Castaño vuelve a escena del crimen


Publicado el 17/Mayo/2010 | 00:06

La captura de Henry Gil Ayerve, presunto autor intelectual del asesinato del ex diputado emepedista Jaime Hurtado, revive la versión de que jefe paramilitar colombiano ordenó el crimen, por un supuesto apoyo de Hurtado a las FARC



La hipótesis de que el asesinato de Jaime Hurtado González, ex candidato presidencial y ex diputado por el MPD, fue ordenando por el jefe paramilitar colombiano Carlos Castaño cobró fuerza nuevamente la semana pasada tras la captura de Henry Wilberth Gil Ayerve, supuesto autor intelectual del magnicidio ocurrido el miércoles de ceniza de 1999.

En la noticia de esa captura, el periódico El Espectador de Colombia destacó datos del proceso en el Ecuador, a partir de los cuales se señala que "Gil Ayerve pertenecía a un grupo de personas señaladas como integrantes de grupos paramilitares, que planearon y ejecutaron el asesinato, señalando al diputado de colaborar con grupos guerrilleros colombianos, para lo cual organizaron una emboscada a pocos pasos de la Corte Suprema de Justicia".

Agrega que de las "informaciones aportadas por Colombia a la Policía ecuatoriana, se señaló que se había reunido el 4 de febrero de 1999 en un hotel de Bogotá Gil Ayerve y su jefe alias "Andrés", con el fin de planear el magnicidio y de trasladar a sicarios por el departamento del Caquetá hacia Ecuador".

En su declaración del 18 de febrero de 1999, un día después del magnicidio, Washington Aguirre, uno de los implicados en el proceso por prestar la logística para la ejecución, reconoció a Gil Ayerve en unas fotografías entregadas por la Policía como la persona con quien se contactó en Colombia y que le propuso localizar en el Ecuador a Jaime Hurtado.

Según el relato, Henry (como lo identificó) le comentó que había "un señor interesado en eso con la finalidad de recuperar un dinero que le habían robado de narcotráfico y que cuando le dijo que anotará el nombre se dio cuenta que se trataba del ex diputado".

Aguirre relató que Henry le presentó a alias "Andrés", que le dijo que eran parte de un grupo paramilitar de la zona de Urabá y que "el diputado Jaime Hurtado estaba apoyando a la guerrilla colombiana y que había ayudado incluso a salir a una gente del Caquetá, trayéndola al Ecuador, en donde se había sacado documentos falsos para enviarlos a otros países".

Además, "Andrés" le señaló que estaban haciendo un favor a ambos países, ya que, en el caso del Ecuador, "me supo decir que el abogado Jaime Hurtado había mandado a preparar gente ecuatoriana en Colombia para formar un grupo guerrillero..."

El Espectador informó que, con base en los antecedentes recopilados y en los hechos registrados el 1.º de marzo de 2004, se publicó en la base de datos de Interpol la solicitud de requerimiento internacional mediante circular roja en contra de Henry Wilberth Gil Ayerve y mediante notas verbales 166/2010 y 4-2-167/2010, la justicia ecuatoriana formalizó la solicitud de extradición del ciudadano colombiano.

Según registros oficiales, Gil Ayerve fue detenido el 10 de abril de 1998 en el control de Mascarilla (Imbabura) con 18 kilos de clorhidrato de cocaína, pero escapó dos meses después de Ibarra.

El 'mensaje' de Castaño, un titular que caló en 1999


'Las muertes violentas de Jaime Hurtado, Wellington Borja y Pablo Tapia no dejaban lugar a dudas. Fueron planificadas por expertos: se escogió el lugar en donde perpetrar el asesinato, un sitio estratégico, en el corazón político del país, en una callejuela aledaña al Palacio Legislativo, la Contraloría del Estado y la Corte Suprema, como para dejar un nítido mensaje". Así, comenzaba una nota de Blanco y negro publicada el 21 de febrero de 1999.

Dos días antes, el Gobierno de Jamil Mahuad anunció los posibles móviles: el autor intelectual, según declaración de uno de los presuntos cómplices de un sicario colombiano, es Carlos Castaño, el jefe de los grupos paramilitares de Colombia. El motivo: Jaime Hurtado apoyaba supuestamente a la guerrilla de las FARC.

Hurtado, Alberto Luna y el activista Alexis Ponce participaron en los diálogos de paz en el Caguán el 6, el 7 y el 8 de enero previo, junto a ellos, René Maugé, Édgar Ponce y Nela Martínez.

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