Colera El Temor Es De Un Incremento


Publicado el 30/Marzo/1998 | 00:00

Quito. 30 mar 98. Ni las proyecciones más pesimistas sobre el
alcance de una posible epidemia de cólera en el país para este
año, cubrirían el número de contagiados en 1991.

Sólo en Guayas se contabilizaron ese año de epidemia 14 mil
951 casos, esta fue la provincia más afectada ese año.
Proyecciones hechas por el director provincial de Salud,
Víctor Hugo Torres, dicen que no menos de 800 personas se
contagiarían de esta enfermedad en Guayas hasta mayo.

Las pésimas condiciones sanitarias y ambientales
-inundaciones, agua potable insegura, hacinamiento de personas
en albergues- provocadas por las lluvias y una epidemia
declarada con más de 8 mil casos en Perú, originan la
preocupación de que los 34 casos que se atendieron en los
hospitales del país, aumenten en los próximos dos meses hasta
alcanzar las cifras de una epidemia.

Pero para los técnicos, los riesgos de un rebrote del cólera
hasta llegar a los niveles de una epidemia no sólo dependen de
El Niño, en 1991 no se presentó este evento natural pero sí la
enfermedad.

Entre las cifras de 1991 y las de este año, hay una gran
diferencia, asegura Silvio Torres, director técnico de la
Subsecretaría de Salud de la región II. En 1991 no estábamos
preparados para enfrentar una epidemia de ese mal, agrega.

"Los salubristas, los médicos, en un principio no sabíamos
cómo actuar frente a cientos de personas que llegaban con
diarreas, desnutrición. Costó darnos cuenta ante qué
estábamos".

Fue precisamente desde el 27 de febrero de 1991 que el cólera,
provocado por microorganismo del biotipo eltor, se considera
endémico. En años anteriores a 1990 no se habían presentado
casos. Pero al año siguiente hubo un alteración en las
estadísticas epidemiológicos del país.

El cólera que se presenta primero con diarrea acuosa y profusa
sin dolor y vómitos ocasionales, pero que con el paso de las
horas adquiere características mortales y provoca dolores
intensos en el estómago, deshidratación rápida, acidosis y
colapso respiratorio, tiene en las áreas marginales de las
ciudades más pobladas los sitios de mayor riesgo.

Junto con las previsiones en el campo de la salud para
enfrentar al fenómeno de El Niño, se organizaron cerca de 66
brigadas médicas en la región II -Guayas, Los Ríos, Manabí, El
Oro, Loja- que recorrieron los barrios marginales y las zonas
rurales, haciendo labor educativa. No hay otra forma de
vacunarnos contra el cólera, dice Silvio Torres, por eso es
que en lo que va del fenómeno, se incrementaron 20 brigadas
médicas más.

No esperamos que los índices de una posible epidemia lleguen a
los niveles de 1991, actualmente la información preventiva es
más fuerte, aclara Ricardo Cañizares, director del
departamento de Epidemiología de la Subsecretaría de Salud,
región II.

Desde ese año los riesgos de una nueva epidemia nos mantienen
en alerta, dice. En los últimos seis años no dejó de
presentarse. Durante todo este tiempo la provincia del Guayas
fue tomada como muestra para su seguimiento.

Sólo el año pasado, de las diecinueve personas contagiadas en
la región, diecisiete fueron reportadas en los hospitales de
esta provincia en donde, entre 1995 a 1996, se identificaron
823 casos.

La epidemia de 1991 duró por lo menos tres años en los que las
cifras se mantuvieron en rojo y al país le costó reponerse. Al
año siguiente, en Guayas se reportaron 11 mil 914 casos. En
1993, ya se notó un decrecimiento a 2 mil 789.

Para Silvio Torres, la intensidad de una epidemia depende de
la reacción que se tenga para enfrentarla. En lo que va del
año, las previsiones que se habían tomado como parte de las
medidas por El Niño, tuvieron una prueba con la leptospirosis.


