Andahazi Un Mentiroso Profesional


Publicado el 23/Julio/1997 | 00:00

Quito. 23 jul 97. Al vestíbulo del hotel baja Federico
Andahazi y da en el clavo: dice que fuma cigarrillo negro, una
ocasión perfecta para sacar mi cajetilla de Full y
compartirla. Con eso, de alguna manera retribuyo el placer
que él me brindó con la lectura de su novela "El anatomista".
Quedo en paz con mi conciencia.

A sus 33 años, da la impresión de que no sabe qué hacerse con
su fama. Va de país en país, seguramente contestando las
mismas preguntas y gastando la tinta de su estilógrafo en
centenares de autógrafos. En español, "El anatomista" anda
por la séptima edición, con traducciones al inglés, al
francés, al italiano y, próximamente, al chino.

Su apariencia es la impecable de un muchacho que acaba de
darse un duchazo. Y acaba de ponerse el arete, limpiar sus
lentes redondos y peinar con gel su colita, también.

Como Mateo Colón, el personaje de su obra que, en pleno
Renacimiento, descubrió que el amor se localizaba en el
clítoris, Andahazi es también médico. Anatomista de la mente.
O sea siquiatria.

-¿Cómo llegaste a la literatura?

Antes que al sicoanálisis. Escribo desde hace muchos años.
Cuando me gradué empecé a trabajar en un manicomio, el Alvear,
donde nunca me sentí cómodo. La camisa de fuerza ha sido
reemplazada por la camisa de químicos, inyecciones e
hipermedicación. Un buen dije basta: me voy a dedicar a
escribir y que sea lo que Dios quiera.

-¿"El anatomista" es tu primera novela?

No, tengo dos anteriores que están inéditas. Sistemáticamente
escribo desde los 20 años, pero recién el año pasado decidí
enviar mi material a un concurso literario, cosa a la que era
muy reacio porque en Argentina los concursos literarios están
bajo sospecha. Mandé mis cuentos a algunos concursos y tuve
suerte. La novela la envié al Premio Planeta y también al de
la Fundación Amalia de Fortabat. De Planeta me comunicaron
que estaba entre los 10 posibles ganadores.

Casi me caigo de espaldas, porque nunca he pertenecido a
ningún círculo o taller literario; para mí, el trabajo de
escritor es muy íntimo. Al día siguiente me llamaron de la
Fundación Fortabat para decirme que había ganado el primer
premio.

-¿Y ahí vino el escándalo?

La señora dueña de la Fundación canceló el premio y sacó en
los diarios un remitido en que decía que "El anatomista" no
contribuía a exaltar los valores más elevados del espíritu
humano. Si eso hubiera estado en las bases del concurso, yo
no presentaba la obra.

Lo grave fue que la señora de Fortabat descalificó a un jurado
que no era precisamente de jóvenes transgresores. Era un
jurado que, de promedio, tenía 75 años. Y lo integraban un
miembro de la Academia de Letras y el presidente de la
Sociedad Argentina de Escritores.

-Pero todo eso ¿benefició a la novela?

Generó cierta repercusión, aunque a mí no me hizo nada de
gracia. Y bueno, un escándalo puede vender una edición, no
siete. De lo que sucedió en el exterior, soy el primer
sorprendido: la novela ha circulado por más de 25 países.

-¿Y va al cine?

Existe interés en algunos directores. Hay una propuesta de
Milos Forman, otra de Héctor Babenco y una tercera de la
productora de Antonio Banderas.

-¿Tanta fama te da tranquilidad?

¿Tranquilidad? ¡Intranquilidad! Todo ha sido muy
vertiginoso. En Argentina, un escritor apenas aspira a
publicar y con eso se da por satisfecho. Lo demás no lo
esperaba. Todavía no me acomodo a la fama.

-¿"El anatomista" es una novela histórica?

No. Yo hice la historia a mi antojo. Cambié un poco los
escenarios. No conozco ni Venecia, ni Padua ni Florencia. Es
que esta novela está escrita desde alguien que vive de este
lado del océano y que ve Europa con estos ojos. La misma
geografía está adaptada a la necesidad novelística. Me tomé
todas las atribuciones que quise. Si los historiadores se
permiten mentir de manera descarada, ¿por qué nosotros, los
escritores, que somos mentirosos profesionales, no nos vamos a
tomar estas licencias? Esa es la gracia de la literatura.

NO ESCRIBO PARA EL MERCADO

-Te sorprendió el éxito, pero ¿buscarás lectores, no?

Escribo solo para un lector imaginario al que quiero
conservar. Puede ser una novia. Mis padres. Un amigo. No
escribo para el mercado. El lector y el mercado son
realidades antagónicas.

-¿De dónde nació tu pasión por la literatura?

Mi padre es muy buen poeta. Comencé a escribir cuando acabé
de leer un librito suyo que tuvo muy poca difusión, fue una
edición de autor que distribuyó entre sus amigos, pero que
ejerció gran fascinación sobre mí. Además, mi abuelo materno
era un editor muy romántico que se dedicaba a quebrar
editoriales, porque no le interesaba publicar más que lo que a
él le gustaba, sin importarle si iba a vender o no. Y así le
iba.

-¿Eres muy metódico en tus lecturas?

Caótico. Leo muchas cosas al mismo tiempo y cuando estoy
escribiendo me resulta muy difícil encontrar una lectura
apropiada, porque la prosa es muy pegajosa.

-¿Sin embargo, tendrás autores favoritos?

Jack London, que te da una suerte de abc de la narrativa. Y
la fórmula de la novela está en El Quijote. Después no se ha
inventado nada nuevo. Soy un lector de lo viejo y leo siempre
lo mismo. No leo novedades, aunque no sé si está bien que lo
diga porque acabo de escribir una novedad. Pero me dejo
llevar mucho por los lomos de los libros. Me gusta andar por
las librerías de Buenos Aires buscando libros gastados, señal
de que han sido muy leídos. También busco títulos extraños
como "Genealogía de las flores" y cosas de esas. Ahí uno
siempre descubre algo nuevo. Y es que la literatura está
hecha de retazos viejos.

-¿Das a leer tus manuscritos a alguien?

A alguien siempre muy cercano y los menos erudito posible.

-¿Tienes manías?

Empiezo a escribir a las 12 de la noche, hasta las tres o
cuatro de la mañana. Siempre en el bar "La Academia", de la
calle Corrientes.
Voy con mi cuadernito y empiezo. A la mañana siguiente
transcribo mi texto a la computadora. No puedo escribir
directamente en la pantalla. Luego, necesito imprimir. Creo
mucho en el registro gráfico.

-¿Sólo eso, o hay más?

No puedo parar de escribir hasta no terminar un capítulo. Y
escribo en desorden. Salto. "El anatomista" empecé a
escribirla casi por el final. Es que, como dice Eco, una
novela no es el desarrollo de una idea previa. La narración
se va. Eso es lo notable. Hay cosas que me hacen pensar que
la literatura pasa por un lugar muy diferente del sentido
común o la conciencia. (DIARIO HOY) (P. 7-B)

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