Demonios De Amor Y Felicidad


Publicado el 28/Abril/1994 | 00:00


Quito. 28.04.94. En una de las imágenes emblemáticas en Del amor
y otros demonios, la última novela de Gabriel García Márquez, de
regreso a su biblioteca después de que el sacerdote Cayetano
Delaura conociera a la niña/mujer que llegara a amar, junto con
varios instrumentos de medición astronómica los lectores vemos
"un globo terráqueo con adiciones y enmiendas hechas a mano por
cartógrafos sucesivos a medida que iba aumentando el mundo" .

Mientras el macrocosmos se va rehaciendo y aumentando, las vidas
de los seres de la novela se van deshaciendo y disminuyendo. En
efecto, los padres de Sierva Mana de Todos los Santos nunca han
vivido como pareja y su matrimonio se va derrumbando. Las
ilusiones del marqués, padre de la Sierva, jamás se concretaron
ni con su primera esposa ni con la loca que lo acompañará hasta
el final sin permitirle un solo acercamiento. Los padres de
Sierva hacen todo lo posible por deshacerse de ella y aceptan
como cierto su posible contagio del mal de rabia solo por el
pretexto de no verla. Al mismo tiempo que ellos se reconocen sin
hija, Sierva vive como huérfana. En el instante más intenso de la
vida de Delaura, éste será abandonado por el obispo que
consideraba casi como un hijo.

En este abandono permanente de todos contra todos, en que los
personajes van sintiendo el peso de la soledad, Sierva María
-criada entre los esclavos habla yoruba, congo y mandinga, cree
en sus dioses, baila como las negras, se pinta la cara- se erige
en un ser libre: ella es una Sierva libre porque es capaz de
encontrar alegría en el mundo otro y marginal de los esclavos
negros. En la cárcel ella contradice los dictados de la
autoridad-la monja que guarda su encierro y el obispo que la
exorciza-y se expone a la condena, solo por el placer d ser ella,
de estar viva sin sometimiento a ninguna ley. El extremo de esta
actitud es que, en medio de la pudrición general-la comida que
envenena a esclavos, la mortecina en la calle, las flatulencias
de Bernarda su madre, su cercanía a los excrementos- solo Sierva
escapa a la opresión pese a que ella misma es torturada.

La lección del texto tiene su origen en una confusión: el único
problema, en los canones de los personajes y el ambiente del
texto, es que Sierva María es diferente, o "invisible" como
aparece muchas veces. Pegada a la cultura de los negros, su mal
es no asumir la cultura ciudadana, blanca, aristocrática. Por eso
la incomprensión y el fanatismo del poder religioso-poder estatal
en tiempos del virreinato-la inculpan y la llevan a la muerte. Su
actitud liberada contribuye a esta confusión, pues en el afán de
mantener la identidad de sus lenguas africanas, sus collares y
sus dioses, muerde como si tuviera rabia y, aterrorizada por la
presencia "salvaje" del obispo que la exorciza, grita como si
estuviera poseída.

Es notable el camino que lleva al escritor de la noticia, pasando
por la leyenda, a la novela. El libro empieza con una
presentación "real" firmada por García Márquez: la novela se
origina por una noticia que, en 1949, impresionó al autor:
algunos de los seres "históricos" nombrados en estas tres
primeras páginas pasan a la novela; otros existen contradiciendo
al dato "histórico" (como el nuevo virrey de la novela".

Por esto, Del amor y sus demonios dialoga con la tesis de "la
verdad de la mentira" y le da otro giro. Sabemos que Vargas Llosa
ha defendido la idea de que toda su obra es ficción, aunque se ha
demostrado en ella la presencia de una serie de mentiras
políticas; por el contrario, García Márquez aquí se esfuerza por
presentar su obra como histórica, pero lo que se puede ver en
ella es la construcción de ciertas verdades literarias, esto es,
palabras que "complementan" la comprensión del proceso histórico.
Veamos: Sierva, al acostumbrarse a mentir a los blancos, dice su
verdad; su padre el marqués cree que estas mentiras son la
condición de la poesía. Entonces, Abrenuncio (Abre-nuncio,
también enfrentado a la Iglesia, médico judío, acechado por la
inquisición, replica diciendo: "Cuanto más transparente es la
escritura, más se ve la poesía' (45). Hoy sabemos que no existe
lenguaje transparente; pero podríamos ver en esta frase el
intento garciamarquiano de contradecir la idea por la cual el
arte transporta mentiras verdaderas.

Del amor y sus demonios también señala muchos límites de las
posiciones absolutas: los del deber científico, de la religión.
del amor. Por eso muy pocos comprenden a Sierva María y a
Cayetano; es como si los seres hechos para amarse deban pasar por
el sacrificio de la muerte para prevenirlos contra ese demonio,
el más peligroso de todos, del amor. Como lo dice Abrenuncio: "el
amor era un sentimiento contra natura, que condenaba a los
desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más
efímera cuanto más intensa" (194). No siempre se muere de amor
como en esta novela, pero en este caso es el poder institucional
lo que impide la realización de la felicidad por una macroactitud
en la que el Estado aniquila a los sujetos imponiéndoles su orden
y enmarcándolos en instituciones rígidas. Acaso frente a lo
azaroso de la vida debamos ponernos alas, de murciélagos o de
angeles, para volar un poco más allá de las restricciones que se
ciernen sobre nuestros cuerpos, la familia, las ideas. Aunque en
la libertad sin duda, encontraremos nuevas paradojas y otros
demonios.

