Bill Clinton Otra Vez En La Cuerda Floja


Publicado el 02/Agosto/1998 | 00:00

Washington. 2 ago 98. Bill Clinton ha estado asediado por la
prensa norteamericana. Este video en que se lo muestra junto a
Lewinsky forma parte del cúmulo de suposiciones que se han
hecho sobre el tema.

WASHINGTON, (Efe).- Bill Clinton está de nuevo en la cuerda
floja, después de que Mónica Lewinksy, tras seis meses de
silencio, se haya decidido a hablar a los fiscales sobre sus
relaciones, supuestamente adúlteras, con el presidente de
Estados Unidos.

Al día siguiente de que Lewinsky sellara un pacto con el
demonio de Clinton, el fiscal independiente que investiga los
escándalos presidenciales, Kenneth Starr, los congresistas
debaten ya la posibilidad de abrir un proceso de impeachment
(destitución) del jefe del Estado tan pronto como en
septiembre.

Starr investiga, desde enero, si Clinton cometió perjurio,
incitación al perjurio y obstrucción de la Justicia, al negar
bajo juramento -y pedir supuestamente a Lewinsky que hiciera
lo mismo- un adulterio con la joven.

Lewinksy, que se había negado a hablar con los fiscales, pactó
el martes pasado, un acuerdo de cooperación con Starr por el
que se compromete a testificar "plena y verídicamente" ante el
gran jurado -al que compete inculpar, si procede- a cambio de
una inmunidad casi ilimitada.

Desde antes de que se anunciara el pacto, se está cumpliendo
lo que el portavoz de la Casa Blanca, Mike McCurry, predijo en
una rueda de prensa tras el anuncio del acuerdo, cuando dijo,
dirigiéndose a los periodistas: "en los próximos días todos
ustedes van a estar especulando sin descanso".

En efecto, en las páginas de los periódicos y en las cadenas
de televisión, expertos en temas jurídicos, analistas
políticos, periodistas y chismosos comentan los últimos
rumores sobre lo que se cree que está dispuesta a confesar
Lewinksy, cuando empiece a declarar ante el gran jurado, y las
posibles consecuencias.

Según las últimas filtraciones de la oficina del fiscal,
Lewinksy admite que cometió adulterio con Clinton e incluso
que habló con él de cómo ocultar su relación pecaminosa, pero
sigue afirmando que el Presidente no la presionó para que
cometiera perjurio.

Con esta confesión Lewinsky contradice la declaración hecha
por Clinton bajo juramento, durante un interrogatorio llevado
por los abogados de Paula Jones (la mujer que acusa al
Presidente de acoso sexual) que le preguntaron por sus
supuestas relaciones adúlteras con otras mujeres.

En esa ocasión Clinton contestó con un simple "no" a la
pregunta de si había tenido "una relación extramarital con la
señorita Lewinsky".

Cuando los abogados de Jones insistieron preguntándole: "¿si
ella le dijera a alguien que tuvo una relación sexual con
usted a partir de noviembre de 1995 sería una mentira?",
Clinton contestó: "ciertamente no es la verdad, no sería la
verdad".

Congreso podría tomar parte

Las consecuencias que pueden tener las declaraciones de
Lewinsky dependerán, en parte, de las demás bazas que tenga
Starr, quien, en su esfuerzo por demostrar el adulterio -que a
su vez demostraría el perjurio- ha interrogado a la secretaria
particular de Clinton, a sus escoltas y podría pronto
entrevistar a los abogados de la Casa Blanca.

Es poco probable que Starr trate de procesar a Clinton en un
tribunal de Justicia, pues esto podría considerarse contrario
a la Constitución, sino que más bien se dirigirá al Congreso,
que es competente para procesar a un presidente.

Mas, para que el Congreso acepte poner en marcha el
procesamiento del Presidente, tendrá que demostrar "algo más
que unos pecadillos sexuales en la Casa Blanca", dijo hoy
Orrin Hatch, el jefe del Comité Jurídico del Senado.

Hatch, un republicano de pro y poco sospechoso de ser
favorable a Clinton, confesó que "a todos nos gustaría acabar
con esto".

Para los congresistas, en efecto, el caso Lewinsky es una
patata caliente, que Starr les va a entregar en un momento
pésimo, cuando faltan pocos meses para las elecciones
legislativas parciales de noviembre.

Hatch estima que Starr podría entregar su informe en
septiembre, un momento en que cualquier juicio estará
altamente influido por consideraciones políticas.

Opinión popular

La opinión del pueblo estadounidense tendrá, pues, mucho peso
en lo que pueda decidir el Congreso, e incluso en la actuación
que decida adoptar la Casa Blanca para defenderse.
El juicio popular, hasta ahora, es paradójico, pues las
encuestas revelan que el 60% del público sigue aprobando la
labor del Presidente, pero son mayoría los que creen que
miente sobre Lewinsky.

Entre los turistas que visitaban hoy la Casa Blanca, Jane B.,
una mujer de Illinois, comentaba que tiene sentimientos
"ambivalentes".

"Por un lado, creo que la vida privada del Presidente no es
asunto mío... y me parecería una lástima perder a un líder por
el que no voté (es republicana) pero al que ahora admiro.
Pero, por otro lado, si ha cometido perjurio ¿cómo puede
seguir siendo un ejemplo?", explicó la mujer.

Una turista cubana de Miami, Ofelia Cruz, se quejó de la
imagen que el comportamiento de Clinton da del país, y de que
"a Nixon, que sí era un hombre ejemplar, le quitaron la vida
por algo que ni siquiera era una falta de moralidad, sino
política".