De los 196 personas con un diagnóstico clínico positivo, sólo
19 fallecieron hasta el 23 de marzo, mientras que el resto se
recuperó gracias a que la comunidad buscó atención médica y
encontró profesionales capacitados para atenderlos
adecuadamente.

Los hábitos peligrosos

Todo alimento que se consume fuera de casa, presenta un 90 por
ciento de inseguridad para el contagio del cólera, dice Silvio
Torres, director técnico de la Subsecretaría de Salud, región
II.

Varias preguntas que no son respondidas por el consumidor de
estos alimentos responden a ese riesgo: ¿cómo se las preparó,
con qué agua, en qué condiciones sanitarias, las personas que
los manipulan están calificadas y son aseadas?

El riesgo está en quien consume un cebiche, frutas que no se
pelan o están lavadas con agua sucia. Mariscos que se consumen
sin cocer y otros alimentos que se preparan con agua sin
hervir.

Los riesgos de una epidemia aumentan con cada caso aislado.
Por cada caso conocido, hay 30 personas sin síntomas. Los
meses de invierno -enero, febrero, marzo, abril- fueron
siempre los más susceptibles. Entre abril y mayo de 1991 hubo
más de dos mil casos por semana. Así se mantuvo hasta 1993,
cuando se notó un descenso importante.

En el país

* La vía Macará-Limones-Zapotillo cerrada.- Las torrenciales
lluvias que soporta esta zona fronteriza en los últimos días
originó la interrupción de esta carretera por la destrucción
del puente ubicado en el sector de Anghafsicola.

Esta vía también comunica a varias comunidades, las mismas que
se encuentran aisladas, ya que es difícil hacer transbordos.
Esta zona es rodeada de varias quebradas, las mismas que por
las fuertes y constantes lluvias se desbordan y destruyen
parte de la vía y los puentes. Redacción Cuenca

* Un hotel se desplomó.- La madrugada del sábado el Hotel
Internacional, ubicado en el centro Macará, y que había sido
desocupado hace pocas semanas, se desplomó por el fuerte
temporal que sufrió Macará, al sur de la provincia de Loja. El
segundo piso de la construcción de adobe cedió fácilmente a la
fuerte lluvia, que duró por más de seis horas en la ciudad y
que causó daños a varias viviendas, a más del susto de sus
moradores. La destrucción se produjo a las 03h00 del sábado,
no causó heridos ni desgracias personales, ya que sus
administradores en vista del mal estado dejaron de usarlo para
evitar accidentes. En el segundo piso del hotel, de solo dos
plantas, las paredes de adobe y el techo se derrumbaron.
Redacción Cuenca

* La Copefen da dinero para alimentos.- El directorio de la
Unidad Coordinadora del Fenómeno de El Niño (Copefen) autorizó
el 24 de marzo pasado la entrega de 3 mil millones de sucres
171 millones de sucres al Ministerio de Agricultura y
Ganadería para la provisión de cerca de 80 mil raciones
unifamiliares que se entregarán a damnificados de las
provincias de El Oro, Guayas, Manabí, Esmeraldas, Azuay,
Bolívar, Cañar, Chimborazo, Loja, Napo, Zamora, Cotopaxi y
Galápagos. Además se comprometió a financiar la entrega de
otras 30 mil raciones para las necesidades de 259 albergues en
todas las provincias de la Costa. Ese monto se suma a cerca 5
mil millones de sucres que entregó al MAG para realizar las
mismas acciones hasta mayo.

