BOGOTÁ. Los cuatro policías y militares asesinados el pasado sábado por las FARC, que los tenían secuestrados en algún caso desde hacía más de 13 años, recibieron hoy un homenaje póstumo durante un funeral celebrado en la catedral primada de Bogotá.

Durante la ceremonia religiosa, a la que asistió el presidente Juan Manuel Santos, el obispo celebrante pidió a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que liberen sanos y salvos a los once policías y militares que aun tienen en su poder, y que se desmovilicen.

Una fila de honor formada por policías en traje de gala y por los familiares de los tres policías y el militar asesinados acompañó el ingreso al templo de los cuatro ataúdes cubiertos con la bandera nacional, que antes habían recorrido en un cortejo fúnebre algunas de las principales avenidas del centro de Bogotá.

Los féretros fueron colocados frente al altar principal junto a objetos personales del coronel Édgar Yesid Duarte, el mayor Elkin Hernández y el intendente lvaro Moreno, los tres de la Policía, y del sargento de Ejército José Libio Martínez.

Los cuatro fueron asesinados por la espalda por guerrilleros, según revelaron hoy los forenses, en medio de una operación militar contra el campamento donde se encontraban en las selvas del Caquetá (sur de Colombia).

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, su esposa Clemencia, decenas de policías, altos mandos y familiares de los rehenes, así como parte del gabinete ministerial, ocuparon las primeras filas de la Catedral Primada.

También en primera fila estaba Johan Steven Martínez, hijo del sargento Martínez, a quien no lo conoció pues nació después de que fuera secuestrado hace casi 14 años.

Asimismo, ocuparon los bancos de la catedral expresidentes y otros altos cargos y antiguos rehenes liberados o rescatados, como Pablo Emilio Moncayo, un militar en retiro y compañero de cautiverio del sargento Martínez por más de once años.

Durante la homilía del obispo de la localidad de Engativá, vecina a Bogotá, Héctor Gutiérrez Pabón, reclamó a la guerrilla la puesta en libertad de los once militares y policías aun secuestrados.

"Devuélvanlos sanos, que sanos se los llevaron", pidió Gutiérrez Pabón, quien invitó a los rebeldes a que se desmovilicen.

Antes de la ceremonia fue leído un mensaje del arzobispo de Bogotá, primado de Colombia y presidente de la Conferencia Episcopal, Rubén Salazar Gómez, quien lamentó y condenó la muerte de los tres policías y el militar.

En su mensaje Salarzar se dolió de "la violencia fratricida", pidió respeto por la vida y llamó a no perder la esperanza en un futuro mejor.

Al final de la ceremonia religiosa, la banda musical del Batallón Guardia Presidencial rindió honores a los asesinados en el atrio del templo.

Los ataúdes fueron de nuevo llevados a un centro de la Policía en el occidente de Bogotá tras la ceremonia.

Tres de ellos serán sepultados en esta ciudad mientras el sargento Martínez será trasladado a la localidad de Ospina, en el departamento de Nariño (suroeste), su pueblo natal. EFE
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