Guayaquil. 04 abr 99. Las personas jóvenes y adultas que se
capacitan en el Secap, temen no poder concluir sus carreras
técnicas, debido a la privatización de la entidad que el
Gobierno ha determinado por decreto. La población pobre ya no
contaría con un medio idóneo para aprender un oficio.

La capacitación popular ha dejado de ser una prioridad para
el Gobierno. Para recortar el tamaño del Estado decidió cerrar
23 centros educativos, que corresponden al Servicio
Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap), que ha sido
seleccionado entre las instituciones estatales que serán
privatizadas.

Los cursos que inicia mañana en especializaciones como
mecánica automotriz, inglés o confección de ropa, a costos que
no van más allá de los 56 mil sucres en los dos primeros
casos, o de 42.500 en el último, pueden ser los últimos en los
que se inscriban personas de escasos recursos económicos.

¿Innecesaria?

En el considerando del Decreto Ejecutivo Nº 683, vigente desde
el 16 de marzo pasado, se determina que el Secap es una de las
instituciones que resultan innecesarias para el Estado.

Estas fueron malas noticias para los ecuatorianos para quienes
la capacitación subsidiada les permitió aprender un oficio
para trabajar.

"El Secap es la universidad de los pobres", dice Geovanny del
Pezo, un electricista que vive en Santa Elena y que viaja
diariamente a Durán, para acudir al Centro Regional de
Formación Industrial del Litoral.

Trabaja para varias empresas dando mantenimiento eléctrico y
su oficio lo aprendió haciendo cursos en el Secap. Ante la
anunciada privatización de este organismo opina que, "el
Gobierno está quitando la iniciativa de superación de las
personas que no cuentan con dinero para pagar los estudios en
una entidad privada".

El tiene 33 años y ha realizado 6 cursos en el Secap, 3 de
ellos en el centro de Santa Elena. Actualmente cursa el módulo
de rebobinado de motores y automatización que no lo dictan en
la Península. Para Geovanny es importante capacitarse "para
prestar un mejor servicio" a sus clientes.

El centro al que acude Geovanny es uno de los 23
establecimientos de capacitación del Secap. Sus instalaciones
cuentan con maquinarias y equipos destinados a
especializaciones industriales. Los pabellones donde se
imparten clases de metalmecánica, electricidad y electrónica o
artes gráficas, se levantan en una extensa área que está
subutilizada. "Por la poca difusión que existe de los cursos
no se aprovechan todos los equipos", dice un profesor del
centro.

¿Carga?

¿Es el Secap una carga para el Estado? El ingeniero Pablo
Durango, Director Ejecutivo del organismo sostiene que no.

El grueso del financiamiento para la operación del Secap lo
ponen las empresas, a través del aporte del 0,5% de las
planillas del IESS. Esto representa el 70% del total del
presupuesto de la entidad, el 30% restante se divide en partes
iguales entre recursos internacionales, cobro de servicios y
asignaciones presupuestarias del Estado.

Para evitar la privatización, el doctor Durango plantea
algunas salidas: "Las asignaciones estatales constituyen un
valor similar al que obtenemos por el cobro de los servicios,
por ello podemos incrementar el valor de los cursos y
continuar siendo asequibles para los sectores populares sin
necesitar del Presupuesto (del Estado)".

La modernización de la entidad y el establecimiento de una
empresa de economía mixta es la otra salida que plantea
Durango, aunque esto conlleva muchos cambios, entre ellos la
reducción del 20% del personal. Actualmente laboran en el
Secap 576 personas a nivel nacional, de los cuales 292 son
instructores.

Según la Ley de creación del Secap, el Gobierno debía entregar
un valor similar a los aportes de las empresas. Las
asignaciones se dejaron de hacer en 1994, por lo que la
entidad ha sobrevivido desde entonces sin ellas.

Por la compañía mixta propuesta el Estado tendría el 60% de
las acciones, el 25% se negociaría en el mercado bursátil y el
15% lo comprarían los trabajadores. "Esta sería una forma de
pagarles sus liquidaciones", dice el Director Ejecutivo del
Secap.

"Estamos presentando una buena alternativa para que la
institución continúe con los objetivos que cumple, que de
estar en manos privadas, no podría hacerlo", dice.

Dueños de su propio negocio

"Apoyar la microempresa es una forma de disminuir el
desempleo", dice Pablo Durango, Director Ejecutivo del Secap.

Muchas mujeres han logrado convertirse en microempresarias al
oficio que aprendieron en edad adulta. Olga Severino es una
ama de casa que decidió aprender modas y ahora puede ayudar al
sustento de su familia con la pequeña factoría que ha
instalado en su casa.

"Yo no sabía nada, estudié en la Universidad de Machala tres
años ingeniería comercial, pero cuando me casé dejé los
estudios y no trabajaba", relata.