* En Sitio Nuevo es difícil vivir.- Varios sacos de pepinos
regados a la sombra de un techado, en la carretera, a cinco
kilómetros de Manglaralto, vendidos a mil sucres el montón,
descubren la imposibilidad de sacar los productos a los
mercados, en las comunas de la Península de Santa Elena. Las
personas dejan los buses para subirse a pequeñas camionetas
que esperan que la marea baje para cruzar por dos kilómetros
sobre la arena hasta llegar a Simón Bolívar, donde se embarcan
en otros carros y continuar el viaje, desde hace dos semanas
que la carretera sobre Playa Bruja está interrumpida por los
derrumbes. Agustín Pincay creyó que era mejor venderlos ahí,
"me sale más barato regalar el producto que pagar hasta 50 mil
sucres por cada viaje para llevarlos a vender a Santa Elena",
dice. Antes debió sacar los cinco sacos desde Sitio Nuevo, a
seis kilómetro de la carretera principal, y a donde desde
diciembre ya no llegan carros. Redacción Guayaquil

* 200 familias están aisladas.- En la comuna Sitio Nuevo,
todos se dedican a la agricultura. "Es difícil traer hasta
aquí (la carretera) lo que producimos adentro. Allá se pudre.
La vida es imposible en nuestro pueblo", dijo un morador.

Continuos derrumbes, ríos y riachuelos crecidos, generan la
inestabilidad de la que habla este hombre de 45 años que para
alimentar a su familia cargó cinco sacos en un trayecto de
cinco horas. Nadie está seguro allá adentro, las casas se
caen, nos enfermamos de todo, diarreas, fiebres, cólicos, se
nos hinchan los ojos... no sabemos si nos da cólera, dengue o
conjuntivitis, lo único que sabemos es que tenemos que vivir
con todo eso, explica, mientras espera que alguien le compre
sus productos. Redacción Guayaquil

* Donativo desde Houston .- Alrededor de 45 mil libras de
buena calidad llegarán al país para ser entregadas a los
pobladores de la Costa, gracias a una donación de la
Asociación de Ecuatorianos residentes en Houston. Los
donativos serán entregados a la Defensa Civil para que
organice la distribución directa a las víctimas junto con el
Ministerio de Bienestar Social.

Hoy terminan los aguajes

Francisca Jara, de 50 años de edad, escuchaba desde la
oscuridad de su cuarto que el mar bramaba a 100 metros de su
casa. "Señor, a qué hora clarea...", rezaba desesperada en
medio de la noche.

A las 6h30 caminaba entre las siluetas de paredes destrozadas
y casas destruidas. Parada sobre la arena húmeda y frente al
mar, miró a sus costados y respiró fuertemente. "Gracias
Dios..."

Las dos primeras noches del aguaje de marzo se fueron,
inadvertidas, a las costas de Manglaralto, Montañita...
"Habíamos dicho que si pasábamos este aguaje, El Niño habría
dejado de hacernos daño", explicó dos horas después "Doña
Panchita" en la tranquilidad de su casa.

Para quién presenció en la mañana del domingo (ayer) el
espectáculo de fuerza descontrolada del mar, la tranquilidad
de doña Francisca no era comprensible. "Pero es que eso es lo
que nos provocó el último aguaje...", aclaró Jara.

Jara se refería a febrero de este año, cuando de acuerdo con
un informe preparado por el Programa de Manejo de Recursos
Costeros (PMRC) pocos días después del oleaje que golpeó la
costa entre el 26 al 29 de febrero, sólo en Manglaralto se
vieron afectadas 20 viviendas y se destrozaron 240 metros de
un recientemente construido malecón en Montañita.

"Creíamos que esta vez el mar se llevaría por completo el
tramo de 80 metros que aún queda de la calle Constitución y
las cuatro viviendas que contienen el impacto del oleaje, pero
no fue así".

Desde octubre del año pasado, cuando por cuatro días el mar
provocó los primeros daños entre Valdivia y Montañita, no
menos de 27 mil sacos de arena fueron dispuestos por los
pobladores de ocho pueblos para protegerse del oleaje que
golpea cerca de sus casas cada vez que El Niño llega a las
costas de sur de América. Los sacos amontonados sirven como
muros de contención, explica José Camacho, mientras llena 30
sacos para colocarlos detrás de la iglesia San Isidro
Labrador, en Montañita. Desde febrero, la iglesia también
corre peligro a causa de las fuertes aguas. En una semana de
mar inquieto que antecedió al aguaje de febrero, los 245
metros de malecón y cinco terrenos que pertenecían a la comuna
fueron destrozados por la erosión del mar.