LAS 23 GUERRAS DE GARCIA MARQUEZ

En 1928 hubo en Colombia una huelga bananera que dejó huellas de
represión y dolor en la historia del país.

Por aquellos azares de la vida que marcan la existencia de los
individuos, el mismo año nace Gabriel García Márquez en el
pequeño y tropical pueblito de Aracataca.

La relación entre la huelga bananera y la vida de García Márquez
podría ser una simple referencia, pero no: aquel hecho histórico
fue madurando en el corazón del futuro escritor y se convirtió,
finalmente, en uno de los ejes temáticos de sus novelas.

Los ocho primeros años de la existencia de García Márquez
transcurrieron en su Aracataca, donde vivió en compañía de sus
abuelos, el coronel Nicolás Márquez Mejía y su esposa,
Tranquilina Iguarán Cotes.

Ellos son, también, referentes fundamentales para la imaginación
de García Márquez e, incluso en algunas novelas se convierten en
sus personajes.

El abuelo, un coronel retirado de las guerras entre liberales y
conservadores, en especial de la de los Mil Días (1899-1901),
encontró en su nieto a un fascinado espectador que fue guardando
en su memoria aquellas historias de amores intensos y fugaces y
de batallas repetidas.

La abuela también fue trascendente para el futuro escritor. pues
lo introdujo desde muy niño en un mundo donde no estaban
establecidos los límites de la "realidad real". lo que hizo que
todo pueda ser posible en la realidad particular del pequeño
Gabriel, desde la visita de un muerto hasta la magia y el
hechizo, pasando por la posibilidad de que la gente vuele o tenga
el don de la vida eterna.

Siempre marcado por aquellas intensas experiencias infantiles,
García Márquez no abandonará jamás su amor y su pasión por la
literatura. Sus lecturas preferidas son Sófocles, Claudel,
Kierkegaard, Dickens, Stendhal, Flaubert, Balzac, Zola, Kafka,
Hemingway, Faulkner, Joyce y, una de sus claves, Juan Rulfo.

A los 17 años ingresa en la Universidad Nacional de Bogotá. Allí,
dos amistades influirán decisivamente en su vida: el padre Camilo
Torres -mítico sacerdote guerrillero que, años después, moriría
en combate- y Plinio Apuleyo Mendoza, uno de sus más fieles
"creyentes" y suscitadores personales.

A esa edad escribe su primer cuento, la tercera resignación. Un
año después, el asesinato del dirigente popular Jorge Eliécer
Gaitán abre en Colombia una etapa de violencia y crisis, que no
terminaría sino muchos años despues. Estos dos hechos -el uno,
artístico; el otro, social- determinan que García Márquez se
traslade a Cartagena a continuar sus estudios y, mientras afina
sus armas literarias, se enrole en el periodismo.

Años después llega a Bogotá. Tras una brillante carrera
periodística -en medio de la cual se da tiempo para ser guionista
cinematográfico y "creativo" publicitario- y una serie de
ficciones escritas alrededor de sus temas obsesivos, García
Márquez inscribe su nombre en la historia de la literatura
universal con su novela Cien años de soledad, publicada en 1967
por editorial Sudamericana, de Argentina.

"Estaba seguro de que la novel tendría una buena critica, pero no
sabía que se vendería tanto", dijo el escritor cuando conoció que
la primera edición de la obra se había agotado en menos de una
semana.

A partir de entonces, la fama y la fortuna llegaron
vertiginosamente para García Márquez. Premios, reconocimientos,
más novelas, obras de teatro, acercamiento a personajes políticos
contemporáneos, se suceden uno tras otro, hasta que, en 1982.
recibe el premio Nobel de Literatura.

Ese galardón, quizás el más importante que pueda recibir un
escritor en el mundo, no es más que el premio a una vida
consecuente con lo que él más amaba: la literatura.

Lo que vino después es historia conocida. Huir de la fama y
seguir en lo suyo: más novelas, más obras de teatro, la misma
entrega y el mismo fervor juvenil por seguir siendo aquel
escritor que se jugó la vida por llenar de macondos la existencia
de sus lectores.

Sus más cercanos colaboradores lo describen ahora como un hombre
rodeado del amor de su esposa Mercedes, sus dos hijos y sus
amigos, aunque perseguido, para siempre, por la obsesión de la
soledad, que es la que, hasta hoy, lo mantiene escribiendo y
ganando "las 32 guerras que perdió el coronel Aureliano Buendía".


* Texto tomado de EL COMERCIO (p. 1-B)

Ciudad N/D



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