Brice B., el marido australiano de la turista de Illinois,
ofreció el punto de vista extranjero: "Esto es simplemente el
puritanismo americano en acción... que se une a la
parafernalia jurídica y a la prensa, y acaba siendo un circo.
En Australia sería impensable, en España también ¿verdad?".

Lewinsky: una vida con un giro inesperado

WASHINGTON, (AFP).- Mónica Lewinsky, protagonista del mayor
escándalo que sacudió a la Casa Blanca desde el comienzo de la
presidencia de Bill Clinton, era según sus allegados una joven
con una carrera simple y fácil por delante, antes de que su
destino diera un brusco vuelco.

Lewinsky, quien celebró el pasado 23 de julio sus 25 años, era
considerada como una joven "brillante", que "se expresaba con
facilidad e inteligencia", como lo indicó un portavoz del
Pentágono.

Otros destacaron su gusto por revelar detalles de su vida
privada y sexual y su costumbre de enviar mensajes
electrónicos subidos de tono a sus colegas de trabajo.

Lewinsky tuvo un presunto idilio de 18 meses con Clinton, en
1995 y 1996, cuando se desempeñaba como becaria en la Casa
Blanca.

El jefe de Estado negó en varias oportunidades esos alegatos y
tampoco admitió haber conminado a la joven a brindar falso
testimonio ante la justicia sobre la índole de sus relaciones.

Lewinsky y Clinton tuvieron que prestar declaración jurada en
el marco del asunto Paula Jones, una ex empleada del estado de
Arkansas que acusó al presidente de acoso sexual.

Mónica Lewinsky nació el 23 de julio en San Francisco
(California). Su infancia transcurrió sin problemas, en los
barrios más residenciales de Los Angeles, Brentwood y Beverly
Hills, donde su padre trabajaba como médico cancerólogo.

El único punto sombrío en su juventud dorada constituyó en
1987 el divorcio de sus padres, aparentemente doloroso y
difícil.

En 1991 parte a Oregon donde prosigue sus estudios con cursos
de sicología en la Universidad Lewis and Clark, en Portland.
Durante este período trabaja en diferentes empleos y concluye
la carrera en 1995.

A la caza de la Casa Blanca

La joven, que vivió toda su vida en la costa oeste de Estados
Unidos, decide conquistar la capital norteamericana y se
inscribe en 1995 como becaria en la Casa Blanca.

Ironía de la historia: se muda con su madre al edificio de
Watergate, al borde del río Potomac, donde se originó el
escándalo que condujo a la dimisión del presidente Richard
Nixon, por espionaje en la sede del partido Demócrata.

Posteriormente, Lewinsky dejó la Casa Blanca y comenzó a
trabajar con el principal portavoz del Pentágono, Kenneth
Bacon, desde abril de 1996 a diciembre 1997.

Parte luego a Nueva York donde intenta, infructuosamente,
comenzar a trabajar en el ámbito de las relaciones públicas.
El fabricante de productos cosméticos Revlon descartó su
candidatura tras el estallido del escándalo.

Líos legales de Jefferson hasta Clinton

WASHINGTON, (AFP).- Varios presidentes estadounidenses
tuvieron que contestar las preguntas de la justicia, algunos
durante su mandato, entre ellos el héroe de la historia de
Estados Unidos, Thomas Jefferson.

Bill Clinton es, sin embargo, el primer presidente
norteamericano en ejercicio citado a comparecer ante una
Cámara de acusación por estar presuntamente implicado en un
delito.

El ejemplo más famoso es el del presidente Richard Nixon que
renunció el 9 de agosto de 1974 bajo la amenaza de un proceso
de destitución. Había sido alcanzado por el escándalo del
Watergate, revelado por la prensa y causado por el espionaje
ilegal de las oficinas del Partido Demócrata durante la
campaña electoral de las elecciones de 1972.

Otro presidente estadounidense, Andrew Johnson, evitó por poco
la destitución, en mayo de 1868, en un conflicto con el
Congreso.

Recientemente, en 1990, dos años después del fin de su segundo
mandato, Ronald Reagan hizo una declaración por video en el
juicio de su ex consejero para la Seguridad Nacional, John
Poindexter, quien había sido acusado en el escándalo de la
venta de armas a Teherán para financiar la guerrilla
antisandinista en Nicaragua.

En 1980, Jimmy Carter contestó desde la Casa Blanca y bajo
juramento las preguntas de la justicia que investigaba
presuntos delitos financieros en la empresa familiar del
presidente. La transcripción de sus respuestas fueron
presentadas a una Cámara de acusación de Atlanta (Georgia).
Carter y su familia quedaron luego fuera de toda sospecha.

En 1975, Gerald Ford también declaró por video en el proceso
de Lynette Squeaky Fromme, una mujer que había intentado
asesinarlo. La Casa Blanca había intentado, sin éxito, que el
presidente presentara solamente una declaración escrita.

En el siglo XIX, también se produjeron varios casos judiciales
en los que participaron presidentes.

En 1807, Thomas Jefferson, el autor de la declaración de
independencia y tercer presidente de Estados Unidos, uno de
los personajes emblemáticos de la historia del país, presentó
copias de documentos en el juicio por traición llevado a cabo
contra su ex vicepresidente, Aaron Burr.

Jefferson había explicado entonces que su cargo le impedía
viajar a Richmond (California) para prestar declaración, tal
como lo había exigido la justicia. (Texto tomado de El
Universo)

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