4 070 EMPLEADOS EN LA INCERTIDUMBRE


Publicado el 19/Julio/2001 | 00:00

Quito. 19 jul 2001. En el primer día de cierre los clientes pasaron a
segundo plano, pues los empleados exigieron que se respete el contrato
colectivo. Ellos exigieron ayer 24 meses de indemnización.

El primer día que Filanbanco cerró fue una dura prueba para los 4 070
empleados de ese banco.

En la puerta principal del monumental edificio de 35 pisos, en la esquina
de Nueve de Octubre y Malecón, estaban 12 policías. Pero eso no fue lo
que sorprendió a María Eugenia Romo, quien llegó con su uniforme celeste
para trabajar como todos los días en el departamento administrativo. A
las 08:30 la incertidumbre aumentó cuando tres funcionarios del Banco se
instalaron en la puerta de vidrio del edificio del ex Banco La Previsora.

Ellos tenían una lista de 300 personas, donde estaban los nombres de
quienes estaban autorizados para ingresar a la casa matriz.

Una de ellas, Jorge Falconi, asesor de Terciarización de Filanbanco,
revisaba los nombres y aprobaba su entrada.

Más eran jefes departamentales de informática, administración, auditoría,
contadores y de seguridad. El objetivo era levantar toda la información
contable para acelerar la subasta de los activos del banco, que anunció
en la noche del martes el Ministro de Economía, Jorge Gallardo, cuando le
dijo a los clientes que el Banco cerraría tres días.

"Con ese personal será suficiente para empezar los trabajos. No
necesitamos a las cajeras, mensajeros, auxiliares y demás". Hasta junio
del 2001, el rol de pagos del Banco era de 4 070 empleados y en Guayaquil
superan los 1 800. La lista de Falconi provocó la reacción del resto de
empleados con insultos y gritos. A las 10:00 de ayer todos querían entrar
y la seguridad tuvo que duplicarse. Llegaron más policías y hasta un
"trucutú" negro, que recorre las calles cuando hay marchas contra el
Gobierno.

Los pocos clientes del Banco que pensaban sacar dinero observaban
incrédulos lo que pasaba. Hugo Ruiz Barba, un jubilado de 77 años, no
podía contener su ira ya que hoy debía cobrar su pensión mensual de 20
dólares. Sollozando rogaba que el IESS no transfiera la plata a
Filanbanco. "Ahora con qué voy a comer si eso es mi sustento. ¿Cuándo me
lo darán?". Ahí también apareció la figura alta de Juan José Castelló, ex
diputado y dirigente de la Unión Nacional Educadores (UNE), para conocer
cuál será el destino de los 14 millones de dólares que están en los
fondos de cesantía que mantienen más de 67 000 maestros.

Hasta el 13 de julio el Banco acumulaba depósitos por más de 514,9
millones repartidos en 837 000 clientes. La matriz Filanbanco solo tenía
47 días funcionando en sus nuevas oficinas. Con una espléndida vista
panorámica del río Guayas y el Malecón 2000 había dejado el viejo
edificio de las calles Nueve de Octubre y Pichincha, a solo una cuadra.

Ayer los problemas se concentraron en los empleados que buscaban entrar.
María Eugenia Romo, con su rostro rojo de tanto gritar, no quería
quedarse afuera ya que temía que pierdan o adulteren los documentos. Pero
la razón era otra: querían saber sobre su liquidación. Por eso Guillermo
Román, secretario del Comité de Empresa del Banco, salió a tranquilizar
los ánimos. "No se preocupen que Filanbanco respetará el contrato que se
firmó a inicios de años".

De nada sirvió el aviso. Sin embargo, en el interior el correteo y las
reuniones permanentes no cesaban. Los protagonistas: cerca de 120
empleados que pudieron pasar al inicio. La mayoría portaba armas al
cinto; eran de seguridad. En el área de cajeros los empleados no dejaban
de discutir y analizar su incierta situación. Eso intranquilizaba al
resto que permanecía afuera y que cada momento se arrimaban a los vidrios
para observar qué pasaba en el interior.

Las presiones tuvieron eco y a las 10:40 entraron muchos empleados. Diez
minutos más tarde Miguel Crespo, el gerente de la entidad desde el 1 de
febrero, y a quien el presidente Noboa no le aceptó la renuncia el
martes, cuando se resolvía la subasta, bajó a la sección de cajas donde
ya estaban concentrados cerca de 300 inquietos empleados.

Apenas Crespo se ubicó en el sexto escalón, de la escalera que conduce a
la gerencia, improvisó una explicación que duró una hora. Se veían los
gestos de sus manos y los aplausos que daban los empleados. Crespo
garantizó que debían respetarse los contratos firmados a inicios de año y
que cada empleado recibirá su indemnización. Desde afuera se observaba la
conversación y los carteles que colgaban del tumbado que hablan de
"Filanbanco hoy: Productivo, Fortalecido y Tranquilo", parte de la
millonaria campaña que no pudo recuperar la imagen del Banco emblemático
del "boom" agroexportador de la Costa.

La incertidumbre minaba el ánimo María Eugenia Romo. Ella expresaba lo
que sentían los 4 070 empleados, repartidos en todo el país y
concentrados en 17 filiales. Entre ellas: Filanbanco, Sermansa, Sertenge,
Filancard, Sotem, Insteservi, Temporek y otras. El comité de empresa solo
registra a 20 empleados. La entidad tenía cerca de 104 sucursales. Muchos
empleados exigían que se respete el contrato colectivo firmado a inicios
de año. Uno de los beneficios, en caso de que sean liquidados, es que
permita una estabilidad laboral para cada uno de 24 meses. El pedido: que
se pague en efectivo, pero hay un ofrecimiento del Banco de que reciban
CDR. Cuando Crespo dejó de hablar, María Eugenia Romo se sumió otra vez
en la incertidumbre y en la desesperanza.

El cierre trae contratiempos

En Quito hubo tensión * Los empleados de Quito volverán el lunes para
saber quiénes permanecerán aún y quiénes serán liquidados. El miércoles
en la noche, unos 150 empleados entraron al edificio de la av. Amazonas
para conocer su situación, mediante conversación telefónica con el
gerente, Miguel Crespo, quien estaba en Guayaquil. Les aseguró que serán
liquidados conforme a la ley. Desde las 23:00 de ese día, un cordón
policial resguarda al edificio. Solo hay personal de seguridad en su
interior.

Malestar en Puyo * Con indignación recibió Puyo el cierre de la agencia
de Filanbanco. Aquí trascendió que el banco tenía, entre medianos y
pequeños, alrededor de 3000 clientes. Desde ayer, 5 400 personas,
beneficiarias del bono solidario, no pueden cobrar, al igual que 500
jubilados. La única opción que por ahora tienen es el cobro en el Banco
Internacional.

La subasta no se hizo * La primera subasta de activos y pasivos de
Filanbanco prevista para las 16:00 no se realizó ayer. Según Miguel
Dávila, superintendente de Bancos, se estaban ultimando detalles de los
negociaciones con los bancos privados y esto tomó mas tiempo de lo
previsto.

El primer paquete de la subasta comprende los depósitos a la vista y
la cartera de créditos. (Texto tomado de El Universo)

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