"cargamos Una Historia De Mitos, Fracasos Y Desencantos"


Publicado el 03/Abril/1995 | 00:00

Quito. 03.04.95. Se inscribe dentro de aquello que ha dado en
llamarse la "nueva historia" del Ecuador. Y eso es verdad. Su
voluminoso libro "Olmedo: ¿político, patriota o desertor?,
aparecido hace poco menos de un año, lleva la marca indeleble del
rigor histórico, de la búsqueda de fuentes primarias, de nuevas
interpretaciones que terminan dando al traste con envejecidas
afirmaciones basadas en apreciaciones morales a las que la
historiadora se encarga de ubicar en su justo medio.

La presencia de Rocío Rosero en Guayaquil sirvió para entablar
este diálogo en torno a su profesión de historiadora, de maestra,
de madre y a sus planes de investigadora.

¿Qué opinas de aquello que ha dado en llamarse la "nueva historia
del Ecuador? ¿Eres parte de ese grupo?

Es mi deber de historiadora, de ciudadana, de profesora, tratar
de dar un nuevo enfoque a la historia nuestra. La historia que
cargamos, que cargan nuestros hijos y alumnos está llena de
dolores, fracasos, desencantos. Es acrítica. Más parece un cuento
de hadas, antes que una reflexión profunda sobre nuestro pasado.
Muchos nombres, demasiadas fechas, la vuelven vaporosa, vaciada
de contenido. La historia debe propiciar una visión con mayor
ánimo, empuje, optimismo. Creo, con Olmedo, que debemos tener
conciencia en el ser nacional. Yo, en este diálogo, reitero esa
confianza.

¿La "nueva historia" propende a aquello que tú apuntas?

Sí, hacia allá apunta su proyecto. Está forjada con nuevos
elementos, nuevas metodologías, nuevos enfoques. Se ha alejado de
aquel enfoque narrativo-cronológico-personalista, para asumir una
actitud crítica frente al pasado, donde la presencia de lo
cotidiano, del sujeto como portavoz de su destino, adquieren otra
dimensión. Creo que los resultados están a la vista. Basta con
ver los tomos de la Nueva Historia del Ecuador, y muchas cosas se
explican por sí solas. Mucho de ese mérito, lo tiene Enrique
Ayala.

- Entonces, la historia sería...

La posibilidad de entender el presente y de proyectar el futuro.
La historia no es algo rígido, es algo que puede hacerse,
amoldarse, la historia es un puente. Creo que si se conoce bien
el pasado, se puede comprender mejor el presente y a su vez
establecer una proyección del futuro.

- ¿Cuáles son tus paradigmas en el estudio de la historia?

Creo que tendría que referirme básicamente a dos personajes:
Jorge Villalba, hombre erudito, bondadoso, me brindó muchas
facilidades para mis trabajos de investigación, y luego Enrique
Ayala Mora, compañero de estudios en la Universidad Católica de
Quito.

¿Qué opinión tienes sobre Manuela Sáenz?

Gran opinión. Mujer admirable, portadora de ideas liberales, en
una época en que a la mujer no le era permitido expresarse. Ella
no se amilanó, rompió con los convencionalismos políticos y
sociales existentes y pasó a la historia por ser la compañera de
Bolívar, por haber sido su consejera, y más que nada por su
lealtad. Por todo eso y más se ganó la admiración y el odio
también de los grandes hombres de su tiempo.

Aparte de Olmedo, ¿por quiénes más sientes admiración en la
historia ecuatoriana?

Por José María Velasco Ibarra. Tengo por él una profunda
admiración. Su pasión, su honestidad, el ser un intelectual
ciento por ciento, son tal vez los ejes de esa admiración. Luego
te nombraría a Pedro Carbo, ideólogo y patriarca del liberalismo,
a José Peralta, pionero de los cambios políticos, sociales e
ideológicos. Y Mejía Lequerica, personalidad fascinante, que a
pesar de su muerte temprana, deja una profunda semilla de
libertad y cultura. Espero encontrar el tiempo necesario para
dedicarles estudios mayores.

¿Cómo ves el papel de la mujer investigadora? ¿Encuentra
limitaciones, tiene amplitud, se reconoce su trabajo?

Los tiempos han cambiado, los escenarios históricos ya no son los
mismos. Los sujetos sociales son otros. Por lo tanto las
necesidades son otras. En el caso de las ciencias sociales, que
creo conocer mejor, las mujeres investigadoras, historiadoras,
economistas, periodistas, pedagogas, maestras, etc. tienen amplia
acogida y respeto por su trabajo. Las discriminaciones van
desapareciendo, archivos, bibliotecas están a su disposición.
Goza de becas, de cátedras, se publican sus obras. Los medios de
comunicación han abierto sus páginas para que podamos
expresarnos, y también las organizaciones de mujeres han jugado
un papel importante en la búsqueda de esos espacios.

UNA VISION DISTINTA DE OLMEDO

Rocío, eres la autora de un libro que viene a replantear la
visión en torno a José Joaquín de Olmedo... ¿Cuáles son las
coordenadas fundamentales de ese libro?

El libro cabalmente trata de ser un nuevo enfoque dentro de la
historiografía ecuatoriana, dando al personaje el carácter no de
semidios, ni de héroe intocable. Trata de aproximarse al hombre
de carne y hueso, al estilo unamoniano. Es a partir de esa idea
fundamental como se logra estructurar el libro, que creo puede
servir de aporte a las futuras generaciones.

¿En qué sentido?