"Estamos parados sobre lo que antes eran terrenos de un metro
sobre el nivel del mar. No valió de nada la inversión que
hicieron la comuna y el Fise para construir ese malecón",
explica Bartolomé Yagual, vicepresidente de la organización
comunal de Montañita. Ellos compraron 700 metros cuadrados de
material pétreo con el que se consolidó el malecón.

Aunque las veinte familias que tienen como patios traseros a
la playa no durmieron bien en las últimas dos noches, ayer se
mostraban tranquilos al ver que el día amaneció sin novedades.

En los cinco días previos al aguaje, los vecinos se unieron
para colocar largas columnas de sacos: tenían que defender sus
casas. "Los noticieros de televisión decían que este aguaje
iba a ser el más fuerte del año", comenta Primitivo Rosales.
"Pero nosotros que vivimos cerca del mar sabíamos que éste
estaba tranquilo. "En febrero, cinco días antes ya presentaba
una bravazón que daba miedo".

El Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) también
adelantó algunos comentarios tranquilizadores para los
pobladores: "No se reportaron tormentas en el alto Pacífico.
En febrero sí las hubo, por lo que esta vez el mar no estará
tan agitado como el mes pasado", explicó una fuente oficial.

Hasta el mediodía de ayer, no se sabía de daños provocados por
el mar en las costas de la península de Santa Elena. Esto a
pesar de que, según el reporte de Inocar, en la tarde del
sábado debió presentarse la pleamar más alta del aguaje. Se
preveía que en Guayaquil termine el 29 y el 30 en algunos
sectores de la costa, como La Libertad, Manglaralto,
Montañita, Puerto López. Redacción Guayaquil

El Portoviejo en su cause

Los 90 metros cúbicos por segundo que evacúa la represa de
Poza Honda redujeron el caudal del río Portoviejo desde ayer
el medio día.

Una parcial tranquilidad se apoderó de los habitantes de Santa
Ana que se sienten amenazados por un eventual desfogue de
agua.

Las 17 horas de lluvias del viernes pasado anegaron el 70 por
ciento de la ciudad y causaron daños en una parte de la pared
sur de del vertedero lo que produjo la reacción de pánico
generalizado a lo largo del valle del río Portoviejo.

El sector más afectado en Santa Ana es la zona del malecón,
donde existen más de 70 viviendas construídas al pie de la
margen derecha del río. Las crecientes afectan a esas casas,
al menos cinco han cedido ante la humedad y el socavamiento
del río a las bases. La escasez de alimentos se acrecienta por
el deterioro del 95 por ciento de la vía que conduce desde
Portoviejo.

Los dueños de camiones prefieren no arriesgar sus unidades,
según lo manifestó Joaquín Velasco, chofer que realiza viajes
agotadores desde Carchi para transportar papas hacia Manabí.

Ayer, apenas tres camiones cargados de verduras y dos con
cilindros de gas de uso doméstico ingresaron. La vía hacia el
cantón Olmedo se interrumpió a la altura del recinto El Mate.

Aguas abajo del valle la situación se normaliza pese a que el
sábado por la noche hubo precipitaciones moderadas en la
capital manabita. La pequeña represa construída aguas arriba
del Estero de Monte Santo evacúa hasta cinco metros cúbicos
por segundo lo que da un respiro a las 1.400 familias que
habitan en los barrios Florón 1,2,3,4 y 5.

La atención se trasladó nuevamente a Bahía de Caráquez , donde
el sábado se realizó un puente aéreo desde Portoviejo para
transportar alimentos, vituallas y pobladores, manifestó
Patricio Bonilla, del Grupo de Caballería Teniente Hugo Ortiz.

El gobernador, Fernando Macías, con miembros de la Defensa
Civil, trasladaron raciones alimenticias y vituallas hacia el
recientemente creado cantón Jama que fue azotado por el
desbordamiento de las aguas del río del mismo nombre anegando
gran parte del poblado. Redacción Manta (Texto tomado de El
Comercio)

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