El cacerolazo retumba contra las élites


Publicado el 16/Abril/2005 | 00:00

Las calles de la capital se inundaron de ruido y personas en las últimas tres noches. A partir de la debilidad del paro convocado por la Asamblea de Quito y la represión intensa de la Policía, la ciudadanía se autoconvocó para protestar y pedir la salida de Lucio Gutiérrez, de la Presidencia de la República.
El canal de comunicación y convocación fue radio La Luna, desde el miércoles pasado. Luego se integraron otras emisoras y el sistema de radios populares de ALER, que sirvieron también de espacio para expresar la insatisfacción de la ciudadanía
El movimiento ha sido calificado por los analistas como espontáneo y de rechazo a la clase política en general. Además, según los historiadores, reafirma y proyecta la tradición quiteña de dignidad y de rebeldía frente a los gobiernos que no cumplen con su palabra.
En la primera noche, el miércoles 13 de abril, se concentraron unas 5 000 personas; el jueves 14 no solo que se superó las 10 mil, sino que se expandió a sectores tan alejados de los centros de poder como Cumbayá y Sangolquí. Anoche, hasta el cierre de esta edición, se anticipaba la participación de varios barrios en diversas actividades políticas, culturales y sociales.
Para los dirigentes políticos, este fenómeno está poniendo en evidencia la crisis que viven los partidos y el sistema de representación.

"Paco Velasco, ¿un líder?,¿cómo asífff?"

El miércoles 13 de abril en la noche, las llamadas telefónicas y los mensajes vía celular fueron los mecanismos para organizar una marcha espontánea que congregó alrededor de 5 000 personas en la avenida De los Shyris, en Quito

La noche del miércoles 13 de abril, el estudio de radio La Luna era un hervidero: llamadas, respuestas, consultas y propuestas. Ya nadie se acuerda exactamente quién lanzó la idea: "Hagamos un cacerolazo". Eran las 19:00, y en dos horas, vía celular y por esa radio, se organizó una marcha espontánea en la avenida De los Shiriys, al norte de Quito, que congregó alrededor de 5 000 personas.
¿Qué pasó? El director de La Luna, Paco Velasco, explica: "Había una sensación de fracaso en la ciudadanía, como al filo de la derrota. La gente decía "siempre pasa lo mismo, no pasa nada. Hasta Lucio se ufana de que el paro fue un fracaso" y cuando llegó esa llamada, nos contagiamos y se produjo la convocación".
Para él no fue tan espontáneo: "Esto ha venido "leudando", creciendo, en los últimos meses. El pueblo quiteño no tiene odio, pero furia sí. Se elevó la temperatura a 38 grados porque hay condiciones profundas internas al ver que hay una democracia vaciada".
¿Se puede agotar la protesta en la misma espontaneidad? Velasco cree que pueden agotarse "unas formas de protesta, la calentura, pero no el derecho de la ciudadanía a decidir y a protestar".
Y, desde el miércoles, los teléfonos de la radio no paraban y todas las llamadas eran para felicitar a Velasco y a Luis Ramiro Pozo, para proponer nuevas ideas de protesta, criticar al régimen e invitar a mantener las marchas todos los días.
Entonces, la radio pasó a ocupar un papel mediático ciudadano, como explica Velasco. ¿Por qué la radio se abre y la televisión se cierra? Para Velasco y Pozo, hay un fenómeno medular: "Todos los medios nos sentimos interpelados, como periodistas, por una sociedad y un pueblo que ha comenzado a tener a toda la élite bajo sospecha. La ciudadanía nos demanda un papel social".
Por eso, Velasco reconoce que "todos los medios tienen un poder precioso, oculto, misterioso, escondido". Pone el ejemplo de los mensajes por celular que en Madrid el 11-M tumbaron a José Aznar. "La radio descubre ese poder, pero que no está en la frecuencia ni en los transmisores. Solo tiene sentido cuando está en la gente y descubre que las herramientas tienen que ponerse a su servicio y se produce la convocación colectiva", explica.
De hecho, esa mediación puede confundir a la gente, y de allí que casi todas las llamadas alaban a Velasco y los ciudadanos le consideran un guía.
¿Ustedes son los líderes y dirigentes de esta protesta?
"Vamos a poner el acento para que la radio solo medie, para que no concentre, ni distribuya, y peor que se convierta en actor. A una sociedad que le vaciaron de educación política es fácil sacarle líderes".
¿Paco Velasco?
"Yo, ¿líder?, ¿cómo asífff? ¿En la Revolución de las Alcabalas, hay memoria de algún líder? ¿En la de los estancos? No. El líder es la dignidad del pueblo, ese es el que se toma las calles y nos rebasa a todos". (OP)

