Abdala Bucaram Teje La Estrategia De La AraÑa


Publicado el 26/Diciembre/2000 | 00:00

Quito. 26 dic 2000. Los juicios a Abdalá Bucaram planean en torno a todos
los actos de su partido, el PRE. A pesar de que todas las tiendas
políticas que entran en alianza con el roldosismo, niegan que el perdón
de los juicios al ex presidente esté de por medio, en la sombra se atan
los cabos y parecería que todos sus actos no tienen otro objeto que
apuntalar a su líder. Allí está, ahora, toda la estrategia que
desenvuelve el roldosismo, en los momentos finales de tres de los juicios
con orden de prisión que enfrenta Bucaram: la mochila escolar, las
aduanas y los gastos reservados.

Hay dos figuras claves en estos juicios, son dos conjueces que deben
dictar sentencia: Carlos Villavicencio y Manuel Castro Murillo.

El primero, Villavicencio, está presente en los tres juicios. Con
respecto a uno de ellos, el que se le sigue al ex presidente por
supuestos manejos dolosos en aduanas, se da por descontado que se cerrará
con una absolución para Abdalá. Y en esa sentencia, el juez Carlos
Villavicencio ha actuado con gran celeridad. No así en el de la mochila
escolar. ¿Por qué se resiste el juez Villavicencio a suscribir el informe
de los otros dos conjueces, que aparentemente condenarían por peculado a
Bucaram, a Sandra Correa y a Mauricio Salem?

Se conoce que los dos conjueces, frente a las renuencias del juez
Villavicencio, quien estaría arguyendo la necesidad de estudiar el tema
más a profundidad, han entregado su resolución al Secretario de la Corte
Suprema para que éste presione sobre Villavicencio.

Y mientras se gana un poco de tiempo por este lado, el roldosismo ha
montado toda una denuncia contra Castro Murillo, acusándolo de
incorrecciones como secretario abogado del Directorio del Banco Central.

¿Con qué intención?

Podemos suponer que, con la intención de debilitarlo, de ensombrecer su
imagen, de crear obstáculos para impedir que pueda continuar actuando en
el juicio de las mochilas.

¿Qué hace, mientras tanto, el presidente de la Corte Suprema? ¿Qué hará
frente al pedido de enjuiciamiento contra Carlos Castro, formulado por el
roldosista Fernando Rosero?

Aparentemente los hechos no tienen conexión entre sí: El conjuez dicta
sentencia disculpando al acusado Bucaram en un caso. El mismo conjuez, en
otro juicio en el que el mismo acusado estaría en riesgo de ser
condenado, insiste en que le faltan elementos para sumarse a una
sentencia acusatoria y dilata la sentencia. Y paralelamente un diputado,
en su legítimo derecho, pide emjuiciamiento y prisión contra otro
conjuez, autor eventual de la sentencia condenatoria que su compañero de
sala está dilatando. ¿Quién puede encontrar allí una perversidad
política, si no ata cabos en el fondo de una justicia politizada? ¿Quién
puede extrañarse de que el juez Villavicencio quiera seguir pensando en
el caso de las mochilas, y, en cambio, haya encontrado fácil de resolver
el caso de las aduanas, si no se conoce cómo se están definiendo las
sentencias en los dos casos? ¿A alguien que no esté en autos, que no
conozca de las vinculaciones entre un juez, Carlos Castro Murillo, y un
juicio contra Bucaram, le podría extrañar que el presidente de la Corte
Suprema acoja la solicitud de Rosero (hecho que todavía no ha ocurrido) y
enjuicie a Castro? ¿Quién puede, desde la opinión pública, sospechar de
la actuación de Fernando Rosero, si no escarba en el contexto de su
solicitud?

Abdalá Bucaram ocupa bien su ocioso tiempo en Panamá: teje la estrategia
de la araña para echar abajo todas las acusaciones en su contra, y salvar
su futuro político. Porque el tema no es si Bucaram vuelve o no vuelve,
sino si queda o no habilitado para una próximas elecciones.

Ciertos partidos políticos, incrustados en los tribunales de justicia,
actúan con sigilo. No necesariamente controlan a las cúpulas, sino que
tienen fichas claves en las salas. Y el momento menos pensado podemos
encontrarnos con que, por mangas o por faldas, los juicios que soportan
algunas figuras políticas acaban entre las manos de sus incondicionales.
Esa es la politización real de la justicia: la que se riega en la sombra,
la que ata cabos en los lentos procesos judiciales y tuerce el destino
de los juicios de manera casi imperceptible, desde abajo.
analisis@hoy.com.ec (Diario HOY)

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