En el sentido de que al estudiarse al hombre, este libro puede
servir para que otras personas puedan seguir su ejemplo. Olmedo
me interesó porque es un ser humano esforzado, un ser trabajador,
constante, siempre en afán perfeccionista. Muchos siguen creyendo
que su poesía era el producto de la inspiración. No, ella era el
producto de un largo y madurado esfuerzo intelectual; fue también
el pionero en la organización de la primera Escuela para Niñas,
en 1820. Luchó porque la mujer a la par del hombre se formen y
busquen de ese modo la superación.

Pero Olmedo nunca ha sido visto en esa dimensión...

Así es. Lo hemos visto de una manera distinta, sin entender
-porque hemos realizado una mala o apresurada lectura de sus
textos- que ese hombre amo a su patria, se esforzó por servirla y
le entregó todo cuanto estuvo a su alcance. Sin reparar en
sacrificios. Hombre hecho para las exquisiteces de la vida,
decidió dedicarse a los estudios, vincularse al movimiento de la
ilustración, leer a más no poder, todo ello con la finalidad de
entregar ese saber a su patria.

En la página 544 de tu libro señalas algo estremecedor: "1844. 20
De marzo. Olmedo ha cumplido los 64 años; se siente melancólico,
dice que no ha hecho nada por el país, y que eso le avergüenza y
entristece. Para remediarlo, pide y gestiona ser Director de
Estudios del Puerto; escribe los reglamentos del Colegio de
Guayaquil y obtiene los fondos indispensables para su
mantenimiento". Esto cambia la visión que se tenía sobre
Olmedo...

Con lo cual se desmiente aquello de su abundante riqueza. Era
dueño de tierras, pero muchas veces no se tiene efectivo. Olmedo,
los últimos años de su vida los pasa en penurias económicas, tal
como se lo comenta en una carta a su amigo Juan José Flores.

Tu libro no es una exégesis más sobre Olmedo.

He evitado caer en ese mal crónico del análisis histórico
ecuatoriano, ya que eso hubiese desvirtuado el sentido de mi
investigación. He tratado a lo largo del estudio, y creo que lo
consigo, evitar caer en los elogios y superficialidades acerca de
su persona. No he querido caer en glorificaciones y alabanzas. He
pensado en el sujeto histórico, en el ser social, en el hombre
con sus errores, con sus fallas políticas, con sus éxitos, sus
fracasos.

Existen ilustres antecedentes en el estudio de Olmedo, pienso en
el libro de Espinosa Pólit, de Darío Guevara... ¿deuda con ellos?

Creo que uno siempre tiene una deuda con la bibliografía
anterior. Los libros que tú citas son fundamentales en el
conocimiento de Olmedo, yo me he servido de ellos, están citados
en la bibliografía.

Dos antípodas ideológicas, Enrique Ayala y Jorge Salvador Lara,
apuntan juicios elogiosos en torno a tu libro. ¿Cómo tomas esos
criterios?

Creo que esa coincidencia de criterios hace que el libro sea
interesante. Ya que, por un lado, un personaje como Salvador
Lara, exponente de la escuela historiográfica tradicional,
destaca algunos aportes del libro; por otro, Ayala Mora subraya
"un sostenido esfuerzo por equilibrar el estudio de las facetas
más diversas de la vida de Olmedo en su época": él afirma que yo
evito caer en la canonización, con lo cual ambos ilustres
historiadores se complementan en sus afirmaciones. Eso para mí es
un estímulo, que me obliga a esforzarme.

Se ha tildado de contradictorio el pensamiento de Olmedo. Véase
los casos referentes a Flores, a Bolívar.

Las ideas de los hombres deben ser entendidas en su tiempo
histórico, sacarlas de su contexto equivale a mutilar su
pensamiento. Olmedo es hombre de su tiempo, y cualquier error que
quiera imputársele debe vérselo con mucho tino. Se acerca y se
aleja de Bolívar hasta finalmente glorificarlo en el Canto a
Junín; igual actitud mantiene con el general Flores, pero en su
relación con Rocafuerte es cuando adquiere más protagonismo. Yo
creo que Olmedo es más revolucionario que Rocafuerte: éste es
fosfórico, rápido; Olmedo es lento, pero más radical, más
mesurado. El está viendo no lo inmediato, sino lo trascendente.
Esto lleva a pensar que Olmedo resultaba un hombre indeciso, lo
cual no era cierto.

¿Qué hay de cierto sobre aquello de su peruanofilidad?

Este aspecto de su personalidad es tal vez el más contradictorio.
Pero lo que sí está claro es su sacrificio por su ciudad,
Guayaquil. Hizo todo por ella, lo arriesgó todo por ella. Por eso
cuando ve que las corrientes colombianas se imponen y su ciudad
es anexada a Colombia, él se va para Lima, allí es recibido con
honores por San Martín, y se entrega a una serie de actividades
políticas en favor del Perú. Luego se acerca a Bolívar y éste le
entrega grandes responsabilidades. Pero, al margen de las
interpretaciones, el Perú le reconoce sus méritos y lo nombre
embajador ante Inglaterra. Pero Olmedo nunca reniega de su
nacionalidad. Quiere a su país y sus años finales son de entrega
total a forjar un nuevo Ecuador. Cualquier acusación no pasa de
ser frívola.

Rocío ha entregado un aporte valioso a los estudios históricos
ecuatorianos, dice que Olmedo fue uno de los primeros creadores
de una literatura infantil, ya que profesaba un inmenso amor por
los niños. Sus respuestas son eruditas, pero por ahora quiere
terminar con Olmedo. Tiene en mente a figuras como Rocafuerte,
García Moreno, a ellos les va a dedicar su tiempo aunque deba
compartirlo con su esposo, hijos y hogar. (7B)

style="display:block" data-ad-client="ca-pub-3347479071452639" data-ad-slot="4860276686" data-ad-format="auto" data-full-width-responsive="true">

Ciudad N/D



Actualizado por

- en EXPLORED - Noticias de Ecuador.