UNA VEZ MÁS, LA RADIO HA SIDO EL MEDIO POR EXCELENCIA

La importancia del "tiempo real" en las protestas de Quito

Radio La Luna, coherente con su postura informativa, mantuvo abiertos los micrófonos durante todo el día y la noche del paro provincial de Pichincha, y también en todo el día siguiente.
Así, no solamente posibilitó la expresión de la voz anónima de los quiteños, sino, en especial, permitió que ellos estuvieran informados en "tiempo real" de las incidencias de la protesta provincial.
Contrastó ello con lo que hizo la televisión, que ofreció esa información solo en los noticieros. Esto produjo una crítica colectiva, pues los habitantes de Quito, muchos de ellos soportando la represión gubernamental, otros con la ira contenida, compararon la conducta de la televisión con aquella que imprimieron en el arribo del ex presidente Abdalá Bucaram, que llegó a Guayaquil a gozar de una amnistía judicial otorgada por su íntimo, que funge de presidente de la Corte Suprema de facto. Los canales se conectaron en una virtual cadena nacional y, después, como sucedió poco antes con el ex vicepresidente Dahik, también "amnistiado" por el "combo" de las "pichiprovidencias", presentaron cándidas entrevistas en las que faltó la pregunta sustancial: ¿dónde está la plata?
Si los medios contribuyen a configurar el imaginario colectivo, la opinión vio en ello un entusiasta y desmemoriado recibimiento a exiliados perseguidos políticos, y no a prófugos a quienes se les habían levantado los cargos penales, con una anulación de los juicios contraria a derecho.
Fresca esta realidad en la retina de los quiteños, la radio confirmó las virtudes que la unen estrechamente con los sentimientos comunitarios, en lo que La Luna ha demostrado una perseverancia incuestionable.
La sintonía entre emisoras y escuchas se produce por la "magia" que tiene la comunicación en "tiempo real" que, ahora, se ha visto fortalecida por la comunicación telefónica celular: los habitantes de Quito se convocan a la protesta mediante los micrófonos de Paco Velasco y con los mensajes que se envían en los celulares.
Lo que ha sucedido en esta semana, y seguramente seguirá ocurriendo en las noches quiteñas, revela la importancia de la participación colectiva en la construcción de la democracia política, social y económica. Y, en ello, el papel crucial que tienen los medios de comunicación que posibilitan la interacción abierta con su auditorio y con las iniciativas ciudadanas. (DCM).

Resistencia con otros términos

La presencia del concejal de PK Antonio Ricaurte fue rechazada por algunos manifestantes. Otros fueron saludados, como el general José Gallardo o los dirigentes del Movimiento Participación Ciudadana

