiene en el
papel.

Con la destrucción del manglar no solo que se acaba con los
árboles sino que mueren seis especies asociadas. La
construcción arbitraria y sin planificación de las piscinas
produce cambios severos en los patrones de drenaje y
circulación del agua que ocasionan modificaciones en la
composición y estructura de las especies propias del
ecosistema.

El aporte del flujo de nutrientes se reduce. Mueren especies y
se produce la disminución de la productividad primaria
(hojarasca), con una inmediata erosión que deja a las zonas
costeras a las influencias de los fenómenos naturales como El
Niño.

Las capturas de larvas de camarón provocan daños irreversibles
a las larvas juveniles de otras especies acuáticas.

La utilización de químicos, fungicidas, antibióticos,
fertilizantes...contamina los estuarios y acuíferos aledaños,
poniendo en riesgo la vida de otras especies y la salud
humana.

La desnutrición que presenta la población es producto de los
cambios alimenticios porque los camarones están destinados a
la exportación y cada vez hay menos conchas y cangrejos
azules, que son la fuente de alimentación de los pobladores.

El incremento de la violencia es otro ingrediente. Los
camaroneros para mantener sus piscinas introdujeron sistemas
de vigilancia privada que impiden el libre tránsito de los
usuarios por los estuarios.

Según Lorenzo Cardenal, de Greenpeace, "la ilegalidad y la
impunidad con que actúa una parte de la industria camaronera y
el burocratismo que la protege y facilita, son el resultado de
la falta de regulación y aplicación de las leyes".

El detalle que ensombreció la presencia de Greenpeace en
Ecuador, fue la muerte de un colega de la tripulación Hayhow
Daniel Nanoto, quien a sus 38 años falleció de un infarto.
(Texto tomado de El Comercio)

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