Desde hace un año Olga empezó a sentirse útil. Ahora tiene 34
años y está a punto de completar una carrera técnica que le ha
dejado ya importantes ganancias.

Ha tomado 6 cursos en el Secap en los cuales ha aprendido
confección de ropa. Quiere realizar 3 cursos más donde
aprenderá diseño de alta costura y obtendrá el título de
Diseño y Patronaje Industrial.

Hasta el momento ella ha invertido en sus estudios alrededor
de 250.000 sucres, pero ahora con la anunciada privatización
del Secap no sabe cuánto le pueda costar concluir su carrera.
"No tenemos necesidad de llevar nada, porque ahí hay máquinas
industriales muy sofisticadas. Esto nos permite estar
preparadas para trabajar en una fábrica o en nuestros propios
negocios", dice.

Refiere que antes de estudiar en el Secap ingresó a trabajar
en una fábrica de ropa, pero no le fue muy bien por su falta
de experiencia en el área. "Por eso opté por una carrera corta
en la cual he aprendido bastante. Compré tres máquinas y ahora
tengo mis propios clientes", dice esta mujer que atiende en su
propio taller de modas en las calle 15ª y Camilo Destruge.

Microempresario

El Director del Secap destaca la importancia de apoyar en la
capacitación de la mano de obra que es la base de la
microempresa."La mayoría del ingreso per cápita que obtienen
países como Chile, proviene de la microempresa, por esto
apoyarla debe ser una política económica y social que debe
considerar el Gobierno".

BUSCAN SUPERARSE

LEONIDAS MACIAS ROMERO, tiene 42 años y un oficio en el cual
trata de capacitarse constantemente. El es electricista y
trabaja en su rama en el hospital Naval de la Armada del
Ecuador.

La constancia es para él la clave del éxito. Ha hecho una
docena de cursos en el Secap, porque de lo contrario "no
hubiera podido salir adelante".

"Aquí se aprende no solo lo técnico, sino también aspectos
académicos que nos ayudan a desenvolvernos mejor en el área en
la que trabajamos".

El está graduado como maestro en sistema eléctrico y se ha
especializado haciendo cursos de ayudante de sistema para la
actividad naval.

Leonidas destaca que es importante la capacitación no solo
para la persona que recibe las instrucciones, sino también
para las industrias y los usuarios de sus servicios. "Mientras
el técnico razona, el empírico solo actúa. El técnico hace una
mano de obra calificada que perdura, orienta al dueño de la
obra, economiza material y en cambio el empírico hace todo lo
contrario".

RONALD RODRIGUEZ estudia en el Centro Regional de Formación
Industrial del Litoral. El tiene 17 años y realiza un curso de
dos años de duración.

A diferencia de los cursos de adultos que son de 3 horas
diarias, los jóvenes reciben instrucción durante 6 horas en el
día. El entrenamiento es teórico y técnico.

El está a seis meses de recibir su título de técnico
industrial. Llegó hasta el Secap porque su hermano estudió
carpintería y gracias a esta instrucción trabaja en una
constructora, equipando casas.

"Aquí nos enseñan a ver las cosas de otra manera, no somos
simples operarios de una máquina, nosotros aprendemos mucho
más, estamos en capacidad de desarrollar nuestra propia
tecnología, sí se puede", refiere.

Anualmente sus padres pagan 60 mil sucres por la educación
técnica que recibe en el Secap, pero teme que con la
privatización no pueda concluir sus estudios. "Los que venimos
para acá somos personas de bajos recursos, no tenemos dinero
para una educación cara", recalca.

Ronald vive en el Batallón del Suburbio con sus padres y
hermanos. Durante las tardes cuando sale de clases, ayuda a su
padre en la venta de sandalias que este elabora. "Nosotros
hemos aprendido a producir y a trabajar, eso es lo que
necesita este país", anota el joven.

HARRY GARCIA, tiene 46 años y trabaja en la rama eléctrica por
cuenta propia. Ha realizado 4 cursos distintos en el Secap.

Estudió hasta cuarto curso en el Colegio de Electrónica
Ecuatoriana y ha laborado en varias empresas en el área de
mantenimiento.

Asegura que los títulos del Secap le abren las puertas para
trabajar, pues ahí reciben entrenamiento en equipos
sofisticados que muchas empresas no los tienen.

"Los cursos son muy intensos y el que quiere superarse se
mantiene, pero si hay la privatización, entonces nos
quedaremos con las ganas de hacerlo porque no tendremos dinero
para pagarlos", asegura.

Harry pagó 45.000 sucres por un curso de 200 horas y esperaba
tomar otro cuando lo concluya, pero por la anunciada
privatización, no sabe si podrá continuar su capacitación.
(Texto tomado de El Universo)
EXPLORED
en Ciudad Guayaquil

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