El concejal Antonio Ricaurte (PK), uno de los protagonistas de la Asamblea de Quito y del paro provincial del miércoles pasado, se limitó a permanecer en una esquina de la avenida Doce de Octubre la noche del jueves pasado, luego de que fue abucheado por los participantes del "cacerolazo" protagonizado por la ciudadanía en contra del régimen de Lucio Gutiérrez. El alcalde Paco Moncayo y el prefecto Ramiro González también se mantuvieron al margen. Eso, según Pablo Andrade, politólogo de la Universidad Andina, es porque hay un sector que está rechazando a las dos cabezas visibles y al partido político que lidera la Asamblea de Quito. Eso sí, reconoce que ella sirvió para coaligar una serie de voluntades que estaban dispersas.
Así, acota: "El intento de controlar la energía social movilizada fracasó completamente. Entonces se desató este proceso que ya no pasa por ahí y que incluye por primera vez una expresión muy directa del antipartidismo que había estado latente en la sociedad ecuatoriana y quiteña particularmente".
Para Carlos Arcos, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), existe una crítica al liderazgo político, pero se corre el riesgo de caer en la estigmatización (todo político es un aprovechador de esas energías), sin considerar que la política es consustancial a la democracia, no puede haber la una sin la otra. "Creo que hay que criticar al alcalde Moncayo por su llamado a los militares, pero hay que reconocer que sin su actitud de compromiso estas manifestaciones no se hubiesen realizado. Ha tenido un rol importante", explica, pues, además, "lo que se está haciendo por las noches es una manifestación política".
Entonces, según Arcos, lo que hay que cuidar en estas expresiones es que la crítica no termine en una estigmatización, porque se puede convertir en un movimiento que a la larga se desgasta. Incluso, porque, según Andrade, se evidencian intereses individuales que se expresan colectivamente: "La gente se siente ofendida por el Gobierno, hartos de la política con la cual no se sienten vinculados". Además, lo que pasó en Cotopaxi, es un ejemplo de ello, ya que la Asamblea Provincial no optó por las protestas progresivas, pero sí decidió buscar al presidente para que una comisión exponga cuatro demandas específicas de la zona, lo que demuestra que "los ciudadanos están corriendo por carriles independientes e individuales".
Añade que para obtener resultados, a la oposición le faltó coherencia, porque los líderes políticos están intentando ser más visibles en el espacio político y "cuando todos están jugando a eso, se pierde la posibilidad de generar alianzas coherentes, donde es necesario hacer renuncias", lo que, según él, no se ve.
El "cacerolazo" es calificado por Andrade y Arcos como una protesta antipartidista, que demanda que se vayan todos, y muy recreativa, respectivamente. En el primer caso, "eso genera distanciamiento entre lo que llamamos formalidad política y las luchas sociales". Además que son básicamente personas de la clase media que se sienten irritadas con el Gobierno y con la situación política del país. Ese grupo humano tiene un enorme peso en el conjunto de la sociedad, pero "no hay que confundir con la ciudadanía que se sí extiende más allá de la clase media", dice Andrade.
Para Arcos, lo importante es que el paro de Pichincha obedeció a una conciencia política tradicional, con lo que parecía que nos habíamos quedado en un callejón sin salida, pero fue la ciudadanía la que cambió los términos de resistencia frente a esta "dictadura mafiosa de Gutiérrez y Bucaram", la que, según él, puede caer sola por las cosas que hace, antes de que la fuerza de la movilización la tumbe. (PC)

EL PREFECTO GONZÁLEZ APLAUDE AL "CACEROLAZO"

La presencia del concejal de PK Antonio Ricaurte fue rechazada por algunos manifestantes. Otros fueron saludados, como el general José Gallardo o los dirigentes del Movimiento Participación Ciudadana

El alcalde de Quito, Paco Moncayo, reiteró ayer que está contento con lo que está sucediendo en las calles. Aseguró que es bueno que sepan que no es el alcalde, el prefecto o el partido Izquierda Democrática (ID) los que realizan manifestaciones. Incluso la ciudadanía también ha recibido insultos por parte del Gobierno que acusa a los inconformes de "forajidos".
Reconoció que el pueblo está cansado de los políticos, "de todos los políticos", y que el tema ya trascendió las fronteras al aparecer en una foto publicada en un diario de los Estados Unidos (Miami Herald).
Moncayo defiende sus acciones desde hace cuatro meses y las califica como una motivación para que ocurra lo que está pasando ahora, con el fin de que retorne la constitucionalidad.
Por su parte, el prefecto Ramiro Gonzaléz acotó que lo ocurrido en las noches del miércoles, jueves y viernes es "fabuloso". Por eso hizo un llamado al pueblo de Quito, de Pichincha y del Ecuador a que tengan esa iniciativa y sigan haciendo más cosas de estas, "para demostrarle al dictador que no es una, ni dos personas, ni dos
autoridades, que es un pueblo el que está indignado con la forma de gobernar, con esta Corte de facto corrupta y con que tenga como su asesor al principal pillo de este país que es Abdalá Bucaram". (PC-PAG)

La gente, la calle, la plaza, en otros tiempos

A lo largo de la historia, la sociedad quiteña se ha movilizado masivamente

Al día siguiente del 10 de Agosto de 1809, se recogieron 8 000 firmas que respaldaban la Independencia del Ecuador, en una ciudad de 20 mil quiteños. Con este hecho histórico, el historiador Jorge Salvador Lara reafirma la tradición cívica de protestas, muy propia de la capital del país.
Estas expresiones del descontento social están en la historia: las revoluciones de las Alcabalas (s. XVI), la de los Estancos (s. XVII), la Guerra de los Cuatro Días (1932), la Guerra de los Cuatro Reales (1978), el arrastre de Alfaro (1912)... Para Tamara Estupiñan, historiadora, la sociedad quiteña se levanta cuando violan su "economía moral, que nada tiene que ver con lo monetario y material, sino con ciertos símbolos y valores". La dignidad -dice- es el valor más importante. Es entonces cuando la imagen de esa sociedad, tolerante y pacífica, cambia.
Es lo que está pasando. Salvador Lara piensa que estas manifestaciones "modernas" son una herencia y lo novedoso es que las marchas civiles tengan apoyo de las autoridades seccionales. Estupiñán cree que el pueblo está dando mensajes claros a los medios de comunicación y al poder gubernamental y los cuestiona: "Necesitamos nuevos actores políticos".
Hasta hace pocos días -reflexiona el sociólogo Mario Unda- la pugna parecía ser solamente entre grupos de poder, partidos y alianzas más o menos endebles, una pugna encerrada en los marcos de la institucionalidad estatal y partidaria o en los canales que ella misma abría (las asambleas de Guayaquil y Quito, etc.). Pero, el miércoles 13 se dio un giro: "Mucha gente ya no reconoció las vías institucionales". Se expresaron otras cosas por la desconfianza y se abstuvieron de participar con los actores sociales de siempre. "Nos autoconvocamos quiere decir que la sociedad ya no espera ser llamada, organizada ni dirigida por sus "líderes", sino que busca otras referencias, otras maneras de reconocerse, de mirarse, de hablar entre sí".
Además, Unda habla de una autoconvocación a la creatividad y la imaginación de la gente... De allí el "cacerolazo", el "reventón" y el "tablazo". Son iniciativas que se toman en sus barrios, en las plazas, en los lugares que les son simbólicos (la tribuna De los Shyris, la Villa Flora, el Parque Inglés... ), "los territorios por donde transcurre nuestra vida, la ciudad nuestra, por la que caminamos todos los días, la de nuestros desvelos". Cobra otro sentido: "Ya no es la ciudad de las accciones que otros deciden, la del poder, a la que nos convocan; es otra una creada por nuestras decisiones y acciones". Incluso, los símbolos del poder se alejan: Carondelet, el Congreso, por ahora, ya no son los sitios de las exigencias ciudadanas.
Pero no solo hay otros territorios de protesta, sino también otros tiempos: "La noche es el tiempo que disponemos, que tenemos realmente para nosotros". El sociólogo ve en la propaganda del Gobierno, la que llama al trabajo, "astucia": "No es más que un llamado tramposo, en medio de tanto desempleo y subempleo, de tanta precariedad laboral; más tramposo aún porque el trabajo no es solo ganar el pan con el sudor de la frente, sino construir una convivencia humana digna".
Es el tiempo del fin de la jornada. Estupiñan cree que se hace una mala lectura al pensar que la gente sale por la noche debido al miedo a la represión, porque "hay dignidad para protestar, y los quiteños difícilmente son manipulables".
Y el tiempo de las protestas es ese otro tiempo nuevo: "El del encuentro y de la palabra con nuestros amigos, con los compañeros de estudio y laburo, con los vecinos, con quien que comparte con nostros el asiento del bus...", dice Unda y, para él, el mensaje es claro: "Esta institucionalidad ya no representa a la sociedad". Hay algo más: "Una necesidad de construirse uno mismo como sujeto, como ciudadano, como persona, construirse en el encuentro". (LM)

PUNTO DE VISTA

¿El sistema político nacional colapsó?

La expresión capitalina de las últimas tres noches rebasó cualquier pronóstico sobre los efectos de la crisis política que vive el Ecuador. En cuatro meses no ha pasado nada: tras una marcha (la del 16 de febrero) y un paro (el 13 de abril), sin descontar la serie de anuncios y arreglos políticos, la ciudadanía se sintió defraudada y cansada.
Grupos, sobretodo de la clase media, salieron a las calles tomando distancia de los partidos políticos y los movimientos sociales. Ocuparon los espacios de la ciudad, pero no fueron a los símbolos del poder (Plaza Grande, por ejemplo). Propusieron desalojar a todos los políticos de todas las entidades ocupadas ilegalmente por los partidos aliados a Lucio Gutiérrez. Y en todo ello fluyeron nuevos mecanismos de convocatoria: una radio y los mensajes vía celular.
Entonces surgen las dudas: ¿por qué los sectores más pobres no participan de este movimiento?, ¿qué hace que los partidos políticos (como el MPD, agitador y perturbador por excelencia) se marginan de la movilización?, ¿qué mensajes se proyectan en las nuevas formas de protesta?
Quizá hay una razón: el sistema político colapsó y los actores más informados e interesados en un cambio están en la clase media. Además, si los partidos son los espacios para la negociación social frente al Estado, los de ahora solo responden a intereses personales y corporativos de las élites. Por tanto, el escenario de la participación va a ser la calle. Lo que queda por responder es ¿qué va a pasar después? (OP) (Blanco y Negro)

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